Capítulo 21
ETHAN
E l sonido mecánico de un teléfono retumba en la habitación.
Rehúyo de contestar durante los primeros minutos, estoy demasiado a gusto en la cama.
Sin embargo, el chirriante tono no cesa y los efectos inevitables del alcohol lo hacen aún más insoportable.
Resoplo y abro los ojos lentamente. Primero el derecho, después el izquierdo.
Elle me contempla sonriente con la mirada cansada y unas grandes ojeras.
—Voy a tener que levantarme yo, ¿verdad? —pregunto frunciendo sarcásticamente el ceño.
—Por favor —suplica, poniendo cara de ángel.
—Está bien —digo, acercándome a ella y dándole un tímido beso en los labios.
Antes de coger la llamada, observo el reloj que dejé hace unas horas en la mesilla. Mi vista se nubla al instante. «Son las 3 am, ¿quién demonios es capaz de llamar ahora? ¿Por qué alguien llamaría…?»
El corazón empieza a latirme con fuerza, y en tan solo unos segundos, lo siento en mi garganta, cabalgando feroz. Deslizo las manos con torpeza hasta alcanzar el teléfono y, por un momento, dudo de si tendré la fuerza necesaria para sujetarlo.
—¿Sí? —titubeo con temor.
Al ver mi pálido rostro y mis labios agitados, Elle se levanta de inmediato.
—Ha pasado algo, Tyler. —La voz de Troy se escucha al otro lado de la línea. Es áspera, oscura, cada palabra empuja a la otra como si necesitase medirlas—. Tu madre ha desaparecido… creemos que Sombra le ha disparado.
—Pero…
—Estamos intentando rastrear la llamada… en cinco minutos sabremos donde está. Iremos a por ella, Tyler, y acabaremos con esto.
—Cinco minutos es demasiado —sentencio.
El cuerpo empieza a pesarme. Mis huesos convertidos en plomo me arrastran hacia el suelo, la presión de mi pecho me oprime hasta hacerme sentir diminuto.
Oigo a Elle hablando de fondo, pero soy incapaz de saber con claridad lo que dice, un pitido ensordecedor se ha apoderado ahora de mí.
Me muevo por la habitación, vistiéndome desesperado con lo primero que encuentro y a duras penas consigo salir corriendo de allí, advirtiendo a Elle que no me siga, que no se le ocurra seguirme.
El ruido remite justo a tiempo para percibir sus ruegos.
—No te vayas, por favor, es una locura —repite, pero mi cabeza y corazón ya han tomado una decisión.
Sleep, For the Weak de Lea Rue y Lost Frequencies resuena en el ascensor. Una frase se reproduce constante en mi cabeza mientras desciendo hasta llegar a la recepción: «La has vuelto a perder y esta vez ha sido culpa tuya. Debiste cuidarla y no lo hiciste.».
El aire llega a mis pulmones con dificultad, el sudor corre veloz por mi frente.
Busco insaciablemente a León, preguntando a todos los trabajadores por él.
Nadie sabe dónde está. Todo se desmorona ante mí de manera incomprensible, las manecillas del reloj fluyen presurosas y yo, aletargado, las persigo tratando de detenerlas.
Nada parece tener sentido, el calor se cuela por las rendijas de las heridas aún abiertas y, entonces, una chica de pelo canoso se acerca a mí.
—¿Ethan Fields? —pronuncia con acento cerrado. Oír ese nombre otra vez me hace despertar de un sueño íntimo en el que la muerte había atrapado a ese monstruo.
«Puede que jamás pueda deshacerme por completo de él… de mí.»
—Sí —asiento con la garganta seca y una gran confusión sacudiéndome.
—Un coche te está esperando fuera, toma las llaves —dice, soltándolas en mi mano—. Y ten —añade, ofreciéndome también un móvil—, alguien tiene algo que decirte.
Con valentía, agarro el teléfono y las llaves, retirándome tan rápido como puedo de allí y adentrándome en un invierno que me envuelve sinuoso. Fuera, los copos comienzan a caer en mi rostro, juntándose con alguna que otra lágrima.
De pronto, el móvil suena.
—Hola, Tyler, han pasado ya unos meses desde que nos vimos por última vez, ¿todavía recuerdas mi voz?
Todos los nadadores se dirigían a los vestuarios para cambiarse mientras una lluvia de flashes nos disparaba sin ninguna vergüenza. Mi visión se enturbió por un instante, y justo cuando estaba a punto de tropezar y caer, Troy me sujetó, agarrando mi brazo.
Yo le sonreí y él me correspondió a la vez que me arrastraba por las escaleras, dando por finalizado el tiroteo.
En los vestuarios, no tardé mucho en prepararme, así que pretendiendo evadirme del resto, me puse los cascos y comencé a escuchar música.
«Lo último que quiero hacer es pensar, es lo que menos me conviene. »
A pesar de mis esfuerzos, un murmullo procedente del fondo, banalizó el nombre de Nick entre carcajadas.
—Joder, Nick, ¿dónde se habrá metido?
—¡Yo qué sé tío! Ese chaval estaba un poco loco, la primera vez que le vi fue en la fiesta esa de la primera noche y vaya personaje.
Patético. Llevaba una encima… Tyler se habrá despistado un poco y su niñito se habrá perdido, si es que no daba más de sí.
Ni siquiera sé cómo puede ser tan bueno en el agua si es tan inútil…
—La ira efervescente en mi organismo explotó, de pronto, ante las palabras de Jack Tate.
Mi corazón latía con fuerza y la rabia crecía en mí. Sin pensar en las represalias, me acerqué a Miles y Jack.
«Puede que sí me equivocase cuando los juzgué, al final todos son iguales, sin escrúpulos y desafortunadamente, sin pelos en la lengua.»
Al divisar mi presencia, Jack comenzó a balbucear:
—Lo siento, tío, no sabía que estabas aquí —se justificó mientras mi ceja derecha se arqueaba en señal de desaprobación.
Miles nos observó atemorizado, mientras se apartaba, alejándose del problema.
Una pequeña sonrisa se dibujó en la comisura de mis labios acompañada de un leve empujón que catapultó a Jack hasta la pared. Sin oponer resistencia, él mismo se acorraló, temblando como un corderito y repitiendo una y otra vez un “lo siento” que carecía tanto de verdad como de valor.
«Nunca había visto nada igual, ¿acaso doy tanto miedo cuando me enfado?»
—¿Se puede saber qué es exactamente lo que sientes?
Él asintió con la cabeza, fijando su mirada en la mía, feroz como un animal salvaje.
—Yo… —musitó, haciendo romper en una amplia risa al resto de nadadores que habían formado un corro alrededor de nosotros.
—¿Sientes haberlo dicho o que te haya escuchado?
De pronto, Dane Cox agarró mi brazo, intentado atraerme a él.
—Será mejor que lo dejes, te pueden sancionar y echar del campeonato por esto —susurró en un diminuto hilo de voz que casi se sentía como un soplo de aire fresco.
El tornado de emociones disminuyó su intensidad en ese mismo instante, al ser consciente, por fin, de la gravedad del asunto. «¿Se puede saber qué estoy haciendo?», pensé a la vez que abría la boca para soltar un último discurso.
—Deberías controlar tus palabras y tus nervios.
Ahí fuera el mínimo fallo te puede costar todo.
Un buen nadador tiene que ser leal y fiel.
—Una mueca graciosa se intuyó en mi rostro y continué hablando con contundencia—.
Y por supuesto, debe tener unos valores bien arraigados, ¿estás seguro de qué puedes formar parte de esto?
—añadí a escasos centímetros de Jack—. Es una pena que Nick no esté aquí, te destrozaría con una sola brazada, y te comenzarías a preguntar quién es el verdadero inútil —escupí, separándome de él, acto seguido.
La llamada se corta ante mi incredulidad y trago saliva ansioso.
«Tu intuición, Tyler, ¿por qué nunca le haces caso?» , me digo entre gruñidos de resignación, añadiendo después: «no hay tiempo para remordimientos, el tiempo está jugando en tu contra.»
Contemplo dubitativo las llaves del coche y, en un par de segundos, diviso en el aparcamiento un Volkswagen Golf negro que, por supuesto, coincide con la marca de estas.
«Tiene las luces encendidas, no puede ser otro.
» Me acerco impaciente y me monto como si fuera el dueño de él.
Arranco con firmeza a pesar de que mis pies quieran salir corriendo y accedo a la última dirección que aparece en el GPS .
«En menos de diez minutos habré llegado. Un polígono a las afueras de Moscú me espera.»
Doy un golpe a la radio encendiéndola de repente y Kill em With Kindness de Selena Gómez suena por todo el vehículo mientras un nuevo recuerdo me aleja del presente.
Una mano rozó tenaz mi hombro, haciéndome despertar del embrujo en el que parecía inmerso.
La identidad del desconocido alargó el misterio a través del tiempo.
Primero, acepté la toalla que me ofrecía.
Después, caminé con él hasta los vestuarios sin reparar en la repercusión de mis actos.
Aun desubicado, traté de secarme y recobrar poco a poco la vista cuya percepción permanecía tras un opaco manto y allí, con el rostro seco y un par de pestañeos, descubrí que estaba ante Dane Cox.
«¿Por qué siempre está en el momento exacto?»
«Dane Cox. Ha sido él en todo momento.»
Deambulaba por el recinto con parsimonia, camuflando su odio en una inocente sonrisa. Tan lejos como para que no sospechásemos, tan cerca como para no perdernos de vista.
«Pero yo sí había sospechado de él, no me gustó desde el primer momento, ¡joder, no hice caso a mi intuición y ahora mi madre…!»
Golpeo con fuerza el volante, provocando un pitido abrumador.
—¡Joder, basta! — grito dejándome la voz, pidiendo que la música deje de sonar.
Piso el acelerador, el coche ruge como yo.
Los kilómetros disminuyen, pero cada vez pesan más.
«No puedo perder más tiempo.» Vuelvo a acelerar.
El tiempo de llegada desciende hasta colocarse en un único minuto.
Un minuto que puede cambiarlo todo, que puede sepultar mis demonios de una vez por todas o provocar que se alcen más furiosos que nunca.
El hombre en el que me convertí en la cárcel está a punto de salir, lo sé, me contempla impaciente porque dé el primer paso, para que deje la justicia de lado, para que la balanza se torne hacia el mal y no vuelva a acercarse al bien.