Capítulo veinticinco #3
Besos con la ropa puesta. Gertie, siempre tan sensata.
—Esa soy yo.
Suelta una carcajada grave, me levanta con facilidad e intercambia nuestras posiciones, de modo que él se sienta contra el cabecero y yo me acomodo en su regazo. Acerco las manos y las introduzco en su cabello para tirar suavemente de él.
Respirando todavía más rápido, River me recorre con la boca el cuello y la mandíbula. Después apresa con los dientes mi labio inferior y lo succiona. Por instinto, empiezo a mover las caderas contra su dureza.
—Joder — jadea con voz ronca, recostándose hasta que el ángulo es perfecto —. Maldita sea, Gertie.
—¿Esto está bien? — le pregunto.
—Sigue siendo un beso, técnicamente — gime, agarrándome el trasero y aplastándose contra mí.
Aunque nos separa el tejido vaquero de sus pantalones y el raso de mi pijama, la periferia de mi visión empieza a nublarse y se me escapa un desesperado gemido de placer.
No sé cuánto tiempo llevamos besándonos y tocándonos y moviéndonos juntos, pero la naturaleza ilícita de lo que estamos haciendo, la línea entre lo que es falso y lo que es real, el hecho de que esto siga siendo teóricamente solo un beso y de que a la vez no lo sea me incita a echar la cabeza hacia atrás de puro gozo.
A medida que nos movemos más rápido, descubro que mis gemidos no se parecen a ningún sonido que haya hecho antes. River me agarra las
caderas para moverme sobre su gruesa y dura longitud, más rápido y preciso con cada pasada.
—Yo… estoy… soy… — comienzo a decir, incapaz de terminar ninguna frase mientras una oleada de ardiente dulzura me calienta las extremidades y me roba el aliento y enciende un millón de chispas diminutas en mi cerebro.
Gimo suavemente en la habitación.
—Tremendamente sexi — gruñe River en mi cuello mientras me muevo sobre él.
Oh, Dios mío.
Tardo dos minutos enteros en recuperar el aliento, y mientras lo hago, River traza círculos lentos con los dedos en mi espalda. Cuando por fin me aparto para mirarlo, en sus ojos hay un destello de lo que parece incredulidad.
—Por Dios — digo.
Él asiente.
—Y a eso me refería con «así», Gertie — dice con una sonrisa maliciosa.
Trago saliva y me apoyo en sus brazos fornidos para mantener el equilibrio, pero también por placer. No escapa a mi atención que sigue tan duro como una roca, apenas contenido por los vaqueros. Bajo la mano, pero, antes de que pueda tocarlo, me agarra la muñeca.
—Solo un beso — me recuerda —. ¿De acuerdo?
—Oh. Sí. Por supuesto, lo siento. Solo he pensado…
Me aparta amablemente y se levanta de la cama.
—Estoy bien — me dice despreocupadamente —. Ha sido…
Asiento.
—Una idea funesta pero divertida.
—Divertido. Sí. — Asiente cinco veces, lo que me parece como tres veces demasiado. Mierda. ¿Ya se está arrepintiendo? ¿Me ha besado porque le daba pena y ahora se siente incómodo?
Juego con la esquina de la colcha.
—¿Ha sido… un error? Bueno, en tu opinión. — La simple idea de que River se sienta avergonzado o arrepentido de lo que acaba de pasar arraiga en mi cerebro y me calienta la cara de vergüenza —. Jolín. ¿Crees que ahora las cosas serán un poco incómodas entre nosotros? Espero que no…
—No tienen por qué serlo — me interrumpe River —. Gertie, yo…
—Se nos ha dado sorprendentemente bien fingir que no fingimos, ¿eh?
— sigo balbuceando —. Toda esa…, ya sabes, la tensión. Aunque supongo que es solo biología.
River ladea la cabeza.
—Biología.
—Sí. Dos personas que se han pasado los últimos días discutiendo, fingiendo química y que luego comparten habitación. Estaba claro que iba a crearse algún tipo de energía. Cualquier escritor de novela romántica lo sabría. Pero, claro, apuesto a que tú tienes esa energía con todo el mundo.
— Lo señalo —. Quiero decir, ¿por qué no ibas a tenerla? ¡Mírate! ¡Ja!
River me observa un momento. Su rostro sonrosado es inescrutable.
¿Está esperando a que yo diga algo más? Aprieta la mandíbula ligeramente.
—¿Has saciado tu curiosidad, entonces? — me pregunta, con la voz tan átona que ni siquiera parece una pregunta.
Suena enfadado. ¿He dicho algo malo? Oh, mierda, ¿se siente utilizado?
Dios, ¿ha sido un beso por lástima, y yo lo he llevado demasiado lejos?
—Ja, ja, sí. ¡Pero ahora podemos olvidarlo! ¡No importa! No volveremos a hablar de esto. ¡Ha sido solo una pequeña evasión de la realidad! De hecho, ¡yo ya he reprimido ese recuerdo! — Finjo que me golpeo el cerebro —. ¡Borrado! Vuelvo a ser sensata.
En respuesta, River señala el cuarto de baño.
—¿Reprimido? Sensata. Vale. Bueno, sí… Voy a darme una ducha.
—¡Genial! ¡Eso suena genial! ¡Que lo disfrutes!
¿Por qué soy de repente un signo de exclamación andante?
River asiente.
—Lo… Sí, el agua. Disfrutaré del agua.
¿Qué? Lo que dice tiene todavía menos sentido que lo que yo digo.
Con la cara de un rojo escarlata, algo que nunca habría creído que fuera posible, River retrocede rápidamente hasta el cuarto de baño y cierra la puerta a su espalda. Creo que lo oigo maldecir al otro lado de la puerta.
Sí.
Definitivamente, he conseguido que la situación sea incómoda.