Mentiras (Mindf*ck 4) Capítulo 10. Lana #2
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Capítulo 10. Lana #2

Todos gritan cuando le clavo una navaja en el pecho y lo tiro a un rincón. La gente se echa a reír mientras él se ahoga en su propia sangre.

—¡Qué cutre! —grita un adolescente—. Buen intento, ayudante Byron. Mejor limítese a su trabajo.

Mientras el ayudante del sheriff sigue desan- grándose, veo a Kyle al fondo, como era de espe­rar, merodeando por el área del «burdel», situada en un lado. La sala en la que estoy ahora se llama «el mentiroso».

La escogimos a propósito.

Echo una sábana sobre Trevor mientras la sangre sigue brotando y extendiéndose por su pecho. Él me mira conmocionado cuando le cubro la cabeza, arropándolo para un largo sueño.

Se desangrará delante de todos.

Pero ese no es el plato fuerte.

Chad Briggs aparece justo cuando pongo en marcha la sierra eléctrica, y se escuchan más gritos a mi alrededor cuando finjo que me acerco demasiado a la fila de personas. Muevo la cabeza de un lado a otro, con una actitud aterradora.

Vuelvo a poner en marcha la sierra justo cuando Briggs se acerca, tras dejar holgazanear un poco más en la sala del burdel a Kyle, que mira a dos chicas besarse mientras de los pezones les gotea sangre falsa que les mancha las camisetas blancas.

Briggs me mira, confundido, analizando mi particular elección de disfraz. Me acerco, pero él se mantiene firme con aire de suficiencia mientras cada vez más gente pasa corriendo, gritando como si fuera un asesino en serie loco.

«A ver…».

Con un empujón rápido e inesperado, tiro a Chad al suelo y todos a nuestro alrededor estallan en gritos frenéticos. Chad abre mucho los ojos y suelta un taco cuando se da cuenta de lo que pasa, pero ya es demasiado tarde.

—No puedes verme —le digo mientras le clavo la sierra y la pongo a máxima potencia.

Un grito desgarrador emerge de sus labios cuando la sierra le atraviesa el pecho, cortando la carne y salpicando de sangre a los que están en la fila.

—¡Hostia puta! ¡Pero si parece de verdad, coño! —grita un chico.

Sonrío con malicia mientras hundo aún más la sierra y le corto el abdomen, dejándole al descubierto los intestinos para que todos los vean.

La gente empieza a pasar corriendo por nuestro lado, gritando mientras señalan y sacan fotos. Es una pena que piensen que lo que están viendo son efectos especiales muy bien hechos. No saben que están presenciando un asesinato.

Mientras Chad se ahoga en su propia sangre, Kyle se acerca y yo me inclino para susurrarle mi frase favorita.

—Soy Victoria Evans. La hija del hombre al que matasteis. La hermana del chico al que dejasteis morir. La víctima a la que convertisteis en un monstruo. Os voy a matar a todos.

Intenta articular alguna palabra, pero me quedo observando con morbosa fascinación sus infructuosos intentos de retener los intestinos dentro de su cuerpo. Kyle palidece, la chica que le acompaña se tambalea hacia atrás y yo me acerco a él.

Él sabe perfectamente que esto no es falso.

Intenta darse la vuelta y huir, pero le lanzo la sierra y le doy justo en la nuca.

Lástima que no esté encendida.

Le da tal golpe que lo derriba al suelo, y su novia grita y sale corriendo en medio de la masacre.

Cojo un bote de sosa cáustica al tiempo que arrastro a Kyle por los pies hacia la puerta.

—¡La mejor sala del mentiroso de la historia! ¡Me cago en la leche! ¡Esto va a ser imposible de superar el año que viene! —grita un adolescente completamente asombrado mientras Chad sigue boqueando para pedir auxilio.

Arrojo la sosa cáustica que he traído sobre la sábana que hay junto a la puerta, empapando a Trevor con ella.

Más gritos brotan de debajo de la sábana mientras el olor a carne podrida y sosa cáustica se mezclan e impregnan el aire.

Me empiezan a arder los ojos, pero la máscara que llevo debajo de la máscara —sí, llevo una debajo de otra— evita que inhale la mayor parte de los vapores.

Sin embargo, la gente sale pitando entre gritos de horror cuando sienten la quemazón.

Con todo el alboroto, nadie se percata de que arrastro el cuerpo inconsciente de Kyle hasta la zona donde hay un agujero en el suelo. Nadie me ve meterlo dentro mientras Trevor sigue gritando.

Nadie se da cuenta de quién es la persona enmascarada que lo arrastra bajo la casa de los horrores ambulante.

Me meto en el agujero, al no ver los pies de nadie corriendo. Por ahora. Detrás de mí se oyen unas ruedas acercándose, y miro el móvil para comprobar por las cámaras que Logan está hablando con Leonard.

Los dos agentes que están fuera irrumpen en la casa cuando la novia sale corriendo sola. Es ahora o nunca.

Rápidamente salgo rodando de debajo del re­molque y arrastro a Kyle conmigo. Está inconsciente cuando veo que se abre la puerta trasera de un coche. Varias miradas se dirigen hacia nosotros y me llevo el dedo a los labios, haciendo el gesto universal de silencio.

Una mujer palidece y aparta la mirada, con todo el cuerpo paralizado. No se mueve ni dice nada.

Jake lleva puesta la máscara y, tras girarse en su asiento, agarra a Kyle por el brazo y me ayuda a meterlo en el vehículo. Le clavo la jeringuilla en la cadera para asegurarme de que no se despierta.

No hablamos, y lo dejo marchar mientras yo me giro y me alejo como si no acabara de ayudar a secuestrar al hijo del sheriff. Estoy deseando tener cinco minutos a solas con él.

Mientras suenan las sirenas y el caos se vuelve cada vez más frenético, oigo a Logan gritar el nombre de alguien y comprendo que ya se han dado cuenta.

Ahora empieza la mejor parte.

Como hacen los asesinos en las películas, me interno tranquilamente en el bosque sin que nadie me siga.

Algo me dice que Delaney Grove nunca volverá a ver una casa encantada con los mismos ojos.