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6 Informe preliminar

El sábado por la mañana, en la sala de reuniones del segundo piso de la Comandancia, había siete personas y un proyector que hacía un ruido de avión pequeño.

Aurora escribió tres cosas en la pizarra blanca.

Uno: varón adulto, enterrado en zanja de plantación.

Dos: la plantación es de otoño de mil novecientos noventa y nueve.

Tres: la bodega dice que es de mil ochocientos setenta y tres.

—A partir de ahí —dijo—, todo lo demás es una consecuencia. Vamos por partes. Pinillos.

La antropóloga habló ocho minutos. Varón, entre treinta y dos y cuarenta y dos años en el momento de la muerte, estatura estimada entre uno setenta y dos y uno setenta y siete, sin patologías óseas relevantes, con una fractura antigua y consolidada del quinto metacarpiano derecho, de esas que se hacen los hombres que pegan a una pared.

Y una fractura que no estaba consolidada.

—Parietal izquierdo —dijo Pinillos, y pasó a la siguiente diapositiva—. Hundimiento de cuatro centímetros por dos y medio, con un borde recto y el otro astillado. Perimortem. No tiene ninguna reacción ósea, nada de callo, nada.

—¿Arma?

—Superficie dura, borde definido, más largo que ancho. Un canto. Un bordillo, el labio de un depósito, el filo de una mesa de acero. No es un martillo; un martillo deja círculo. No es un palo.

—¿Lo mató eso?

—Puede.

—¿Puede?

—Puede —repitió Pinillos—. Aurora, un hundimiento de cuatro centímetros mata muchas veces y otras muchas no. Si me preguntas qué pondría yo en un juicio, pondría que es compatible con una caída contra un canto y compatible con un golpe. Con las dos cosas. Y que no puedo decidir cuál.

Cuevas levantó el bolígrafo.

—¿Y las manos?

—Le faltan diecinueve huesos de las manos y once de los pies. Eso es normal. Los pequeños se van. —Pinillos hizo una pausa—. Tiene todos los dientes menos dos. Hay dos empastes de amalgama y una reconstrucción de composite en el veintiuno. Si aparece una ficha dental, esto se resuelve en una tarde.

—¿Y si no?

—Si no, ADN. Hay cortical de fémur en buen estado. Con un perfil y un familiar directo lo tenemos.

Aurora miró al cabo Bañares.

—¿Hay familiar directo?

—Hay hija —dijo Bañares—. Y hay madre biológica, si es quien creemos, en Zaragoza.

Y hay una denuncia de desaparición del veintidós de noviembre de mil novecientos noventa y nueve, puesta en el puesto de Badarán por Milagros Ochoa Peña, esposa de Sergio Marrodán Ubis, nacido en Valdecernada el ocho de enero de mil novecientos sesenta y tres.

Archivada el nueve de febrero de dos mil, ausencia voluntaria.

—¿Ausencia voluntaria por qué?

Bañares leyó de la pantalla del portátil.

—Porque el diecinueve de octubre de mil novecientos noventa y nueve, un tal Sergio Marrodán firmó un contrato de temporada en una explotación de Saint-Émilion, Gironda, y porque la esposa recibió dos giros postales desde Burdeos, uno en noviembre y otro en enero, de cuarenta mil pesetas cada uno.

Se hizo un silencio muy limpio en la sala.

—Repite eso —dijo Aurora.

—Dos giros postales desde Burdeos. Noviembre del noventa y nueve y enero de dos mil.

Aurora se levantó y se acercó a la pizarra. Tachó el número dos y lo volvió a escribir debajo.

—Entonces —dijo—, o ese hombre que está en la zanja no es Sergio Marrodán.

—O alguien fue a Burdeos a mandar dinero —dijo Cuevas.

—O alguien fue a Burdeos a mandar dinero —repitió Aurora—. Que es lo mismo que decir que alguien quería que esa denuncia se archivara. Zorzano, Correos francés. Quiero los resguardos, quiero la oficina, quiero la fecha y quiero, si hay suerte, una firma.

—De mil novecientos noventa y nueve, mi teniente.

—De mil novecientos noventa y nueve —dijo Aurora—. Empieza a llamar.