Capítulo 12. Lana #2
Se abalanza sobre mí de repente y yo me aparto a un lado y levanto el pie justo a tiempo para darle una patada en el estómago.
Apenas se concede tiempo para recuperarse antes de volver a intentar agarrarme de nuevo, pero es como ver a un niño pelear contra un matón adolescente (siendo yo el segundo, claro).
Con una rápida sucesión, le asesto un golpe tras otro, le doy un puñetazo en la nariz y un rodillazo en las costillas. Sus gritos de dolor son como música celestial para mis dementes oídos.
Conforme me doy la vuelta, levanto el pie y le golpeo tan fuerte en un lado de la cara que le hago sangrar por la boca. Gira sobre sí mismo y choca contra el cristal, donde deja una mancha de sangre antes de caer al suelo.
Mientras escupe sangre, me mira con odio.
—¿Y tú quién coño eres?
La música comienza a sonar a través del intercomunicador; la voz de mi madre nos envuelve, amenizando el momento con recuerdos del pasado que le hacen abrir los ojos como platos y palidecer.
Esa es la canción con la que la Muerte Escarlata ha estado atormentando al pueblo entero. Está empezando a encajar las piezas poco a poco.
Retrocede a toda prisa, moviéndose de lado hasta chocar con una pared, sin espacio para seguir huyendo.
—Soy la chica a la que pensabas que habías destrozado —digo en voz baja, dando un paso hacia él mientras un delicioso temor se apodera de su cuerpo—.
Soy la chica a la que le arrebataste demasiado.
—Doy otro paso más y él emite un quejido de dolor al intentar ponerse de pie, pero vuelve a caerse por las prisas—.
Soy la chica a la que pensaste que habías matado.
Por fin se pone de pie, y le lanzo puñetazos a la cara una y otra vez mientras él intenta protegerse con torpeza.
Termino por agarrarlo del pelo y estrellarle la cara contra el cristal, consciente de que Jake está al otro lado disfrutando de esto tanto como yo.
—Soy la chica que va a acabar por fin con tu reinado del terror.
—No —gimotea, y hace una mueca cuando vuelvo a estamparle la cara contra la pared. Luego le inclino la cabeza hacia atrás tirándole del pelo, dejando que vea el reflejo ensangrentado de su rostro mirándole fijamente.
—Voy a obligarte a que veas cada puto segundo que dure esto, igual que hiciste con Marcus.
Él grita de dolor cuando le retuerzo el brazo en el ángulo justo con tal fuerza que se le descoyunta.
Se da la vuelta y trata de golpearme con la mano buena, pero es un movimiento patético que esquivo sin despeinarme.
—Menudo enclenque —me burlo—. Tantas mujeres heridas por una piltrafa como tú.
Se le ensombrecen los ojos y una sonrisa enfermiza se dibuja en mis labios cuando un cuchillo se desliza hasta mis pies, acompañado por el sonido de la puerta cerrándose y bloqueándose de nuevo.
—Creo que a esta me apunto —dice Jake mientras se acerca.
Kyle se agacha para agarrar el cuchillo, pero yo lo recojo y le doy una patada para alejarlo, ignorando las lágrimas que me escuecen en los ojos y amenazan con brotar. He imaginado este momento durante mucho tiempo, y ahora compruebo que él es mucho más débil de lo que recordaba.
Recuerdo la fuerza con la que nos inmovilizaba. Me vienen a la mente sus palabras mientras Jake derriba al gritón de Kyle y le sujeta los brazos, tal y como él nos hizo a nosotros.
—Oh, esto te va a encantar, bonita. Como en los viejos tiempos.
Agarro el cuchillo y se lo clavo en un dedo, disfrutando de los gritos que le siguen. Un escalofrío me recorre el cuerpo, y la euforia de la venganza se extiende por mis venas como una presencia tangible.
Me cuesta un poco, pero al final el cuchillo rompe el frágil hueso y otro grito desgarrador resuena en el cubículo.
Jake sonríe cuando levanto el primer dedo.
¡Sujetadla! Agarrad a Marcus también. Esto va a ser divertido.
—Esto va a ser divertido —digo, repitiendo las palabras del pasado mientras le meto el dedo en la boca y le tapo la nariz con la mano. Me subo a horcajadas sobre su cuerpo para que no se mueva y lo oigo ahogarse con su propio dedo, cortado a la altura del nudillo.
Él se resiste con todas sus fuerzas, pero el instinto de tragar finalmente se impone a todo lo demás, y lo suelto tras ver cómo su garganta se esfuerza con dolor por tragarse el dedo.
En cuanto me incorporo, vomita con la cabeza hacia un lado mientras la lágrimas le empapan la cara.
—No te me pongas enferma, Victoria —se burla Kyle mientras yo vomito, vaciando el estómago sobre el pavimento, y luego me obliga a revolcarme ahí mientras me sujeta para que Lawrence disfrute de su turno—. Solo acabamos de empezar.
—No te me pongas enfermo, Kyle. Solo acabamos de empezar —digo, cortando otro de los dedos que en su día me inmovilizó.
Cuando grita, nuevos recuerdos me asaltan y unas lágrimas de puro odio resbalan repentinamente por mis mejillas.
—La hija de una puta y una nenaza. Verás, sé que tu padre no habría tenido los cojones que hacen falta para matar a esas mujeres, pero me da igual. Ahora te aguantas, Victoria. Te aguantas y te callas de una puta vez .
—¡Te aguantas! —grito, y le corto otro dedo—. ¡Te aguantas y te callas de una puta vez!
Jake lo sujeta con más fuerza mientras le corto los diez dedos y luego le vendamos la herida para evitar que sangre más de la cuenta.
Kyle llora desconsoladamente, pero iba en serio. Solo acabamos de empezar.
—Te toca, Tyler. Prepárate. Esta noche montamos a pelo, veréis qué divertido —se burla Kyle, agarrándome la entrepierna y dándome una palmada—. Se está desgastando un poco.
—Esta es por mí —siseo mientras le hago un tajo en el torso y me levanto cuando grita de dolor. El corte es lo suficientemente superficial como para que le arda como el fuego, pero no lo suficientemente profundo como para que sangre demasiado.
Me viene a la mente otro recuerdo, uno que me oprime el corazón y me lo aplasta sin piedad.
—Lo siento, señorita Carlyle. Pero parece que el daño causado en sus órganos internos y los procedimientos de emergencia que le realizaron en el hospital no le permitirán tener hijos. Se vieron obligados a realizar una histerectomía de urgencia.
Más lágrimas caen por mis mejillas mientras le rajo el costado, arrancándole lentamente un trozo de carne del cuerpo como la monstruosa experta en la que me he convertido.
—Esta es por mi padre —le digo, seccionando otra parte.
—Tu padre era un debilucho. No dejó de llorar mientras los hombres de mi padre se lo turnaban. Ah, deja que te cuente todo lo que le hicieron y cómo tu padre lloró como una nenaza.
Lo despellejaré vivo antes de terminar.
—El culo de este está más apretado que el coño de aquella, por si alguien quiere probarlo. Como es un puto maricón, se lo está gozando —dice Kyle entre risas.
—¿Te has llenado el rabo de mierda? —se mofa Morgan.
—Qué va. Solo necesitaba sentir algo que una puta desgastada no puede darme. Dejó de estar apretada la primera vez que le metí la polla.
Le arranco otro pedazo de carne, y Jake sigue sujetando a Kyle mientras mis lágrimas se vuelven más intensas y febriles y me queman la piel.
—Ya te quité la virginidad hace tiempo. Es justo que te quite esto también —dice Kyle, y me gira hasta que quedo bocabajo entre gritos, obligándome a contener las lágrimas cuando me hace ponerme de rodillas y me abre las nalgas.
—¡No lo hagas, por favor! —grito.
—Suplícame, puta. No te servirá de nada. A nadie le importa.
—¡Para, por favor! —chilla Kyle mientras sacudo otro cuadrado de carne delante de sus ojos.
—Suplícame, puta. No te servirá de nada —susurro con voz siniestra—. A nadie le importa.
Intenta cerrar los ojos, pero lo agarro de la mandíbula y lo obligo a abrirlos y a mirar fijamente al espejo que hay sobre nuestras cabezas.
—Nos queda un buen rato —le digo con calma—. Y vas a estar despierto todo lo que quede, aunque te tenga que coser los párpados para que los mantengas abiertos. Así que tú decides si hará falta o no.
Él llora por una razón diferente a la mía. Mis lágrimas caen tras diez años de angustia reprimida. Diez años de odio contenido. Diez años de dolor que he ignorado.
Este es el monstruo que encabezó el ataque, y lo voy a matar con mis propias manos.
Lloro porque voy a ser libre.
Lloro porque ya no va a aparecer en mis pesadillas. Dormiré tranquilamente al recordar los gritos que está profiriendo como un loco.
—No te preocupes, Victoria. No morirás todavía —dice Kyle mientras desliza el pequeño cuchillo sobre mi cuerpo, dejando un leve rastro de sangre—. Tenemos toda la noche por delante.
Al apartarme de su cuerpo, se me resbala el cuchillo, que le inflige un corte en la carne flácida que tiene entre las piernas. A diferencia de Morgan, él no es ningún pervertido sexual. Solo es un hijo de puta enfermo con tendencias sociópatas.
Se queda helado, con los ojos como platos por el miedo, consciente de lo que está por venir.
—No te preocupes, Kyle. Todavía no estoy lista para la traca final. Tenemos toda la noche por delante.
—Ahora todo el mundo sabrá que eres una puta. Todo el pueblo te verá como lo que eres en realidad.
—¡Nunca saldrás impune de esta! —grita mi hermano, pero Kyle lo ignora y me habla como si fuera yo quien hubiera dicho esas palabras.
—Será como si nunca hubiera ocurrido, Victoria. Porque no le importas a nadie. Y mi padre seguirá siendo la persona a la que todos temen, mientras tú te pudres en tu tumba junto al maricón de tu hermano y el gallina de tu padre .
Bajo la voz mientras me quedo mirando sus ojos desorbitados y aterrorizados, que no dejan de derramar lágrimas.
—¿Pero mañana? Todo el pueblo te verá como lo que eres en realidad.
Un hombre débil e inútil al que un día temieron.
Ahora será a mí a quien teman. Y pronto le llegará el turno a tu padre.
Entonces los dos os pudriréis en vuestras tumbas mientras yo me voy de rositas con la certeza de que el mejor de los monstruos ganó la guerra.
Cuando otro grito atraviesa el aire, mi llanto se calma, los recuerdos se desvanecen y la frialdad que solo Logan puede derretir me envuelve con un abrazo asfixiante.
Kyle Davenport no aguantará toda la noche.
Pero estoy decidida a alargarlo todo lo posible.