Mentiras (Mindf*ck 4) Capítulo 12. Lana
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Capítulo 12. Lana

LANA

Los tiranos inteligentes nunca reciben castigo.

— V OLTAIRE

—¿Seguro que serás capaz de soportarlo? —le pregunto a Jake mientras entro y me quito la sudadera.

—Llevo demasiado tiempo esperando, y estoy tan cabreado que esta noche me da igual la sangre, Lana. Solo de mirarlo me dan ganas de matarlo. Estaré bien.

—Será la peor —le recuerdo.

Él recoloca los hombros.

—Si necesito parar, te aviso. Pero dudo que me vaya a hacer falta con este. —Aprieta la man­díbula y yo asiento, contemplando distraída­mente la colección de cuchillos relucientes que están esperando para mancharse de rojo.

—¿En qué coche has venido? —pregunta Jake sin venir a cuento.

—En el Lexus que aparcaste en la antigua casa de Lindy.

—¿Te ha visto alguien?

Le respondo negando con la cabeza.

—¿Y Logan? —pregunta.

—Le diré que pillé el autobús hasta que pude llamar a un taxi.

Levanto la vista hacia él.

—¿A qué viene este interrogatorio?

Frunce los labios.

—Ahora saben que no actúas sola. Solo es cuestión de tiempo que destapen el pastel, Lana.

Levanta el teléfono justo cuando las cámaras los graban adentrándose en lo más profundo del bosque. Los perros andan como locos, pero no van a encontrar nada. Después de empapar la ropa y la máscara con lejía, lo eché todo al agua.

—Sabíamos que no podíamos perder tiempo dejando huellas de arrastre. Era inevitable que se enteraran de que tengo un compañero —digo con indiferencia, acercándome a la ventana desde la que se puede ver el interior.

Kyle está golpeando el cristal que, desde su perspectiva, hace las veces de espejo.

De hecho, todo el cubículo en el que está gritando está cubierto de estos cristales, excepto el techo, que sí es un espejo de verdad.

Las paredes son a prueba de balas, prácticamente imposibles de romper, por muchos puñetazos y patadas que dé.

Tiene la mano toda ensangrentada por los golpes, y yo sonrío de satisfacción. Puede que supiera que no le gustan los espacios cerrados y planeara este precioso lugar para el crimen hace dos años. Puede que construyera esta tumba subterránea llena de espejos exclusivamente para él.

Exclusivamente para el día de su muerte.

Jake ya le ha quitado la ropa, y lo ha dejado completamente desnudo y vulnerable. Ver el cuerpo desnudo de Kyle me revuelve el estómago.

—¿Duke sospechó algo? —pregunta Jake mientras enciendo el intercomunicador, lo que nos permite escuchar las interminables amenazas que brotan de los labios de mi próxima víctima.

No tiene ni idea de lo inútiles que son esas amenazas.

—No. Como no pudieron contactar conmigo de inmediato, la policía lo llamó a él, ya que se tomó como algo personal que el Hombre del Saco atacara cuando bajó la guardia para encargarse de un caso más grande y mejor.

Su implicación, motivada por la culpa, ha acabado beneficiándonos, porque tenía que verme con él y es mucho más fiable como testigo de mi paradero que cualquier policía normal.

Está vigilando mi casa, convencido de que estoy dentro ahora mismo.

—¿Y si decide llamar y comprobarlo?

—Eso suena a la paranoia que prometimos afrontar si alguno empezaba a tenerla —digo, volviéndome hacia Jake—. La paranoia conduce a la imprudencia.

—Es una pregunta lógica —responde Jake, borrando toda emoción de su rostro y ocul­tando el pánico que sé que está sintiendo.

Bajo el volumen del intercomunicador mientras Kyle amenaza con arrancarle a alguien la columna vertebral.

—Si toca la puerta y no respondo, me llamará.

—Le muestro mi móvil—. Y yo responderé.

Si me pregunta dónde estoy, le diré que he salido a correr para despejar la mente.

Lo cual es cierto, porque crucé corriendo los senderos que hay tras el bosque.

Estamos a tres kilómetros de mi casa. Puedo volver corriendo fácilmente.

Por eso compré justamente esa, a pesar de llevar poco tiempo viviendo en ella.

Todo esto ya lo sabías, ¿a qué viene tanto drama?

Exhala con fuerza cuando Kyle comienza a lanzarse contra el cristal en un intento desesperado por romperlo. Sin embargo, rebota sin siquiera hacer una grieta en la superficie resistente.

—Perdona —dice Jake al fin—. Es solo que las cosas están empezando a salir mal.

Primero, Logan te ve, pero por alguna razón milagrosa no te reconoce.

Luego, te encuentras deliberadamente con él cuando no tendrías por qué estar allí y llamas a una ambulancia.

Sospecha de una mujer, Lana. Tú misma me lo dijiste.

Y ahora saben que tienes un compañero. Presiento que todo va a terminar antes de tiempo.

Coloco una mano sobre su hombro y le dedico una media sonrisa comprensiva.

—Lo entiendo, pero podría haber muerto si no llego a salvarlo, y ya corríamos el riesgo de que descubrieran lo del compañero al no dejar marcas de arrastre. Era la única forma de atrapar a Kyle. Entrar en su casa habría sido muchísimo más difícil con los cuatro ayudantes del sheriff dentro.

Él resopla con fuerza.

—Si tu vida hubiera estado en peligro y fuera Marcus quien se estuviera vengando en mi nombre, él lo habría sacrificado todo para salvarte. Igual que tú habrías hecho por él.

Ablanda la expresión y se inclina hacia delante para darme un beso en la cabeza. Una muestra de afecto fraternal.

—Si fuera Marcus quien estuviera haciendo esto, yo seguiría a su lado —dice entre susurros—. Lo estaría ayudando. ¿Puedes decir lo mismo de Logan?

El corazón se me encoge en el pecho y lucho contra las emociones que intentan aflorar mientras me doy la vuelta para ver cómo Kyle se tambalea tras otro intento fallido de romper el cristal.

—Debería entrar ahí y empezar antes de que se mate él solo. Se cargaría toda la diversión —digo con calma.

Cuando me giro hacia la puerta, Jake me dice:

—Me preocupa que, llegado el momento, Logan no te elija de la misma manera que tú sigues eligiéndolo a él, Lana.

Le doy la espalda, de pie en el umbral de la puerta, haciendo todo lo posible por que no me afecten sus palabras.

—Me preocupa que nunca lo comprenda y solo vea los defectos y no las virtudes.

Me preocupa que no te quiera lo suficiente como para darte lo que yo le daría a Marcus.

Y me preocupa que estés dispuesta a dejar que te mate antes de luchar por tu vida.

Cada día me preocupo más. Porque te quiero igual que lo hacía Marcus.

Eres mi única familia, Lana. Eres todo lo que tengo.

Y Marcus resucitaría de entre los muertos para matarme con sus propias manos si me quedara de brazos cruzados al ver lo que está pasando.

Trato de esbozar una leve sonrisa mientras una lágrima se desliza por mi mejilla.

—Marcus te habría elegido a ti antes que a mí —susurro con voz ronca.

—Lo dudo, Lana. Y ya te he fallado una vez. Te fallé mucho más de lo que nunca habría imaginado.

—Tú no me fallaste, Jake —digo, sin darme la vuelta—. A nosotros nos falló todo el mundo.

Giro la cara para mirarlo a los ojos y añado:

—¿Pero tú? Tú eres un héroe sacado de un cuento de hadas, que además no espera que la heroína se abra de piernas a cambio.

Él se echa a reír y yo le dedico una sonrisa antes de alejarme. En cuanto desaparezco de su vista, la sonrisa se desvanece y me llevo una mano al pecho, luchando contra el dolor que no pienso dejar que vea.

Tanto que hemos aprendido. Tanto que hemos descubierto. Tantas cosas que tenemos entre manos a la vez.

Y en lo único en lo que pienso es en lo que hará Logan cuando descubra la verdad.

Una vez más, adoptando una apariencia de calma, empujo la puerta y sale a relucir la asesina que hay en mí, convirtiendo mi corazón en hielo y mis nervios en acero.

Kyle ni siquiera se percata de mi presencia hasta que la puerta se cierra y se bloquea con una cerradura, cuyo sonido resuena a nuestro alrededor.

Esa mirada letal se vuelve hacia mí, pero luego titubea y arquea las cejas con expresión de desconcierto.

—¿Los putos federales? ¡¿Los putos federales son los responsables de esto?! —grita—. Os voy a servir a todos en bandeja cuando mi padre se entere de lo que habéis hecho.

Una sonrisa sombría se arrastra por mis labios como la mueca amenazante de una serpiente.

—Ay, los federales no tienen nada que ver con esto, Kyle. ¿Te acuerdas de mí? —pregunto, con tono ligero pero burlón, mientras doy un paso hacia la izquierda, moviéndome sin prisa por la habitación cubierta de espejos.

Él ladea la cabeza.

—Tú eres la novia del federalucho ese. No creo que sea tan gilipollas como para cabrearme y luego dejarme a solas con alguien tan frágil.

Me repasa de arriba abajo con una expresión que me resulta demasiado familiar, con una mirada lasciva, contemplativa y calculadora.

—¡No te conviene hacer esto, agente Bennett! ¡No tienes ni idea de lo que soy capaz de hacer! —grita, para luego añadir—: Si juegas conmigo, lo pagarás caro.

Se oye una voz por el intercomunicador cuando Jake se anima a participar.

—En realidad, los federales están a horas de distancia, Davenport. Espero que no cuentes con que papá te salve esta noche.

Kyle se pone tenso y mira a su alrededor. Reconoce la voz de Jake, pero aún no ha identificado la mía. Me indigna un poco, para qué engañarnos.

—¿Jacob Denver? —pregunta Kyle, confundido mientras mira a todas partes—. ¿Qué cojones te crees que estás haciendo? —exige saber, golpeando el cristal con el puño.

—Ayudándome a saldar una deuda pendiente de hace mucho tiempo —respondo, sonriendo con malicia cuando vuelve a dirigirme esa mirada sombría.

Ladea la cabeza y empieza a venir directo hacia mí.

—Conque quieres jugar, ¿no? Deja que te enseñe lo mucho que te estás equivocando —gruñe.

—Por favor, no te cortes —me burlo.