Meretrice CAPÍTULO 1 #3
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CAPÍTULO 1 #3

—La esteganografía es una ciencia que trata el estudio y la aplicación de técnicas que permiten ocultar mensajes u objetos dentro de otros, llamados portadores, de modo que no se perciba su existencia.

Es decir, procura ocultar mensajes dentro de otros objetos y de esta forma establecer un canal encubierto de comunicación, de manera que el propio acto de la comunicación pase inadvertido para observadores que tienen acceso a ese canal.

En aquella época era común usar jugo de limón para escribir, digamos que es el origen de la tinta invisible.

Pero ya pasé una bombilla de calor por cada página revisando con detenimiento todo el contenido en presencia de tu abuela, preocupada porque aquel procedimiento dañara el volumen.

El calor oxida el cítrico y es cuando aparecen las líneas ocultas de un intenso color marrón, revelando el secreto.

No obstante, y para nuestro desencanto, nada se reveló ante nosotros.

Tampoco hay imágenes anamórficas, ni pentagramas musicales, tan usados en el Renacimiento para encriptar.

Aun así, estoy plenamente convencido de que hay un portador entre esas páginas.

—¿Cuánto tiempo llevas estudiando el diario?

—Bastante menos del que le dediqué al manuscrito Voynich, pero la frustración es la misma.

Agrandé los ojos francamente impresionada.

—Pertenecí durante un tiempo a uno de los equipos que lo estudiaban.

—Hay algo que no entiendo —objeté contrariada—. Eres un profesional en la materia y aún no has hallado nada que indique que el diario encierra la ubicación de un tesoro, ¿por qué estás tan convencido de ello?

Llegó la ensalada caprese y Luca me alentó a comer. Me serví y me llevé un delicioso trozo de mozzarella fresca, tomate y albahaca a la boca. Paladeé gustosa y mastiqué mientras él me observaba sin comer.

—Delicioso, ¿verdad?

Asentí, tragué el bocado y aguardé su respuesta.

—Porque, si no, la muerte de Alonza no tendría sentido, su lucha y su último deseo; porque tu abuela sacrificó su vida por el mismo motivo, y por otra razón que prefiero guardarme para mí.

—Y ¿qué esperas sacar de todo esto?

Luca sostuvo mi mirada un instante antes de desviarla hacia el Gran Canal para sumirse en él con semblante soñador. La luna, que se reflejaba desdibujada en sus aguas, era mecida por el suave y perezoso bamboleo de las góndolas.

—Venecia es tan hermosa como enigmática —murmuró ensimismado—.

Esconde multitud de secretos. Fue la única ciudad de su tiempo que permitió el uso de máscaras desde la antigüedad para equiparar a sus ciudadanos, otorgándoles así una libertad inusual.

Sin rostro, todos tenían voz, todos eran iguales.

Pero aquello desató el libertinaje, la promiscuidad y los delitos.

Y su uso fue restringido a unos pocos días al año: ése fue el origen del carnaval.

»Los venecianos somos curiosos, traviesos, ingeniosos y creativos, una habilidad nacida de nuestro constante anhelo por sortear las leyes y los mandamientos, las imposiciones en general.

—Hizo una pausa para prodigarme una sonrisa pendenciera que me dejó presa de su boca unos segundos—.

La libertad siempre nos sedujo —añadió—, los placeres pesaban más que los deberes, lo que hizo que nos refugiásemos en una sutil hipocresía.

Pero, para entender por qué creo en la palabra de Alonza, debes leer su historia; tú más que nadie ha de hacerlo.

Cuando me miró de nuevo, sus ojos adquirieron una gravedad tan respetuosa que me perturbó sobremanera.

—Estoy convencido de que sólo tú hallarás la clave de este misterio —agregó vehemente.

—¿Qué habría pasado si hubiera decidido no venir y olvidarme del asunto?

Su rostro dibujó una mueca vacía, aunque su rictus se contrajo perceptiblemente.

—Llevo tiempo vigilándote, ansiando intervenir.

Sólo te diré que esto se ha convertido en algo personal para mí, y no sólo porque llegué a cogerle un gran afecto a Ornella.

Si no lo hice fue porque ella me lo pidió, como también deseaba estar al tanto de tu vida.

Yo la mantenía informada. En cuanto a tu pregunta, nunca concebí que no sintieras curiosidad.

Aquella confesión me desazonó. Saberme espiada implantó en mí una sensación estremecedora que serpenteó por mi columna. Reprimí un escalofrío.

—No eres un simple criptógrafo contratado por mi abuela, por lo que parece.

Luca tomó su copa y bebió despacio; parecía tenso y contenido.

—Soy mucho más que eso —reveló pasando sus dedos entre su espeso cabello oscuro—. Y ahora disfrutemos de la cena... Al terminar te llevaré a tu hotel y comenzarás la lectura. Y, cuando la acabes, no antes, iremos a Poveglia y allí estudiaremos juntos las posibles pistas.

—Poveglia es una isla fantasma —aduje nerviosa.

—Es una isla deshabitada —corrigió—. La llaman la isla de los muertos porque, durante la gran plaga, se llevaba allí a los que habían sucumbido a la peste para calcinarlos en fosos.

Lo peor es que lanzaban a esos fosos a hombres, mujeres y niños todavía vivos, aunque infectados.

En pocos años, unas ciento sesenta mil almas acabaron morando allí.

También está la historia del hospital psiquiátrico que fundaron en la década de 1920.

Allí, los doctores sometían a todo tipo de cuestionables experimentos médicos a sus pacientes mentales: trepanaciones, lobotomías y un largo etcétera.

Dicen que el director acabó arrojándose del campanario del hospital porque lo acechaban los fantasmas de sus pacientes.

Yo creo que lo tiraron. Aun así, no es un lugar. .. agradable.

—Gracias por aumentar mis deseos de ir —repuse mordaz.

—Irás conmigo, y te aseguro que no creo en fantasmas; sin embargo, son los mejores guardianes para proteger un tesoro. Nadie en su sano juicio se acerca a esa isla, es el mejor sitio para esconder algo.

—Y ¿piensas excavar cada tramo? —pregunté sardónica.

—Pienso que juntos conseguiremos descifrar el misterio.

—Tu confianza, Luca, es meritoria.

—Tanto como tu desconfianza, Alessia.

Sonreímos al unísono. Alzó su copa y brindamos sosteniendo nuestras miradas.

—Es curioso —musité pensativa—, hace tiempo que me siento un fantasma.

—También yo. Quizá permanecer tanto tiempo en silencio y a la sombra obre ese efecto.

Lo miré fijamente, tan sumida en mis pensamientos que me sobresalté cuando su mano se posó sobre la mía.

—Te traeré de vuelta, te lo prometo.

Y, por algún motivo, supe que esa promesa encerraba algo más profundo.