Capítulo 13. Logan #2
—Al final lo detuvieron por un delito menor, porque no todos los policías creían en la lógica de «más vale malo conocido».
Dos semanas después de su encarcelamiento, Katie descubrió la verdad.
Se sintió traicionada. Estaba furiosa. Rompió con él, y otro traficante llegó a la ciudad.
En tres semanas, diez chicos de entre doce y quince años murieron por sobredosis.
—¿Entonces estás diciendo que es mejor dejar que un traficante siga cometiendo delitos siempre y cuando no venda a menores? —pregunto, sin entender aún a qué viene todo esto.
—Lo que digo es que el mundo está plagado de cosas malas, pero que hay monstruos con moral mientras que otros son pura maldad.
Pasados unos meses, Katie siguió adelante y conoció a un chico con un buen trabajo y una vida normal.
Él trabajaba en una empresa de contabilidad, pero cuando volvía a casa le pegaba unas palizas tremendas.
Lo dejó dos veces, y él la buscó para hacérselo pagar.
Ella presentó una denuncia, pero la policía no hizo nada porque él no tenía antecedentes y Katie había estado relacionada con un conocido narcotraficante.
Tensa los labios y yo me inquieto.
—Tuve que intervenir cuando mi hermana me llamó. Amenacé a ese pedazo de basura, llegué incluso a utilizar mi influencia. Pero eso no lo detuvo. Y la policía no lo arrestó, ni siquiera después de que la mandara al hospital con media docena de huesos rotos.
—¿Y qué ocurrió? —pregunto, inclinándome hacia delante.
—El exnovio narco salió de la cárcel tras cumplir un año de condena.
Localizó a Katie, y la policía encontró al contable maltratador.
Bueno, encontraron su cadáver flotando sin cabeza, manos ni pies.
También dieron con el traficante nuevo unas semanas después, en el mismo estado, a ver si me entiendes.
Katie se casó con él y tuvo tres hijos, y todavía la trata como a una reina mientras dirige un negocio que despierta mucha indignación.
Katie aprendió que lo que haces para ganarte la vida no determina si eres un monstruo o no.
Y un asesino a veces puede ser más bondadoso que un hombre que nunca ha matado.
Supongo que lo que quiero decir es que no culparía a nuestra asesina porque podría ser peor, y esta gente, Logan…
Esta gente está mal de la cabeza. Además, ¿cómo se detiene a todo un departamento de policía?
Me recuesto en el asiento y miro por la ventana, asimilando poco a poco sus palabras.
—¿Por qué me cuentas todo eso?
Él abre la puerta.
—Katie amansó al verdadero monstruo amando al hombre y aceptándolo tal y como era. Lo que quiero decir es que espero que nuestra chica tenga a alguien que haga lo mismo por ella porque, de lo contrario, podría perderse en toda esta vorágine. Y no merece ese final.
Debería echarlo del caso por admitir algo así. Quiere que salga impune.
Por alguna razón, en lugar de hacerlo, salgo del coche y no digo nada.
Donny se acerca y Leonard se pone tenso, quizá preocupado por que vaya a delatarle y a decir que no debería estar en el caso.
—¿Qué tenemos? —le pregunto.
Leonard se relaja cuando Donny responde:
—Kyle Davenport es un hijo de la gran puta retorcido —dice Donny por lo bajo.
—Eso ya me ha quedado bastante claro. Me refería a qué está diciendo el sheriff —contesto sin rodeos.
—Que quiere encontrar a su hijo, y les está recordando a todos quién es el dueño de todo lo que hay en este pueblo.
Les ha dicho que, si alguien está ayudando al asesino a esconderse, se arrepentirá.
Está amenazando abiertamente a todo el mundo, abusando de su autoridad, y Johnson se lo está permitiendo. Es que no me entra en la cabeza.
—Kyle Davenport está como una puta cabra —dice Lisa al acercarse a nosotros, mirándome fijamente a los ojos.
—Pues igual que tú —gruño—. Vuelve a intentar esa mierda con Lana y me aseguraré de que te degraden a alguna unidad cutre que se dedique principalmente al papeleo aislada del resto.
Abre los ojos de par en par, y los presentes se mueven con incomodidad.
—¿Qué pasa con Kyle? —pregunta Donny, que consigue que aparte la mirada de Lisa.
A la mierda. La voy a mandar a otra unidad igualmente.
—¿Quieres decir aparte de desaparecer sin dejar rastro?
Pues verás, en lo que va de mañana ya son más de cinco mujeres las que nos han contado lo que les hizo en la Casa Encantada a lo largo de varios años.
Su novia se reunió con nosotros en privado y nos comentó que normalmente invita a una segunda chica a unirse a ellos las noches en las que se pasa con la bebida.
Ha roto con él en tres ocasiones y ha acabado en urgencias las tres veces.
Leonard me mira a los ojos y aprieto los labios. Algo me dice que él ya lo sabía.
—Así que es un cabrón maltratador al que le gusta violar a mujeres. Todos estamos de acuerdo en que no se merece seguir respirando aire puro. Ahora lo que quiero saber es si tenemos novedades sobre él.
Los demás niegan con la cabeza, y yo empiezo a dar vueltas, preguntándome si algún miembro del equipo estaría dispuesto a meter a esta chica entre rejas si logramos encontrarla.
Hasta yo mismo me lo planteo.
Pero nos enfrentamos a una asesina por encargo.
Debe de serlo. Nadie tenía una relación tan estrecha con estas personas como para vengarse a título personal.
Eso la convierte en alguien doblemente peligrosa porque encontrará otro objetivo con el que obsesionarse y acabará matando a personas inocentes sin motivo de peso.
Vaya mierda.
Vaya puta mierda.
Pero es que tampoco puede irse de rositas.
Probablemente acabará en un psiquiátrico en lugar de en la cárcel, aunque sin duda es demasiado peligrosa como para dejarla en libertad, independientemente de los dilemas personales que esto nos plantee a todos.
A estas alturas, este caso ya nos ha afectado a todos. Es difícil sentir compasión por estas víctimas, y eso es lo que más me preocupa de cara al futuro.
—¡Ahora id a encontrar a mi puñetero hijo u os juro que nadie volverá a descansar en este pueblo! —grita el sheriff, con la cara roja como un tomate inflado a punto de explotar.
—Tenemos que enviar el perfil que hemos creado a los hospitales psiquiátricos de los alrededores —digo mientras la gente aguanta la diatriba del sheriff durante unos minutos más.
—Si la persona a la que buscamos fuera mentalmente inestable, no tendría el control necesario para llevar a cabo algo así —argumenta Leonard.
—Que no actúe en solitario lo cambia todo. En toda relación, siempre hay alguien dominante. Sin embargo, en esta ocasión, la persona que domina no es quien mata.
—¿Entonces quién? —pregunta Elise.
—Enviad a alguien a casa de Jacob Denver. Algo no terminaba de cuadrar cuando fuimos a visitarlo —les digo.
—No puede ser él —dice Leonard con un suspiro—. Tendría que ser alguien capaz de ayudar a pintar esos mensajes y llevar a cabo todas las otras mierdas. Jacob no tiene capacidad física para hacer nada de eso. Ya viste su historial médico.
—Nuestra… Digo, la asesina no habría necesitado la ayuda de Jacob para eso. Ella podría ser simplemente la mente pensante —señalo.
Leonard me lanza una mirada ceñuda antes de negar con la cabeza, como si estuviera decepcionado. Luego se aleja.
—¿Qué le pasa? —pregunta Donny, confundido.
—Lleva un día muy malo —miento, sin saber bien por qué lo hago.
Justo cuando la multitud está a punto de dispersarse para ir a buscar inútilmente a Kyle en el bosque, las campanas de la iglesia comienzan a repicar.
Ladeo la cabeza con el ceño fruncido, sin comprender por qué tocan a las seis y cuarto de la mañana. Normalmente solo suenan cada hora.
Hay una extraña bolsa enorme, parecida a una lona, colgada del campanario de la iglesia.
Parece que hay una cuerda de aspecto sospechoso atada a una de las manecillas del reloj de la torre, y observo que cuando marca las seis y dieciséis, de repente algo sale disparado de la bolsa.
Se oye un jadeo colectivo segundos antes de que los gritos se extiendan por todo el parque. La gente retrocede, apartando la mirada de la escena, y varios empiezan a correr como si les fuera la vida en ello.
El sheriff se tambalea, con los ojos muy abiertos, la piel pálida y las piernas flojas. Se tropieza con un ayudante, que le ayuda a mantenerse en pie. Los agentes que no se han quedado atónitos en sus puestos corren hacia la iglesia, junto con Lisa y Donny.
Incluso a mí se me revuelve el estómago al contemplar el campanario con total horror.
No estoy seguro de que sea Kyle Davenport lo que veo colgado, ya que lo que queda de cuerpo no es suficiente para reconocerlo, pero todos llegamos a la misma conclusión.
Aunque no podamos identificarlo, sabemos que es él.
La cuerda lo sostiene por el cuello de manera que su cuerpo desnudo y desgarrado cuelga de la torre mientras las campanas siguen repicando. Si su intención era provocar el pánico generalizado, acaba de conseguirlo.
Por otra parte, probablemente sea un plan de la mente maestra.
Sabían que el parque estaría lleno de gente a esa hora, aunque la reunión fuera improvisada. Conocen al sheriff . Sabían lo que haría incluso antes de que lo hiciera.
El cadáver castrado se balancea, chocando contra el ladrillo de vez en cuando. Y no puedo apartar la mirada.
¿Quién sino un psicópata es capaz de hacer algo tan depravado y siniestro?
—¿Sigues pensando que merece una vida feliz? —pregunto en voz baja mientras Leonard traga saliva de forma audible.
—Esperaba encontrarlo en condiciones pésimas —dice entrecortadamente—. Fue él quien lo orquestó todo.
Niego con la cabeza.
—Estamos ante alguien con una psicosis tan grave que se cree con el derecho de hacer algo así a pesar de no haberse visto perjudicado personalmente.
—Y si fuera tu hermana la que hubiera sido víctima de Kyle Davenport, ¿seguirías creyendo que esto es excesivo? —pregunta Leonard con tono severo.
—Yo no tengo hermanas —respondo, antes de adentrarme en el caos.
Elise se acerca cojeando a mi lado y yo reduzco el paso para que pueda seguirme.
—¿Crees que este ha sido el golpe final? —pregunta Elise, echando un vistazo a la espantosa escena que tiene delante antes de volver a mirarme.
Es poco probable que esto sea el final porque la asesina no muestra señales de descontrol, como es habitual en estos casos.
—Sinceramente, no lo sé.
Lisa se acerca corriendo hacia nosotros, extrañamente pálida. Parece que está a punto de vomitar.
—¿Desollado y castrado? —le pregunto.
Ella traga saliva con dificultad.
—También le faltan los diez dedos de las manos.
Era de esperar.
—Hay algo nuevo, aparte de que lo hayan despellejado entero —dice, haciendo una mueca.
—¿El qué?
—Le cosieron los ojos para mantenérselos abiertos.