Capítulo 5. Logan
LOGAN
Lo primero es el relámpago; luego vendrá el trueno.
— V OLTAIRE
—Voy a entrar a ver si Craig tiene algo mientras tú compruebas…
Las palabras de Donny terminan con un gruñido, y yo me doy la vuelta, confundido por su repentino silencio. Cuando lo veo en la pista, con un poco de sangre saliéndole de la boca mientras yace inconsciente, recurro a mi pistola, pero ya es demasiado tarde.
Algo duro me golpea en la cabeza y caigo de bruces. Desconcertado y mareado, me estrello contra el implacable pavimento bajo mis pies. Se me revuelve el estómago y siento que la cabeza me pesa quince kilos más mientras trato de no perder el conocimiento.
La silueta borrosa de un hombre entra en mi campo de visión, pero la luz de la luna no me permite verle la cara. Al menos, no hasta que se arrodilla y me sonríe.
El ayudante del sheriff Justin Hollis.
—¿Es que nunca aprenderéis a dejar las cosas como están, muchachos? —se burla, mientras me quita la pistola de la cadera.
Sin fuerzas, intento resistirme, pero las manos no me responden y el mundo sigue girando a mi alrededor. Es como si la gravedad le hubiera declarado la guerra a mi cuerpo y me tuviera inmovilizado.
Mientras lucho por apoyarme sobre las manos y las rodillas, Hollis se ríe, me da una patada en el estómago y me hace caer de espaldas con náuseas.
Sacudo la cabeza cuando su risa retumba dentro de mi cabeza, como si viniera de todas partes a la vez.
—El temible agente especial Bennett. A mí no me pareces tan intimidatorio. Incluso tenías preocupado al sheriff .
El sonido característico de un arma al amartillarse resuena, reverberando por todas partes, igual que su risa. Pero antes de que se produzca el disparo, le oigo inspirar bruscamente y soltar un grito de dolor.
El arma cae con un ruido metálico en algún lugar lejano, y con la vista borrosa miro a Hollis, que echa la cabeza hacia atrás cuando una figura vestida completamente de negro se convierte en una furiosa mancha borrosa.
Tengo la cabeza tan aturdida que la escena no es más que una película distorsionada ante mis ojos. La figura vestida de negro gira y le propina una patada en el pecho al ayudante del sheriff . Hollis grita y cae al suelo. La figura se abalanza sobre él y le cose la cara a puñetazos.
Incluso lleva las manos cubiertas con guantes negros, así que apenas puedo ver lo que está haciendo.
Hasta que saca una navaja y la sostiene a un lado.
Se inclina hacia delante y observo cómo baja la cabeza hasta situarla junto a la de Hollis. Este grita cuando le hunde la navaja en el costado. Veo cómo la figura se reclina y lo mira fijamente antes de apuñalarle el pecho a horcajadas sobre él.
Hollis grita cuando gira la hoja, y oigo una risa que parece delicada y femenina flotando en el aire.
La figura se pone de pie con la navaja aún clavada en el pecho de Hollis, quien gorgotea sangre al intentar hablar. Me balanceo sobre mi costado, tratando de levantarme antes de que venga a por mí.
Pero observo que se inclina sobre mí. Es pequeño. Muy pequeño. Y, cuando veo con mayor claridad, me fijo en sus hombros estrechos y su delgadísima complexión.
Pequeño. Pequeño. Pequeño.
La palabra no deja de repetirse mientras la figura se inclina y moja el dedo en la sangre que brota del pecho de Hollis. No puedo ver lo que hace la silueta en cuclillas, pero cuando se levanta, saca la navaja del pecho de Hollis y se la clava en la entrepierna.
Hollis deja escapar un último quejido de dolor, y el desconocido se lleva la navaja antes de alejarse y desaparecer de mi vista.
Busco a tientas el teléfono, y cuando por fin lo encuentro, me cuesta sujetarlo. Los dedos no me responden, así que se me resbala y cae al suelo. Cierro los ojos, y cuando los vuelvo a abrir, no sé cuánto tiempo después, me topo de repente con una cara conocida frente a mí.
—¡Logan! ¡Está aquí! —la oigo gritar mientras me sujeta la cara.
—Corre —susurro—. Corre.
Apenas le veo el rostro a través de la neblina, pero puedo olerla, sentirla, y sé que es ella por la forma en que me toca.
—No voy a ir a ninguna parte —dice Lana, mientras comprueba algo en mi cabeza—. ¡Aquí! —vuelve a gritar a algún eco en la distancia.
—¡Logan! —Apenas puedo reconocer la voz de Craig en medio del ruido blanco que lo envuelve todo—. Llamad a una ambulancia ahora mismo.
—¡Donny! —grita alguien, pero Lana no se va de mi lado.
Tengo la cabeza en su regazo y ella da órdenes a gritos y me hace preguntas demasiado rápido para que pueda responderlas.
Por fin cierro los ojos cuando ella grita mi nombre por última vez.
Me vienen demasiados pensamientos a la mente al reproducir la escena en bucle, tratando de encajar todas las piezas.
No ha sido un hombre el que acaba de salvarme la vida.
No era una bestia en absoluto.
Era una mujer.