Capítulo 10. Lana
LANA
La casualidad es una palabra sin sentido; nada puede existir sin una causa.
— V OLTAIRE
—¿Crees en las casualidades? —le pregunto a Jake mientras apoyo los pies en el salpicadero de su coche.
Estamos escondidos dentro, aparcados entre las sombras, y observamos cómo se va formando una larga cola para entrar en la Casa del Pecado, abierta una única noche.
Debería resultar evidente que este pequeño espectáculo de una sola función está más concurrido que cualquier otro evento que se celebra en el pueblo a lo largo del año.
Debería ser prueba suficiente de que esto está plagado de enfermos con la mente oscura y trastornada por tantos años de opresión.
—¿En las casualidades? Sí.
—¿Casualidades tan grandes como la nuestra?
Él suspira con fuerza.
—¿De qué va todo esto, Lana? Estás empezando a preocuparme de verdad.
Juego con las puntas de mi pelo, fijando la mirada en ellas mientras esperamos.
—Marcus siempre creyó que nada pasaba por casualidad. Que todo estaba entretejido en los planes del destino y que todo tenía un propósito.
—¿Qué propósito tiene lo que les sucedió hace diez años a toda tu familia y al único hombre al que he amado? —Formula la pregunta con calma, pero se le da bien ocultar cuando se enfada.
—No he dicho que fuese un propósito bueno —le digo con suavidad, extendiendo el brazo para entrelazar nuestros dedos.
Él me aprieta la mano y respira hondo.
—Si no hubiera sido nuestra familia, habría sido otra —continúo.
Recuesta la cabeza y mira desde la punta de su nariz hacia la fila cada vez más larga frente a la Casa del Pecado.
—¿Cuál diría Marcus que fue la razón? —pregunta, aunque con voz rasposa.
—Tú lo conocías igual de bien que yo, si no mejor. Dímelo tú —respondo, y esta vez soy yo quien le aprieta la mano.
Se le tensan los labios por un momento, pero entonces responde:
—Si hubiera sobrevivido, tú y yo no habríamos acumulado tanta rabia como para sumergirnos en la oscuridad y hacer lo que fuera necesario para vengarnos. De no haber sido tu padre el chivo expiatorio, le habría tocado a otro hombre y a su familia.
—Y no todo el mundo es capaz de volverse tan cruel como para cortarles la polla a varios hombres y torturarlos durante días sin perder del todo su humanidad —añado encogiéndome de hombros.
Él se ríe por lo bajo, sacudiendo la cabeza.
—Sí. Sin duda repararía en eso, y lo expresaría casi con las mismas palabras. También diría que nadie tendría la determinación necesaria para llevarlo a cabo, salvo tú y yo. Destacaría que aprendí a programar precisamente por esta razón. Que me especialicé en informática justo por esto.
Centro mi atención en Logan cuando pasa junto a nosotros, mirando a su alrededor como si estuviera buscando a alguien o algo. Aquí estamos bien escondidos entre los demás coches, y hay un sensor que nos avisa si alguien se acerca demasiado.
Mi mejor amigo es increíblemente paranoico en ese sentido.
—Nos habría dicho que Kyle Davenport podría haber sido la peor persona del mundo y no pagar por ello si yo no hubiera sido la única superviviente y hubiera vuelto para cobrar su deuda —digo con tono más serio.
—Y también que el sheriff se habría salido con la suya igualmente y que nadie se habría atrevido a plantarle cara —añade con la misma seriedad.
—¿Qué opinaría de Logan? —pregunto cuando este saca el móvil, supongo que para contactar con un compañero de su equipo.
Están esperando a Kyle, seguramente para ver si alguien se fija en él. Yo ya lo tengo localizado. Está justo en medio de la fila, aguardando su turno.
Cada vez que le veo la cara se me revuelve el estómago, así que me niego a seguir mirándolo. Con él me va a costar mucho controlarme. Voy a querer rebanarle trozos y trozos de carne… Sabrán que lo hice con rabia.
A menos que le arranque toda la piel al muy cabrón.
La casa encantada no es realmente una casa. Son cuatro remolques grandes con agujeros en la parte delantera y trasera, encajados unos con otros y apoyados sobre bloques en la calle. Mañana se los volverán a llevar, y permanecerán almacenados hasta el año que viene.
Dudo que haya un próximo año.
Kyle se pasa la mano por el pelo oscuro y le da un pellizco en el trasero a la chica que lo acompaña, que no parece muy contenta de estar con él.
Hace años, cuando cometí la estupidez de salir con él, era demasiado brusco.
Imagino que ahora será peor, a juzgar por el moretón que ella tiene en el ojo.
Me obligo a apartar la mirada y me vuelvo hacia Jake, expectante por su respuesta. Parece absorto en sus pensamientos, y empiezo a creer que no me ha oído.
—Diría que fue demasiada coincidencia como para que no tenga algún significado —responde al fin, con palabras que suenan casi reverentes.
—¿A qué te refieres?
—Me refiero a que ¿qué probabilidades hay de que te topes con el agente del FBI encargado de tu caso?
¿Y de que te enamores de él? ¿Y de que él se enamore de ti?
Estabais desti- nados a cruzaros, pero él no estaba destinado a detenerte, porque si no ya lo habría hecho.
Ni siquiera yo, un hombre totalmente empírico, soy capaz de desmerecer lo que tenéis tildándolo de mera casualidad.
Quizá su destino era sacar a relucir tu humanidad justo cuando más lo necesitabas.
Al mirarme, sus ojos se suavizan.
—Lo siento. Sé que cada asesinato te insensibiliza más. Te ha tocado asumir la peor parte. El simple hecho de prestarte mi humilde ayuda me ha dejado una marca imborrable en el alma.
Aprieto los labios y vuelvo a mirar a Logan.
—Él aviva mis sentimientos —digo, a pesar de que es algo que he repetido muchas veces—. En realidad, siento que con cada asesinato mi alma se repara, siempre y cuando él esté conmigo después.
—Te mantiene con los pies en la tierra y bien anclada a la realidad para que no acabes encajando en el perfil. —Se inclina hacia mí, me da un apretón en la rodilla y me besa en la mejilla.
Le dedico una sonrisa débil cuando apoya su frente contra la mía.
—Te da un motivo para mirar al futuro con ganas —añade en voz baja—.
Y gracias a él, has recuperado una parte de ti misma que creías perdida.
Eso también me ha hecho a mí albergar la esperanza de tener un futuro algún día, Lana.
Así que quizá Marcus tenía razón. El destino es un cabrón despiadado, pero todo tiene un propósito.
Suelto un bufido y me seco una lágrima mientras él sonríe y mira al frente, apartándose de mí. La mirada perdida y dolorida de sus ojos delata que está dándole vueltas a todo lo que él y Marcus podrían haber sido, aunque diga que nunca piensa en eso.
He derramado demasiadas lágrimas después de jurar que nunca volvería a llorar. Supongo que Jake tiene razón cuando dice que Logan ha despertado mi humanidad.
Sin embargo, no puede impedir que sea un monstruo.
Si estuviera destinado a detenerme, ya lo habría hecho, tal y como dice Jake.
Kyle se va acercando al principio de la fila y Chad Briggs se mueve con él. El otro ayudante del sheriff que lo acompaña es Trevor Byron. Hay otros dos apostados cerca de la parte delantera, donde termina la Casa del Pecado.
Esos dos saldrán vivos.
Al menos esta noche.
Están en mi lista negra, pero creo que sería demasiado ambicioso intentar acabar con cinco de una sentada. Al fin y al cabo, no soy más que una chica.
Sonriendo, observo cómo se van acercando.
—Que empiece el espectáculo —me dice Jake, tendiéndome la peluca/máscara.
Ya llevo puesto el mono. El acolchado disimulará mi complexión y peso. Palpo el bolsillo para comprobar que la jeringuilla sigue ahí.
Jake y yo tendremos que trabajar en equipo con lo de Kyle para asegurarnos de que Logan no me pille con sangre hasta las cejas.
—¿Crees que podrás llegar allí con el coche sin que nadie te vea? —le pregunto.
—Nadie dirá ni pío —se burla, arqueando una ceja.
—Vamos a hacer que las ovejas cambien de pastor —digo mientras salgo del coche y me pongo la máscara.
Todo el mundo va disfrazado, así que solo unos pocos se fijan en mí cuando paso por delante. No puedo ocultar mi altura, pero después de salvar a Logan anoche, eso ya no importa.
Me vio.
Bueno, más o menos. Me preocupaba que me hubiera visto con todo detalle, pero estaba tan aturdido que no se fijó bien. Lo arriesgué todo con tal de salvarlo.
Es difícil pelear escondiendo la cara, pero está claro que lo conseguí.
Todavía me pregunto qué habría dicho o hecho si me hubiera visto bien y supiera que la asesina de sus pesadillas fue precisamente quien lo salvó por amor.
Entro por la puerta lateral y nadie lo cuestiona, dada mi vestimenta. En este pueblo nadie hace preguntas. Simplemente aceptan las cosas tal como vienen, porque así se lo han inculcado.
La multitud se separa cuando llego, gritando a medida que me abro paso entre ellos. A todo el mundo le encantan los gritos, y cuando salgo de entre las sombras, aún más gritos llegan a mis oídos.
Me lleva un momento encontrar el rincón que ha preparado Jake, y empujo a una chica para que se aparte, haciéndole creer que estoy tomando el relevo como parte del plan. La desorganización también tiene sus ventajas.
Por muy popular que sea, sigue siendo una iniciativa del instituto, y no cuenta con ningún orden más allá de la puesta en marcha original.
Ella se va llevándose consigo su hacha falsa, y yo enchufo mi sierra eléctrica.
A Trevor es al primero al que veo, y enciendo la sierra mientras escucho a algunos de los que están delante de él gritar aterrorizados, aun pensando que todo es falso.
La mugrienta habitación está iluminada por una luz estroboscópica que parpadea entre las máquinas de humo y las luces rojas del fondo. Trevor se hace a un lado, esperando a que Kyle y los demás lo alcancen. Sonrío detrás de la máscara antes de agarrarlo.
—¡Suéltame, capullo! —exclama—. No se te permite tocar a la gente.
Ay, cómo me gustaría que me viese sonreír.