Capítulo 14. Lana
LANA
Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado.
— V OLTAIRE
—No puedes hacerle daño a Lisa —me dice Hadley cuando le lanzo otro cuchillo a la foto de la puta pesada a la que se está refiriendo.
Doy de lleno justo entre los ojos y me acerco para recogerlo.
—Solo me estoy desahogando, no planeando matarla —digo sin entusiasmo.
—Le estás lanzando un cuchillo a la cara.
—A su foto —puntualizo.
Noto que me fulmina con la mirada, pero decido ignorarla.
—Mejor no pregunto dónde aprendiste a manejarte tan bien con cuchillos.
Preparo mi siguiente disparo, lo ejecuto y le atravieso la garganta a Lisa con el cuchillo. Ya me gustaría. Lástima que eso no vaya a suceder. Al fin y al cabo, no puedo ir matando a gente solo por tocarme las narices.
Para mi desgracia.
—Venga. Logan no quiere que te dejemos sola, y por lo visto tengo que investigar la escena de un crimen —me dice Hadley antes de dejar escapar un largo suspiro.
—Es Kyle Davenport, y lo desollé vivo hasta que la palmó. Ahí lo llevas. Acabo de ahorrarte trabajo —afirmo sin rodeos.
Ella emite un sonido ahogado y yo me giro para mirarla.
—¿Quieres que te describa algunos detalles de todas las atrocidades que hizo para que se te borre esa cara de horror? —le pregunto.
Ella sacude la cabeza con énfasis.
—Mi estómago no soportaría escuchar nada más de lo que ha hecho ese psicópata. Lo que pasa es que… ¿Lo despellejaste vivo?
Asiento.
—Sip. Fui muy cuidadosa al arrancarle la piel poco a poco, y solo las capas más superficiales para que no se desangrara mucho mientras me entretenía.
Extraigo el cuchillo de la foto de Lisa (que imprimí desde el ordenador de Hadley) y luego la quito antes de tirarla a la basura y cubrirla con otros desperdicios.
—Eso no da ningún yuyu, qué va —murmura Hadley.
—Me dedico a torturar y matar hombres. Lo de dar yuyu va incluido.
Me mira fijamente y frunce los labios.
—Estás aún más distante de lo habitual.
—Normalmente puedo pasar más tiempo con Logan después de sacar a relucir mi lado más oscuro para hacer lo que hay que hacer.
Lisa se ha empeñado en interrumpir esa dinámica esta mañana, y tiene suerte de que sepa controlar mi lado más violento.
Ha metido las narices en el momento menos oportuno.
Después de pasar por algo así, necesito un tiempo para calmarme.
Es mi forma de mantener la cordura. He tenido que acortar los plazos, y con cada muerte he perdido una parte de mí misma.
La sigo y, cuando vemos lo colapsadas que están las calles, decidimos ir andando, caminando a buen ritmo por la acera.
—Estoy preocupada por ti, Lana. Me estás diciendo que te estás perdiendo a ti misma y que te cuesta no matar a Lisa.
Pongo los ojos en blanco.
—Si quisiera matarla, ya lo habría hecho mientras estaban todos distraídos con el cuerpo desollado de Kyle.
Ella sufre una arcada y yo sonrío.
—En serio. No sueles ser tan fría ni estar tan distante —dice mientras caminamos por el pueblo, donde el caos que he desatado está en pleno apogeo.
Quería ver las caras que pondrían cuando descubrieran a Kyle, pero sabía que no era buena idea estar presente. Jake y yo condujimos como locos para llegar a tiempo y colgar el cadáver, y aún no he pegado ojo.
—Ya casi he terminado —digo mientras ignoro el temblor de mi mano.
Matar a Kyle del modo en que lo hice… Esforzándome al máximo para hacerle sufrir como se merecía en tan poco tiempo… Me costó mucho. Estaba muy acelerada y me desquité con él.
De lo único que me arrepiento es de no haber tenido más tiempo para alargar su sufrimiento.
—Sé que es una zorra, pero no merece ninguno de esos impulsos que tienes de apuñalar.
Levanto las manos de forma inocente mientras escucho distraídamente los sollozos de aquellas personas a las que puede que haya marcado de por vida. Desde hoy por la mañana, ya no temen al sheriff que siempre ha protegido a su hijo. Ahora temen a la única persona capaz de acabar con el intocable.
Ahora me pertenecen a mí.
El rebaño tiene un nuevo pastor al que temer. Beee, perras.
—No voy a apuñalarla. Te lo prometo.
No puedo controlar mis emociones como de costumbre.
Las tengo a flor de piel, y los recuerdos que había reprimido tras cada asesinato han resurgido, despertando sentimientos que había congelado hace mucho tiempo.
Me está matando no poder rematar todo esto ahora mismo.
No poder golpear al sheriff antes de que se le pase el shock por lo de su hijo.
Quiero que se hunda en su dolor un poco más que unos simples instantes. Quiero que se derrumbe antes de dar paso a la siguiente fase.
—Te descuidaste a la hora de dejar pruebas. Deberías haberlo arrastrado.
—Me habrían pillado.
—Ahora saben que no actúas sola.
—Lo sé.
Le sonrío mientras ella pone los ojos en blanco y me esfuerzo por mantener la compostura con más dificultad de lo normal. Ahora mismo mi fachada se tambalea, y no tengo tiempo para recomponerme antes de que llegue el momento de sacar el arsenal.
Tengo que dar el golpe pronto, pero no demasiado .
Me meto un chicle en la boca y Hadley refunfuña cuando ve a Lisa hablando con Logan y Leonard.
—Compórtate, por favor. Esto es la escena de un crimen, y no necesito que me des más trabajo con otra víctima —dice medio en broma medio en serio.
—Me portaré bien —digo con una sonrisa siniestra y los ojos clavados en Lisa mientras me imagino cómo serán sus gritos.
Tengo que controlarme de verdad antes que me dé por hacerle un cortecito.
No estaría bien.
—Hay testigos por todas partes —dice Hadley con voz cantarina.
No dejo de mirar a Lisa mientras intenta tocar a Logan. Él, muy prudente, se echa hacia atrás, impidiendo que ella le roce el brazo. Está de espaldas a mí, pero Lisa me ve y una sonrisa maliciosa se dibuja en sus labios.
Ay, si pudiera dejarle un par de cosas claras.
Hadley empieza a preocuparse otra vez y se coloca delante de mí para taparme la vista.
—No lo hagas. Estoy en esto contigo, pero no me gustan las peleas infantiles.
Levanto las cejas, pero, antes de que pueda decirle nada, la voz de Lisa nos interrumpe.
—Es lamentable que necesites una niñera constantemente, estás perjudicando al equipo —dice Lisa, porque es tan estúpida que se dedica a provocar a alguien que podría darle una paliza durante horas sin cansarse.
—Márchate de una vez —espeta Hadley, mientras fulmina a Lisa con la mirada.
Ella suelta una risita al pasar junto a mí y yo le escupo el chicle. Como tengo muy buena puntería, le da justo en la nuca, y lo hago con tanta fuerza que se le queda bien pegado.
Lisa jadea y se lleva la mano a la parte de atrás de la cabeza, mientras se gira con los ojos como platos: una imagen ridícula combinada con la boca abierta.
Sonrío y meneo los dedos antes de seguir caminando hacia Logan.
Hadley gruñe mientras corre para alcanzarme.
— Eso es infantil —bromeo, sonriendo con orgullo.
Curiosamente, ya no tengo tantas ganas de apuñalar a nadie. Dudo que con escupir chicle a todas mis víctimas potenciales fuera a sentirme mejor, pero parece que con Lisa funciona.
Debería comprar más chicles.
—No me puedo creer que hayas hecho eso —sisea Hadley, pero noto que está evitando esbozar una sonrisa tan inmadura como la mía.
—Es mejor que mandarle rosas de parte de un asesino en serie. —Me encojo de hombros y la sonrisa de Hadley se desvanece.
—¿Demasiado pronto? —pregunto, haciéndome la tonta.
Me hace una peineta y se marcha justo cuando Logan se acerca, observando con curiosidad nuestra interacción.
—No eres amigo de Hadley hasta que te saca el dedo al menos un par de veces —dice, sujetándome la barbilla e inclinándome la cabeza hacia atrás.
—Pues debemos ser íntimas amigas, porque a mí me lo hace bastante a menudo.
Él sonríe, pero percibo la tristeza en sus ojos y lo abatido que se siente. El cuerpo de Kyle iba a ser demasiado para él, y yo lo sabía antes de colgarlo para dejarlo a la vista de todo el pueblo.
No lo comprende.
Las palabras de Jake intentan colarse en mi cabeza, pero las ignoro, obligándome a concentrarme en el aquí y ahora.
—En cuanto termine este caso, me tomaré unas merecidas vacaciones y apagaré el teléfono durante al menos una semana. Nos iremos a algún lugar donde no puedan encontrarnos —dice, rozando mis labios con los suyos.
Me consuelo con esa ilusión, que me sumerge en una realidad lejana donde sigo siendo la Lana Myers que él ama y no la chica a la que persigue.
—Le tomo la palabra, agente especial Bennett.
Él sonríe contra mis labios, pero un fuerte grito nos obliga a separarnos.
—¡Mi hijo está muerto y tú estás aquí dándote el lote con tu novia nada más descolgar su cuerpo! —grita el sheriff indignado mientras se abalanza sobre Logan a toda velocidad.
Dos ayudantes nos atacan también, pero Logan lanza un puñetazo que impacta en la cara de uno de ellos antes de golpear al sheriff en el estómago, lo que detiene la embestida y hace que el muy capullo se doble de dolor.
Antes de que pueda contenerme, mis instintos toman el control y le doy un puñetazo en la garganta al tercer hombre antes de que me golpee. Él tose y abre mucho los ojos, pero entonces Leonard lo derriba al suelo mientras Donny se encarga del otro.
Los ojos de Leonard se encuentran con los míos y, por un breve instante, entro en pánico. Me he movido con mucha más precisión de la que se le supondría a Lana Myers.
—Buenos reflejos —dice, esbozando una sonrisa tensa mientras esposa al hombre que yace en el suelo.
Logan le da la vuelta al sheriff, lo empuja contra un árbol y le esposa las manos a la espalda.
—¡Quitadles las putas manos de encima! —grita Johnson, que carga contra nosotros—. ¡No podéis arrestar al sheriff!
—Ha atacado a un agente federal —dice Leonard—. Igual que estos.
—Yo no —se queja el que tiene debajo.
Leonard lo hace gritar de dolor cuando le aprieta aún más las esposas.
—No, tú has intentado atacar a una mujer indefensa .
No me gusta nada que me describa así. Es bastante insultante.
Me doy la vuelta y me alejo antes de que Johnson me cabree más de la cuenta. Logan produce en mí el efecto de un puñetero detonante, porque quiero reventarle la cabeza a Johnson incluso mientras él y Logan se enzarzan, gritando cada vez más.
La guerra ha comenzado y pronto despacharán a Logan. Hemos adivinado cada uno de sus movimientos. Ya les hemos hecho jaque mate, pero ellos siguen pensando que estamos en mitad de la partida.
No puedo estropearlo clavándole un cuchillo a Johnson en el entrecejo en medio de un parque lleno de maderos y testigos.
Así que me voy. Cuento hasta diez. Luego hasta dos mil. Troto. Corro. Hasta medito, coño.
Pero las ganas de matar a esos hijos de puta están más vivas que nunca. Me estoy esforzando mucho por contenerme antes de la traca final. Ahora mismo parece casi una misión imposible.
Por primera vez, me preocupa perder la cabeza.
Así que llamo a la única persona a la que le importo lo suficiente como para conseguir que me calme.
—Distráeme —le digo a Jake, con el corazón a mil por hora—. Distráeme ya.
—Los penes de los patos tienen forma de sacacorchos —dice, y yo me detengo—. Pásate por aquí y te enseño fotos. Qué asco dan los muy guarros.
Pongo los ojos en blanco y me sorprendo sonriendo sin motivo alguno.
—¿Quiero saber por qué sabes eso?
—Tengo una cantidad enorme de información inútil en la cabeza, entre ella algunos datos de lo más perturbadores para momentos como este. Cuanto más aleatorio, mejor para desconcertarte, querida.
—No quiero ver penes en forma de sacacorchos.
—Entonces tiraré de gofres azules. Vente. Ahora mismo. Antes de que cometas una estupidez.
—¿Qué son los gofres azules?
Casi puedo oír su risa burlona.
—Ya lo verás. Te garantizo que no pensarás en matar durante un tiempo. Vas a necesitar un lavado de cerebro.
—Las cosas que hace una por no volverse loca —refunfuño, cambiando de rumbo para ir a investigar este asunto de los gofres azules.