Mentiras y cuernos 3 Una aventura y una sorpresa #5
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Una aventura y una sorpresa #5

Elevé la cabeza y, tras asegurarme de que Elsa no iba a aparecer todavía, hice scroll hacia el pasado y llegué hasta el primero de los mensajes sin borrar.

Todos los precedentes a éste habían sido eliminados.

Mi novia seguía con la costumbre de borrar sus huellas.

Aun así, no lo había hecho por completo, ya que no todos los mensajes estaban borrados.

Quedaban disponibles partes de diversas conversaciones entre los primos cuyo tema central era Lucy, salpicados por otros de temas domésticos sin relevancia y algunos eliminados aquí y allá.

Cuando empecé a leer, arrancaba en el baño el molesto ruido del secador. Disponía de veinte minutos antes de que Elsa apareciera.

Leí.

Era un mensaje bastante antiguo.

ELSA: No sé si darte la enhorabuena o el pésame. Al coñazo de Lucy no te la quitas de encima ni con agua hirviendo. Tu padre ha decidido que os casáis y no tienes huevos para decirle que no.

ALBERTO: Tiene que haber una manera, joder. Paso de esta payasa. Mi padre solo piensa en unir las dos fortunas y a mí me la sudan ella, las dos fortunas y su puta madre…

ELSA: Sí, sí, juntar las fortunas, no te digo... Lo que le pasa a tu padre es que está encoñado con Lucy. Y quiere que te cases con ella para luego tirársela él. Que nos conocemos, bacalao… jajaja.

ALBERTO: Qué te piensas, que no lo sé? Por qué te crees que la obligo a ponerse ropa sexy?

Pues para eso, para ver si mi padre se decide a follársela y él mismo me la quita de encima.

Pero el muy cabrón no quiere hacerlo porque sabe que en ese caso yo tendría una excusa para rechazarla.

Quiere esperar a que estemos casados y luego zumbársela cuando le salga de las pelotas.

Incluso no me extrañaría que quisiera hacerle un bombo para tener otro heredero.

No me fío de él, joder. Parece que yo no le basto…

Se me estaba revolviendo el estómago.

Aquello era flipante. Aparte de todo, estaba descubriendo una desconocida relación entre los dos primos, mucho más fluida de lo que había imaginado. Incluso enfermiza cuando hablaban de Lucy. Ahora entendía a qué se debía la ojeriza que Elsa le tenía a la chica sin filtros.

Seguí leyendo. Pero solo los mensajes que hacían referencia a Lucy.

Me iba saltando mensajes que no tenían nada que ver, como las citas de los sábados en casa de mis suegros y cosas parecidas, mientras me preguntaba qué contendrían aquellos mensajes borrados para tener que ser eliminados mientras había otros que no.

Lo que leía era muy fuerte.

Cada vez más.

ALBERTO: Se me ha ocurrido una idea. Igual tú me puedes ayudar.

ELSA: Con Lucy?

ALBERTO: Sí, con esa gilipollas, con quien si no?

ELSA: Y qué puedo hacer yo?

ALBERTO: Bueno, tú no, el insustancial de tu novio.

ELSA: Eh, eh… con Sergio no te metas que te mando a la mierda…

Era una bobada, pero el hecho de descubrir que Elsa me defendía a capa y espada me llenaba de tranquilidad, incluso de gratitud. A pesar de todo —de la pareja abierta y esos rollos— parecía que seguía queriéndome como afirmaba.

Seguí leyendo. El asunto se ponía interesante, no podía levantar mis ojos de la pantalla.

ALBERTO: Bueno, a lo que vamos. Se me ha ocurrido lo siguiente: Por qué no convences a tu novio para que se tire a Lucy?

ELSA: Pero qué dices, te has vuelto loco?

Me llevé la mano a la boca para no gritar. ¡La idea de empujarme hacia Lucy no había partido de Elsa, sino del mismo Alberto!

No podía creer lo que estaba viendo. Tenía razón Elsa, su primo debía de haberse vuelto loco.

ALBERTO: No jodas, Elsa, no creo que sea para tanto. Vosotros ahora folláis cada uno por vuestro lado, qué más te da a quién se tira Sergio?

El resto de la conversación estaba borrada.

Gotas de sudor perlaban mi frente.

Pasé varios mensajes de otros temas y después volvían a hablar de lo mismo.

ELSA: Está bien, acepto que Sergio se tire a tu novia, aunque no me convence del todo la idea. Voy a animarle a que se arrime a Lucy y luego ya veremos.

ALBERTO: Esa es mi chica!

ELSA: Pero lo de que la deje preñada, ni de coña. Los niños de mi novio los tendrá conmigo o con nadie. Vete olvidándote del tema.

¡Suputamadre! En algún momento Alberto le había pedido a Elsa que se las apañara conmigo para que le hiciera un bombo a su novia. No se conformaba solo con que me acostara con ella.

¿Se podía estar más enfermo?

¿Y qué planeaba? ¿Que Elsa me regalara unos condones pinchados para que se escapara el semen por el agujero? ¿Y cuándo analizaran el ADN y yo apareciera como el padre, que pasaría conmigo?

¿Sería subnormal el muy gilipollas?

Por fortuna Elsa había demostrado madurez y se había negado a ello.

ALBERTO: Bueno, vale, me olvido del bombo. Pero hay que acelerar lo de que se acuesten. Te propongo que empecemos por empujarles a que pasen ratos a solas en la cocina de tus padres. Con el rollo de la cafetera de mierda, les dejamos solos y que vayan calentándose entre ellos, qué te parece?

ELSA: Vale, por mí bien.

¡Joder!, de nuevo. Por fin entendía las veces que nos enviaban juntos a preparar los cafés de los sábados. Y los largos ratos que pasábamos Lucy y yo sin que nadie apareciera a preguntar si ocurría algo.

¡Estaban intentando que nos liáramos en la misma cocina! O que en la cocina intimáramos —como así había sido— para que nos acostáramos en cualquier otro sitio después.

No podía creerlo. Pero era lo que había.

Recordé aquella noche en el palacete cuando Lucy y yo salimos a dar un paseo. Fue la primera vez que la besé. Me había reído en la cara de Alberto, como si le estuviera quitando a su chica. Ahora veía que la realidad era muy distinta. Era él el que me la estaba regalando. Puto loco.

Seguí leyendo.

Nuevos mensajes borrados

Más mensajes de otros temas.

Y entonces un mensaje que le daba significado al último del chat, el que había aparecido como pendiente y había leído en primer lugar.

ALBERTO: No, no me vale con tu palabra, necesitamos fotos, vídeos, lo que sea. Tienen que ser pruebas que puedan mostrarse en público y que me permitan repudiar a la zorra por ponerme los cuernos.

ELSA: Jajaja… Los cuernos que te pone la zorra? Como si tu fueras un angelito que no se tira todo lo que se menea (emojis de caritas partiéndose de la risa).

ALBERTO: A ver, Elsa, céntrate, joder.

Mas mensajes borrados.

Y yo seguía haciendo scroll hacia adelante.

Entre todos los mensajes que tenían relación con Lucy, hubo algunos que llamaron mi atención especialmente. Habían sido escritos durante el verano en el palacete de Jávea.

ELSA: Eres un gilipollas, te metiste por medio la otra tarde y les cortaste el rollo.

ALBERTO: Qué dices?

ELSA: Pues eso, que he conseguido que Sergio se lance de una puta vez y se fue con Lucy a vuestro cuarto. Fue el día de la fiesta. Le estaba comiendo el coño y lo más seguro es que se la hubiera acabado follando. Pero llegaste tú y les interrumpiste.

ALBERTO: Qué putada!!! Y al final no follaron?

ELSA: Pues claro que no. Lo único que ocurrió es que Sergio le hizo un cunnilingus de gourmet… Lucy encantada, eso sí, pero de follar cero patatero.

ALBERTO: Da igual, aunque se la hubiera metido hasta la garganta no serviría para nada. No tendríamos pruebas, ni fotos, ni hostias. De qué me sirve a mí eso?

ELSA: No te enteras, joder. No era el hecho en sí, era la semilla. Después del primer polvo vendrían más. Y ya les pillaríamos para las fotos. Pero si nunca arrancan, seguiremos sin tener nada.

Después de esto, pasé muchos mensajes sin leerlos, me sentía asqueado.

Y llegué hasta el primero de la noche anterior.

ELSA: Eureka!! Habemus papam… (emoji de humo blanco).

ALBERTO: No me jodas! Han follado por fin los pipiolos?

ELSA: Totalmente. Se la ha metido hasta los huevos a la muy puta.

ALBERTO: Joder, joder!!! Y ahora dame la buena noticia? Tienes fotos?

ELSA: Lo siento, eso no ha sido posible. Casi tenía convencido a Sergio para que me dejara espiarles, pero al final me ha hecho la cobra y se la ha follado sin contar conmigo.

ALBERTO: Su puta madre!!!

ELSA: Tranquilo, al menos ya se han liado. Ahora será más fácil que follen de vez en cuando y fijo que les pillo cualquier día para lo de las fotos. Menuda soy yo… Pero me tienes que prometer una cosa.

ALBERTO: Qué cosa?

ELSA: Qué cuando repudies a esa gilipollas, la mandes lo más lejos posible.

Sobre todo, lo más lejos de Sergio. No me gustaría que esos dos se encoñaran y me hicieran la pascua.

Yo solo hago esto por ayudarte a ti. A ver si al final voy a pagar el pato y la mosquita muerta me quita el novio.

Ya sabes que yo sin Sergio ni loca. Aunque a toda la familia os joda. O quizá por eso…

De nuevo Elsa salía en mi defensa, aunque el comentario podría ser tomado de muchas maneras, tanto positivas como negativas.

ALBERTO: No te preocupes, de eso me encargo yo. La voy a meter tal patada en el culo que la voy a mandar a la luna.

ELSA: Jajaja… Pues eso. Pero espera, tengo algo que aunque no sea una prueba, igual te apetece ver.

Era ahora cuando Elsa le enviaba la foto del condón y le explicaba que no era una prueba, pero al menos era algo: