Mi Amor Es De Peso 3
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Llegué una hora tarde al trabajo. Cuando le estaba echando cereal a la leche, se me volcó todo y tuve que bañarme de nuevo y cambiarme de ropa. Sí, este mundo no es para mí; con suerte logro respirar.

—¡Coleeeette! —escuché mi nombre cantado a mis espaldas—. Cielos, ¿qué te hiciste esta mañana? Estás A-PO-LÍ-NEA.

Era Louis, el líder de diseño de mi empresa, el mejor de los mejores. No por nada lo había perseguido por todo Nueva York para que aceptara trabajar conmigo. Me volteé lentamente, sabiendo que venía un diálogo lleno de histeria.

—Looouuis —canté en el mismo tono—. Sabes que este cuerpo no se mantiene solo, querido —dije con humor.

Él soltó una risita fina.

—Oh, Dios mío, Colette, dime que no es cierto —se puso la mano en el pecho como si sufriera un mini ataque de asma.

—¿Qué cosa, Louis? —Seguí caminando hacia la sala de reuniones; ya iba muy retrasada.

—Que estás en bancarrota.

—¿Qué? ¡No! —Lo miré horrorizada—. ¿De dónde sacaste eso?

—Es lo que se rumorea, querida.

—Esperen a que termine la junta y daré un anuncio. Ahora debo asistir a la reunión con los empresarios.

—Espero ansioso, Colette. Sabes que mi apellido no puede acabar en la calle y estoy aquí solo por ti —dijo con desesperación—. ¡Qué será de mí!

Se dio media vuelta sobre la punta de los pies con un leve «jum». Negué con la cabeza y entré a la sala, donde todos murmuraban.

—¡Buenos días! —anuncié para hacerme notar. Digamos que siempre destacaba por mi «fabuloso cuerpote».

—¡Colette! —exclamó Garrett, y añadió entre dientes—: Al fin llegas.

—Lo siento, si supieras lo que me pasó... —susurré.

—Sí, por favor, mejor da inicio a la reunión —indicó hacia la mesa.

—Parece que todos están enterados de lo que ocurre aquí menos yo. Necesito un reporte —dije sentándome a la cabecera.

Me informaron que, desde la tarde anterior, los secretarios recibían llamadas con amenazas.

No me parecía la gran cosa, o al menos eso quería creer.

¿Qué buscaban? ¿Dinero? Ni que alguien fuera a secuestrarme habiendo tantas opciones en este mundo.

Juro que, si era una broma, era una forma pésima de hacerme perder el tiempo.