19 Las tres que sobraban
El doctor Jubera llamó un jueves a las nueve menos diez de la mañana, que era una hora a la que Jubera no llamaba nunca.
—Teniente. ¿Está sentada?
—Estoy conduciendo.
—Pare el coche.
Aurora paró el coche en el arcén de la carretera de Cordovín, entre dos hileras de chopos, y puso el freno de mano.
—Ya.
—Las tres cepas que no encajaban con el clon treinta y dos —dijo Jubera—. Las he corrido dos veces, con veinte marcadores y después con otros nueve, y he mandado una a Zaragoza a ciegas para que no me digan que me he enamorado de mi resultado.
—¿Y?
—Son tempranillo, pero no son clon. Son tres individuos distintos entre sí, con alelos que no están en el catálogo comercial, con una diversidad que corresponde a material de selección masal antigua. Son cepas de población vieja, teniente. De las de antes.
Aurora miró por el parabrisas a los chopos.
—¿Y están injertadas?
—No.
—¿Cómo que no?
—Que no tienen unión de injerto. Son estacas enraizadas directamente. Pie franco, en el sentido literal y exacto de la palabra. —Jubera hizo una pausa—. Son las únicas tres cepas de esa parcela que eran de verdad lo que la etiqueta decía que era toda.
Aurora tardó un momento en encontrar la voz.
—¿Y dónde estaban?
—Eso se lo tiene que decir usted a mí. Yo tengo números de sector. Sector veintiséis, veintisiete y veintiocho.
Aurora abrió la carpeta en el asiento del copiloto y pasó las hojas con una mano.
Sector veintiséis: calle trece, cepas ciento cuatro a ciento diez.
Sector veintisiete: calle catorce, cepas noventa y ocho a ciento seis.
Sector veintiocho: calle quince, cepas ciento dos a ciento nueve.
El hombre estaba en la calle catorce, entre la cepa cien y la ciento tres.
—Doctor.
—Dígame.
—Esas tres cepas están encima de la fosa.
Hubo un silencio en la línea.
—Ah —dijo Jubera.
—Y una más: he mandado a Munilla las cuarenta y dos varas de la caja del vivero de Uruñuela.
—Y yo las he genotipado esta semana. Están secas, pero de una vara seca se saca ADN sin problema.
—¿Y?
—Y las cuarenta y dos varas y las tres cepas son el mismo material —dijo Teodoro Jubera—. Dos de las tres cepas coinciden exactamente con dos de las varas. Individuo por individuo. Son esquejes del mismo pie madre.
Aurora se quedó mirando la carretera vacía.
—Entonces alguien plantó, encima de ese hombre, tres estacas de la viña vieja que él había ido a salvar.
—Eso dicen mis geles —dijo Jubera—. Lo que significa, no lo sé. Yo cuento alelos.
Aurora colgó, se quedó dos minutos con las manos en el volante y luego marcó a Cuevas.
—Damián. Dile a Munilla que quiero un informe en el que se diga con letra grande que había tres cepas de pie franco plantadas justo encima de la fosa.
—¿Eso qué es, mi teniente?
—Eso es un ramo de flores —dijo Aurora Jalón.