Capítulo 6. Logan
LOGAN
La duda es una posición incómoda, pero la certeza es un absurdo.
— V OLTAIRE
—No pudo haber sido una mujer —rebate Donny mientras yo hago una mueca de dolor al incorporarme en la cama de urgencias.
Él está sentado, con una bolsa de hielo sobre la mandíbula. Hollis le golpeó en un lado de la cara con el bate que usó para atacarnos.
—Estoy de acuerdo con él —dice Elise con un suspiro—.
Una mujer habría usado una pistola, no una navaja.
Y, por cierto, el sheriff está dando a entender que Hollis actuó por su cuenta, y Johnson lo respalda alegando que la posible discordia que causaría tu presencia aquí no era nada nuevo.
El director, por supuesto, dice que parece un hecho aislado y que no corremos peligro.
Sigue intentando encubrirlo, incluso a costa de nuestras vidas.
Está furiosa, y con razón.
Lisa me agarra del brazo desde la cabecera de la cama y se acerca a mí acariciándome la mejilla con los dedos.
—Vamos a averiguar la verdad —promete.
Me aparto bruscamente de su caricia y miro hacia la puerta, donde Lana está de pie junto a Craig. Lisa retira completamente la mano cuando Lana la fulmina con una mirada gélida, pero luego suaviza la expresión al encontrarse con mis ojos.
Ella se queda al otro lado de la habitación y se me encoge el estómago. Tuvo que verlo todo. Probablemente esté muerta de miedo.
Craig se da cuenta de que no decimos nada y decide romper el silencio.
—Te salvó nuestra Muerte Escarlata —afirma Craig, lo que me hiela la sangre en las venas.
Hadley se levanta y se dirige hacia Lana cuando mi chica vuelve a fijar la vista en Lisa. Con la cabeza aún aturdida, me cuesta seguir el hilo de lo que está pasando.
Mientras Hadley le susurra algo al oído a Lana, comprendo las palabras de Craig.
—¿Cómo?
Él asiente con la cabeza.
—Está confirmado. Incluso dejó un mensaje.
Me pasa el teléfono, ampliando la foto.
Volved a tocarlo y quemaré este pueblo hasta los cimientos con todos sus habitantes dentro.
—Ha usado la sangre de Justin Hollis para escribirlo —dice Leonard desde la esquina, observándome con atención y luego mirando alternativamente de reojo primero a Lana y después a mí.
—¿Pero qué cojones es esto? —pregunto, confundido.
—Nos protege —dice Craig antes de suspirar—. Primero a Hadley, y después a ti y a Donny.
—En resumen, uno de los ayudantes te atacó y te salvó un asesino en serie sin escrúpulos al que le va eso de ir apuñalando a la gente —bromea Elise.
Vuelvo a mirar a Lana y le hago señas para que se acerque.
Al principio parece dudar, pero acaba caminando hacia mí con pasos lentos y prudentes.
En cuanto está lo suficientemente cerca, la rodeo por la cintura y ella se estremece entre mis brazos, con el cuerpo temblando mientras esconde la cara en mi cuello.
—Tienes que irte a casa —digo con suavidad, abrazándola con más fuerza—. Si el sheriff se ha atrevido a venir a por mí, contigo hará lo mismo.
—Lo dudo —contesta Leonard, que nos observa con expresión curiosa—. Probablemente esté más a salvo aquí que en casa, donde Johnson podría usarla contra ti. No es que sea precisamente brillante, pero sí lo bastante listo como para darse cuenta de lo mucho que te importa.
Y, una vez más, mi trabajo la pone en peligro.
Lana me abraza y esconde la cara en mi cuello, clavándome los dedos en la espalda.
Habría sido mucho mejor para ella que jamás hubiera entrado en su vida.
Es como si estuviéramos condenados desde el principio.
—Necesito ir a comprobar algo —dice Leonard antes de salir de la habitación.
—¿Podéis darnos un minuto? —pregunto, mirándolos a todos.
—No —dice Hadley, encogiéndose de hombros—. Es demasiado peligroso. Puede que el subdirector Collins no sea consciente de la gravedad que ha adquirido este asunto, pero nosotros sí. Nos vamos a turnar para vigilarte.
—Leonard acaba de irse solo —señalo—. Dudo que yo sea el único objetivo.
—Eres el principal —se apresura a responder Hadley—.
Eres el que tiene el poder para plantarle cara a Johnson.
Nos supera a todos en rango, pero a ti no.
Collins tuvo que recurrir a argumentos muy convincentes para conseguir que te enviaran aquí y evitar que el director desestimara por completo el caso.
Hadley está enfadada. Lana está temblando. Todos los presentes están tensos y preocupados.
Un asesino en serie ha tenido que salvarme del ayudante del sheriff. Definitivamente, el mundo está patas arriba.
Lana me besa en el lado del cuello, una muestra de afecto inocente mientras exhala un largo suspiro.
—Y encima estamos en el hospital del sheriff —comenta Lana en voz baja.
—He comprobado todo antes de que te atendieran para asegurarme de que ningún enfermero ni médico intentara hacer alguna gilipollez —dice Hadley con una mueca retorcida.
Me duele la cabeza.
Mucho.
Lana se echa hacia atrás y se seca rápidamente los ojos antes de que pueda ver si hay alguna lágrima. Ni siquiera lloró el día después de que la atacara el Hombre del Saco.
Se aclara la garganta cuando Leonard vuelve a entrar, y él fija la mirada en su rostro, que sin duda está manchado por las lágrimas. Necesito salir de aquí y estar a solas con ella.
Me levanto, todavía un poco mareado. Lana y Donny se acercan a mí y me ayudan a mantenerme en pie mientras Leonard sale y vuelve con una silla de ruedas.
—Solo para llegar al coche —dice Leonard con una sonrisa cuando le lanzo una mirada asesina.
Como no me apetece discutir ni depender de mi novia durante todo el trayecto, acepto la silla a regañadientes. Leonard me lleva hasta el ascensor. En cuanto salimos al vestíbulo, aparece un SUV con Hadley al volante.
Estoy tan atontado que no sé cuánto tiempo ha tardado en llegar ni cómo ha conseguido pasar por delante de nosotros.
Volvemos a las cabañas en relativo silencio, y Leonard atiende las llamadas que llegan desde el hospital por nuestra repentina salida. Nadie se opuso a que nos fuéramos, y era cuestión de tiempo que acabaran conmigo y lo hicieran pasar por un accidente.
—Dos por cabaña. Turnaos para permanecer despiertos —dice Donny cuando llegamos al alojamiento y empezamos a descargar el SUV, supervisándolo todo mientras yo estoy medio dormido.
—Me quedaré con Lana y con Logan —interviene Leonard.
—Yo me quedaré con ellos —rebate Hadley.
Leonard la señala con un dedo.
—Tú te quedas con Elise. Yo me quedaré con ellos. A Logan no le gustaría que te pusieras en peligro y, como bien has señalado, él es el objetivo principal.
Ella empieza a quejarse, pero la interrumpo.
—Ve con Elise —le digo.
Ella cierra la boca y mira a Lana. Se produce un intercambio silencioso entre ellas y Hadley se aleja, lanzando una mirada furiosa a Leonard al pasar por su lado.
Leonard me ayuda a entrar y Lana intenta echarle una mano. Yo apoyo casi todo el peso sobre Leonard.
—Si se marea o empieza a balbucear, avísame de inmediato —le dice Leonard a Lana mientras me colocan en la cama como si fuera un puto bebé.
—Lo haré —dice con suavidad, con la mirada perdida mientras me acaricia la cara.
—Estaré despierto hasta el amanecer y luego dormiré un poco. Quédate aquí con él y grita si necesitas ayuda. —Señala las ventanas de la habitación—. Hay dos puntos de entrada desde el exterior. Presta atención a ellos por si se atreven a entrar. No tengas miedo de usar el arma de Logan.
Deja mi pistola sobre la mesita de noche y Lana la observa con atención.
Ella asiente distraídamente, con la mano aún sobre mí, como si necesitara asegurarse de que no me he esfumado.
—Mantenme informado si sale a la luz nueva información —le digo a Leonard antes de que se marche.
Lana se acurruca junto a mí y me rodea la cintura con el brazo. Leonard la mira cuando me pasa la pierna por encima. No tengo ni idea de por qué la encuentra tan fascinante esta noche.
—Lo haré. Mañana, en cualquier caso. Esta noche no. Tu cabeza necesita descanso.
En cuanto cierra la puerta, Lana exhala profundamente y yo me abalanzo sobre ella.
—Siento que te hayas visto envuelta en todo esto otra vez. Quiero que te vayas a un lugar seguro —le digo, y le beso la cabeza cuando ella se acurruca aún más contra mí.
—No —afirma, sin rodeos—. No te voy a dejar.
—Tienes que hacerlo. Si te…
—O me quedo aquí contigo o busco otro sitio donde dormir en el pueblo. Tú decides —dice con firmeza y cierto enfado en la voz.
—Lana, solo quiero mantenerte a…
—No hay ningún lugar que sea seguro, Logan —dice con un hilo de voz—. No lo hay.
Estoy demasiado agotado para seguir discutiendo, y los ojos se me cierran solos. Ya batallaré mañana.