Merma 21 Tinta
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21 Tinta

El informe pericial de documentoscopia llegó el veintinueve de septiembre y tenía once páginas, nueve de ellas de metodología.

Las dos que importaban decían tres cosas.

Primera: la anotación del diecisiete de septiembre de mil novecientos noventa y nueve en el libro de registro de movimientos de Bodegas Lacorte, folio ciento doce, renglón catorce, presentaba una tinta distinta de la de los renglones inmediatamente anterior y posterior.

Tinta de bolígrafo de pasta azul, con una formulación de colorantes diferenciable por cromatografía.

Segunda: el estudio del orden de trazos y de la distribución del renglón indicaba que la línea se había escrito con posterioridad a las líneas que la enmarcan, aprovechando un espacio en blanco.

El perito lo expresaba con la cautela de su oficio: se aprecian indicios compatibles con una intercalación posterior.

Tercera: el cotejo caligráfico.

Aurora leyó el párrafo tres veces.

Las muestras indubitadas aportadas correspondían a cuatro personas: Fabián Lacorte Sáenz de Tejada; Zacarías Arnedillo Ruiz, fallecido; Petra Antoñanzas Vergara; y Rosendo Lacorte, padre, fallecido en mil novecientos noventa y seis.

El cuerpo de escritura de la anotación cuestionada presentaba coincidencias significativas con el de doña Petra Antoñanzas Vergara en dieciséis puntos: el ataque del trazo en la letra d, la ligadura característica entre o y s, la inclinación, la proporción entre zona media y zona superior, el punto de la i adelantado, y el modo de cerrar el número siete sin travesaño.

Y una divergencia que el perito, honradamente, subrayaba: la anotación presentaba una imitación de la letra de Zacarías Arnedillo en el trazado de las mayúsculas D y de los números, imitación descrita como de calidad media y con temblor de simulación en cuatro puntos.

Conclusión: probablemente escrita por doña Petra Antoñanzas Vergara imitando la escritura de don Zacarías Arnedillo Ruiz.

Aurora cerró el informe y se quedó mirando la pared del despacho.

—Mi teniente —dijo Cuevas desde la puerta—, ¿la llevamos al juzgado?

—Todavía no.

—Tenemos la letra.

—Tenemos la letra de una anotación en un libro de una bodega de hace veintisiete años, sobre un hecho que está prescrito.

—Aurora se levantó—. Si la llevo ahora, se sienta delante del juez, dice que sí, que lo escribió ella para taparle al jefe una pérdida económica, que lo siente mucho, y se va a su casa a cenar.

Y entonces se nos cierra por dentro para siempre.

—¿Y qué hacemos?

Aurora se puso la chaqueta.

—Averiguar qué es lo que sí le puede pasar.