Mi amor entre páginas Capítulo veintisiete
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Capítulo veintisiete

—¿Bridget? ¿A qué te refieres con «otra vez no»?

Ella se pone en pie y empieza a caminar por la sala de estar de la señora Casablancas, sin poder coger mucha velocidad porque hay demasiados muebles y más de una escultura artesanal de arcilla en su camino. Se entierra la cabeza en las manos.

—No me lo puedo creer. La primera vez pensé que era un suceso único.

Pero ¿otra vez? ¡No puede ser!

—¿Qué estás diciendo, Bridget? — Me levanto, confusa —. ¿A qué te refieres?

—¡A que uno de mis autores haya canalizado un universo paralelo!

— Levanta las manos en el aire, como si yo debiera saber de qué está hablando —. ¡A que un personaje de ese universo paralelo haya aparecido aquí! — Frunce el ceño —. Espera… Gertie…, ¿qué creías tú que estaba pasando?

—¡¡No lo sé!! — grito, frustrada —. ¡Ahora mismo estoy flipando, Bridget!

—¿Un universo paralelo? — repite River, con un destello en la mirada —.

¡Yo dije que era un universo paralelo! — Empieza a reírse, aliviado —. ¡Yo lo dije! ¡Tenía razón! ¿Ves? ¡Soy real, Gertie! — Me mira a los ojos por primera vez desde esta mañana —. Soy real. Te lo dije.

Luego traga saliva e inhala profunda y temblorosamente, abrazando a Achuchón contra el pecho, como para obtener consuelo.

—Sentaos todos — dice la señora Casablancas con tranquilidad —.

Bridget, por favor, explícanos de qué estás hablando. — Abre una lata de galletas —. Tomad, coged una galleta. El azúcar os ayudará con el disgusto.

River, cuyas manos me sorprende ver que tiemblan ligeramente, alarga una de inmediato y elige una galleta de vainilla.

Bridget asiente y se sienta de nuevo en el sofá antes de decidirse por una galleta con corazón de frambuesa.

—Guau. — Suelta el aire despacio a través de los labios fruncidos —. El mismísimo River Oakley de Arroyo del Caos. Vivo y en el mundo real.

¿Cuándo llegaste? ¿Qué tal fue el viaje? ¿Recuerdas el momento en que cruzaste? Supongo que esta ha sido tu primera vez. Oh, Dios mío. — Se detiene para llevarse una mano al pecho —. Perdóname. Han pasado veinte años desde la otra vez. No esperaba que volviera a ocurrir…

—Tienes que contárnoslo todo — la interrumpe River, frotándose la barba con la mano —. Ahora mismo.

—De acuerdo, de acuerdo. Por Dios. Bueno, en 2005 tuve una autora con un horrible bloqueo creativo. Horrible de verdad. Un día me llamó llorando, afirmando que su protagonista, un personaje de ficción, un príncipe danés, había aparecido de la nada en su casa. Por supuesto, yo pensé que se estaba volviendo loca, pero más tarde lo conocí y… era muy muy real, y estaba extremadamente confuso sobre cómo había llegado allí.

Así que hice algunas indagaciones para ver cómo podía ayudar a mi autora porque, como tú sabes, Gertie, soy genial en mi trabajo. Me pasé horas buscando en Internet y me topé con algunos foros. Como, ya sabes, Reddit.

—¿Reddit? — River frunce el ceño —. ¿Qué es eso?

—Es un foro de Internet de esta dimensión. Puede que no exista en la tuya.

«Su dimensión». Caray. Esto explica la confusión de River con Google y que no pillara de inmediato mi referencia a Beyoncé en la fogata. Mierda,

¿por eso acaba de decir que nunca ha oído hablar de Friends?

—Continúa — le pido a Bridget.

Ella juguetea con la pulsera plateada de su muñeca, se la retuerce una y otra vez como si fuera la tapa de un tarro que está desesperada por abrir.

—En los foros hablaban de la teoría de que un pequeño porcentaje de novelas han nacido de la conexión de su autor con otro universo. Un universo paralelo. Que esos autores, en realidad, no se han inventado sus historias, sino que han canalizado elementos de algo que ya existe en otra dimensión.

—¿Canalizado? — Cojo de la lata una galleta de jengibre y me la meto entera en la boca, esperando que, como ha sugerido la señora Casablancas, el azúcar me ayude con el disgusto.

—Gertie, cuando escribes, ¿no tienes la sensación de que los sucesos se te reproducen en la cabeza como una película y de que tú solo los estás transcribiendo? ¿Puedes sentir la temperatura, oler los aromas y oír los sonidos ambientales casi como si fueran reales? ¿Son las emociones de tus personajes tan fuertes que las sientes como si fueran tuyas? Así fue como mi autora me lo describió.

Eso fue exactamente lo que sentí cuando escribí los libros de Arroyo del Caos, cuando plasmé a Cassidy. Así lo he sentido siempre. Me aprieto el puente de la nariz.

—Pensaba que esas emociones, ese estado de fluidez, formaban parte de lo que suele llamarse un buen día de escritura — murmuro.

Bridget niega con la cabeza.

—Creo que has estado canalizando. Esa inspiración divina sucede cuando tu conexión con otra dimensión es fuerte. Estás viendo cosas que ocurren de verdad. Sientes las emociones reales de otras personas, unas veces con atisbos borrosos, indicios e interpretaciones vagas, y otras veces de un modo mucho más preciso.

—¡Debe de ser por eso por lo que algunos de los detalles de los libros están mal! — exclama River, con los ojos brillantes por la emoción —. Pero, espera… Eso no explica cómo llegué aquí. Ni por qué.

Bridget se gira hacia él.

—En nuestra investigación, mi cliente y yo descubrimos que a veces, aunque pocas, estas conexiones son tan fuertes que pueden provocar una especie de cruce interdimensional. Mi autora se emborrachó una noche con algunos amigos y pidió un deseo al ver una estrella fugaz. A la mañana siguiente, allí estaba él. El príncipe Helmuth. ¿Tú le pediste un deseo a una estrella, Gertie?

Niego con la cabeza.

—¡No, claro que no! Pero…

—La ley de la atracción — declara la señora Casablancas, inclinándose hacia delante —. ¡Hicimos una ceremonia de manifestación creativa en la azotea! Nos pusimos caftanes y tocados y todo.

—¿Sí? — Bridget me mira de soslayo, sorprendida.

Empiezo a sentirme un poco mareada y me recuesto rápidamente en el sofá para no desmayarme. Un millón de preguntas luchan por hacerse un hueco en mi mente. Bridget es una mujer seria, una mujer de negocios seria

y tranquila que nunca me ha hecho dar un paso en falso. Excepto quizá la vez que me sugirió que escribiera un romance navideño de monstruos espaciales mafiosos ambientado en las Highlands de Escocia porque pensó que se vendería bien. Pero, por lo demás, no es alguien que suela meter la pata. Sus palabras están provocando que mi cerebro entre en esa espiral que solía asaltarme en el colegio siempre que intentaba hacer ecuaciones matemáticas.

El corazón me da un vuelco al pensar que Cassidy existe en algún sitio, que es tan real como yo, solo que en otro universo. ¿Cómo puede ser eso cierto? Conozco a Cassidy casi mejor que a mí misma. Yo… Ella no puede estar por ahí, viva de verdad, haciendo cosas de las que yo no tengo ni idea.

Abro los ojos como platos y me siento derecha cuando se me ocurre algo.

—Espera… ¿Estás diciendo que Elizabeth Bennet podría haber sido una persona real? ¿El señor Darcy? ¿Peter Pan? ¿Julieta? ¿El puto Grúfalo? ¿Y

que los novelistas solo están aprovechándose de sus vidas?

Bridget levanta los brazos.

—Es posible. Algunas personas de Internet parecen creerlo. Nunca sabremos qué libros fueron de verdad inventados y cuáles fueron atisbos de otro mundo. Quizá este sea el único modo en que los humanos pueden compartir historias entre universos, una de las muchas cosas que hacen que los libros sean mágicos…

—¡Los libros de verdad unen a la gente! — replica la señora Casablancas, tomando un sorbo de su té, como si para ella esto fuera una conversación normal, como si estuviera en una reunión de su club de lectura.

—Los libros son mágicos — murmuro —. Literalmente…

River se aclara la garganta.

—Siento interrumpir la conversación de la Asociación de Amigos del Libro, pero estamos perdiendo el tiempo y creo que todos estamos eludiendo el principal escollo interdimensional de este asunto: ¿cómo diablos vuelvo a casa?

—Suponíamos que tendría algo que ver con mi ruptura con Henry — le cuento a Bridget.

—En el caso de mi cliente, el problema fue un aparentemente insuperable bloqueo creativo. Cuando lo superó y consiguió escribir «FIN»,

paf, el príncipe Helmuth desapareció. Y, en confianza, fue un gran alivio para todos. Tenía un grave problema de halitosis. Al verlo, no te lo habrías imaginado. — Bridget piensa un momento —. Pero, de todos modos, escribir

«FIN» no puede ser la solución para ti, Gertie, porque tú no estás sufriendo un bloqueo creativo.

Oh, oh.

Vuelvo a hundirme en el sofá y me miro los pies, con una mueca de tristeza en la boca.

—¿Gertie? — me pregunta Bridget con la misma voz que usa la señora Casablancas cuando Achuchón intenta robarle su sándwich —. ¿Por qué pones esa cara? Tú no estás sufriendo un bloqueo creativo, ¿verdad?

Bridget se agacha ante mí.

—Bueno…

—¿Gertie? ¿Cuántas páginas del quinto libro has escrito?

Ha llegado el momento de sincerarse.

Me apoyo la cabeza en las manos.

—Ninguna. — Hago una mueca —. No he escrito ni una sola página.