Merma 16 Ortofotos
26%

16 Ortofotos

El guardia Nacho Zorzano tenía treinta y cuatro años, llevaba dos en la Policía Judicial y había descubierto en ese tiempo que el noventa por ciento del trabajo consistía en pedir cosas por escrito a organismos que contestaban en veinte días.

El martes entró en el despacho de la teniente con el portátil abierto y sin llamar, cosa que no hacía nunca.

—Mi teniente. Las ortofotos.

—Siéntate.

Puso el ordenador encima de la mesa y giró la pantalla.

—Vuelo de mil novecientos noventa y siete —dijo—. Es el vuelo nacional, resolución de un metro. Se ve regular pero se ve.

La imagen era de un gris verdoso. Se distinguía el recodo del río, el camino alto, y la parcela: un rectángulo con las líneas de las cepas corriendo de norte a sur, torcidas, irregulares, con calvas.

—Ahora el vuelo de dos mil.

La misma parcela. Las líneas corrían de este a oeste.

—Han girado —dijo Aurora.

—Noventa grados. Y son rectas. Y el marco es más estrecho: en el noventa y siete se cuentan veintiocho hileras, en dos mil se cuentan cuarenta y una.

—Zorzano.

—Dígame.

—Esto es lo mejor que me has traído nunca.

El guardia se puso colorado y siguió hablando muy deprisa.

—Hay más. Hay un vuelo de agosto del noventa y nueve, de la campaña de la Consejería, en color, a medio metro. Tardó un mes en llegar. Mire.

Agosto de mil novecientos noventa y nueve. La parcela ciento cuarenta y uno estaba parda. No gris, no verde: parda, con las hileras marcadas como cicatrices y una textura de suelo desnudo entre ellas. Alrededor, en las parcelas vecinas, el verde de agosto.

—Está muerta —dijo Aurora.

—Muerta —confirmó Zorzano—. Y en el vuelo del veintiuno de septiembre del noventa y nueve, que es de otra serie, se ve la parcela removida y se ve una máquina.

—¿Una máquina?

—Aquí. Es un píxel y medio. Pero está en la esquina noroeste y no está en el de agosto.

Aurora se levantó y fue a la ventana, que daba al patio y al muro y a un trozo de cielo.

—Muy bien —dijo—. Tenemos una parcela muerta en agosto del noventa y nueve, plantada con planta de vivero entre el dieciséis y el veintidós de septiembre del noventa y nueve, con zanja de desfonde, en la que hay un hombre enterrado.

Tenemos un depósito descubado a los tres días con una anotación escrita con otra tinta.

Tenemos tártaro y pepitas en el cráneo. Tenemos cuarenta y dos varas en una caja de fruta.

—Y tenemos dos giros de Burdeos —dijo Cuevas desde la puerta.

—¿Has sacado algo?

—He sacado que La Poste conserva los registros de giros internacionales veinte años y los destruye.

—Cuevas entró—. Pero he sacado otra cosa, y es de Correos de aquí.

Los dos giros se cobraron en Nájera y en el impreso de cobro consta el número de la oficina emisora. Es la oficina de Burdeos Saint-Jean.

—¿Y?

—Y la estación de Saint-Jean es la estación de tren —dijo Cuevas—. En el noventa y nueve había un tren directo de Irún a Burdeos. Ida y vuelta en el día.

Aurora volvió a la mesa y se quedó de pie, con las dos manos apoyadas.

—Que alguien no se fue a Francia —dijo—. Que alguien fue a Francia dos veces, un martes por la mañana, con ochenta mil pesetas.