Capítulo 20 #3
El agua comienza a caer torrencialmente pocos segundos más tarde, empapándonos por completo.
En medio del caos, los dioses alegres rompen a reír con la certeza de que aquel hecho nos hará perder el norte y la noción del tiempo.
Un minuto puede cambiar todo, todo aquello que pensabas creer, todo aquello que habías aprendido, los valores que pensabas consolidados y bajo los que se nutrían cada una de tus decisiones.
Un relámpago cae y un rayo rompe los cimientos sobre los que habíamos crecido.
Un trance momentáneo nos agita a cada uno de nosotros, alejándonos de la amenaza de peligro que se cierne y entonces, desorientados por la tormenta, oímos la primera bala alcanzando a su víctima.
—¡Al suelo! —grito, rezando porque nuestra distracción no haya ocasionado una muerte más.
Un estentóreo pitido acalla mis sentidos.
Los sonidos de fondo afirman que nada ha terminado, pero mi vista nublada es incapaz de percibir lo que está ocurriendo.
Aturdido, parpadeo y me rasco los ojos. «Elle, Nick, Troy, April…
» , repaso en mi cabeza «todos están…» .
Me detengo. Sentado de rodillas, pretendiendo mantener el equilibrio, recibe disparos, una y otra vez, la persona que me salvó de recibirlos en el pasado.
Viktor clava los ojos en los míos mientras su mirada se debilita y yo observo paralizado cómo las balas le atraviesan sin medida.
Mis sentidos vuelven de pronto y me levanto corriendo para tirarle al suelo y evitar que el tiroteo persista.
Caigo sobre su cuerpo que ligero no se opone a resistencia y una lágrima se escapa al ver cómo la sangre germina de él sin poder remediarlo.
—Ve a por él, Tyler, ve a por él —me ordena con la última firmeza que le queda, dándome su arma y apretando mi mano en forma de despedida—. Gracias por haberme dado la oportunidad de conocerte, gracias por devolverme la esperanza. —Asiento con la tristeza fluyendo abrupta a través de mis ojos.
Mi corazón se encoge y la adrenalina se precipita cruel por mi organismo sin otorgarme otra solución que no sea la venganza.
Me alzo cargando la pistola y me doy la vuelta caminando hacia Dane Cox.
Él me apunta, pero esta vez no es tan rápido como yo.
Le disparo en las piernas, primero en una rodilla y luego en la otra, provocando que caiga al suelo precipitadamente.
La lluvia sigue cayendo y resbalando por mí, pero ni siquiera la siento.
Dane gruñe furioso e intenta levantarse, pero es imposible, sus articulaciones sufren con cada intento.
Mis pies oprimen los charcos de agua y salpican al sustrato.
Un instante me sirve para verme reflejado en ellos, para volver a mirar a los ojos a Ethan Fields. «Ya no hay vuelta a atrás.»
Llego hasta Dane y me siento encima, atizándole en el rostro primero con el arma, y después con mis puños insensibles repletos de cicatrices.
Sus ojos no tardan mucho en nublarse. «Puedo verlo, está a punto de perder la consciencia.
» Cargo la pistola y la clavo en su frente, haciéndole sentir la sensación más horrible que puede existir.
Su piel se estremece y su lengua viperina se retuerce al pretender abrir la boca.
—¿Por qué a Viktor? ¿Por qué le disparaste a él?
—Tenía un trato con la mafia, era un acuerdo, ¿qué más te da? Era un asesino, bueno. —Una carcajada sale de sus labios encharcados de sangre—, igual que tú, ¿no? —Hundo aún más la pistola y este grita de dolor.
Mi dedo índice se mueve hasta notar el gatillo. Un escalofrío entumece mi cuerpo, casi siento cómo la vida se escapa de él.
«En ocasiones, ni el bueno es tan bueno ni el malo tan malo.
Tan solo tiene que aparecer algo que te movilice, que te rompa por dentro para que te conviertas en aquella persona que tanto deseaste destruir.
A veces, simplemente te conviertes en un monstruo, y por mucho que quieras huir de ello, siempre te perseguirá. Siempre lo serás.»
—Si me matas, jamás sabrás por qué —confiesa con una sonrisa formándose en su rostro.
Las dudas afloran en mi mente durante un instante. «Todo lo que he sufrido estos meses tan solo quedará resumido a esto.»
Un rayo vuelve a caer en la tierra y en ese momento comienzo a sentir el frío en mi estómago.
Sé que no se debe al agua que rebosa en mi camisa, ni a la sangre que aún circula a sus anchas por esta.
Es ese frío que he sentido en otras ocasiones, en demasiadas quizás, un frío helador que te paraliza y que te hace replantearte todo tu pasado, presente y futuro.
—¡Tyler, tiene un arma! —anuncia April entre gritos desesperados.
Cierro los ojos y un sonido abrumador descansa en el silencio de una vida despojada. La mirada de Dane se pierde en el abismo.
Me levanto, limpiando la sangre de mi rostro con las manos agarrando inseguras la pistola y me doy la vuelta sobre mí mismo.
Las imágenes comienzan a correr a cámara lenta.
Nick sujetando un arma que poco a poco cae al suelo, sus ojos contemplándome atemorizados.
Acaba de salvarme la vida, pero también acaba de arrebatar una por primera vez.
—Ahora todos tenemos las manos manchadas de sangre —pronuncia April cansada y con el temor incrustado en su mirada.
—Tyler… —susurra una voz lejana y a la vez cercana que ya creía muerta.
Las piernas me tiemblan mientras camino hacia él, la ansiedad controla cada parte de mí.
—Viktor —titubeo con dificultad recordando uno de los momentos más emotivos que pasé con él. Aquel día en el que me confesó cada uno de sus miedos y pecados frente a la luna como testigo:
—Eres más valiente de lo que tú crees.
—Mi hermano Nicolay fue un héroe, yo solo fui un esclavo. Espero poder remediar algún día todo el daño que he hecho, solo así seré un héroe como él —exclamó señalando en el cielo la estrella más grande que se veía en el firmamento.
—Gracias por darme de nuevo a lo más importante de mi vida —afirma dedicando una mirada a su hermana—, gracias por convertirte en un hermano.
—Trago saliva al escuchar esa afirmación, intentando deshacerme del nudo en mi garganta—.
Te estaré agradecido siempre, eres la persona más buena del mundo, no pienses lo contrario nunca —continúa a duras penas.
—Viktor, soy yo quien te tiene que dar las gracias, estoy vivo gracias a ti, eres mi héroe, siempre lo serás. —Una lágrima brota de su ojo y sus labios se encorvan hasta formar una pequeña sonrisa—. Eres mi héroe —proclamo dejándome la voz mientras sus ojos se van cerrando cada vez más.
—Por favor, cuida tus espaldas, el enemigo está más cerca de lo que crees —aclara enfocando su última mirada en mis amigos. En ese instante, su voz se deshace en un susurro.
—No puedes morir, joder, no puedes —grito, golpeando con fuerza el duro asfalto e ignorando su último consejo—. no puedes dejarme, no puedes.
—Tyler… ya ha… —dice alguien a mis espaldas y yo le ignoro sin luchar ni siquiera por averiguar quién es.
La tormenta se adormece, un teléfono comienza a sonar, el estribillo de Forever Young de Alphaville envuelve el ambiente. Me levanto aturdido y comienzo a mirar a cada uno de ellos recordando las últimas palabras de Viktor, «¿acaso el enemigo no está ya muerto ?»
Todos se contemplan confundidos. Un gran estruendo retumba, un grito ahogado aturde nuestros oídos. Troy cae al suelo inconsciente agarrando con fuerza su cabeza.
La cuenta atrás ha vuelto a comenzar y, esta vez, sé que será la última.