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Por supuesto, no dijeron una sola palabra. Poco después, me encontraba en la oficina relatándole todo a Abby.
—Y es tu culpa —le recriminé.
—Claro que no. ¿Por qué sería mi responsabilidad, Ett?
—Porque tú tuviste la brillante idea de que me mudara con Garrett. Eso lo acepto, ¿pero por qué con Nicholas también?
—Ay, no me digas que no lo disfrutas —dijo ella, alzando las cejas con picardía.
—No, se la pasan discutiendo. ¿Tienes idea de por qué se llevan tan mal?
—Garrett no me ha contado nada, pero deberías preguntarle tú misma.
—Lo hice durante el desayuno y me ignoraron. Algo traman esos dos.
—Seguro que sí —se burló ella mientras salía de la oficina a carcajadas—. Seguro traman quién de los dos te conquistará primero.
—¡Abigail!