Mentiras (Inesperado 2) Capítulo 18
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Capítulo 18

ELLE

D oy un paso firme que me adentra a una sala oscura y ambientada para una de las noches más importantes del año.

Contemplo con diversión y expectación el lugar.

Nunca había estado en un sitio como este, bueno, claro está, no hasta hace unas horas.

«Creo que he conocido suficientes discotecas por una temporada. »

A diferencia de la clandestina, esta sí parece albergar a todo tipo de personas — al menos, todo tipo de personas con nivel adquisitivo alto — y eso se ve reflejado, sin duda, en la decoración del lugar.

Aunque la ausencia de luz apenas nos permite apreciar los detalles más insignificantes, sí es posible percibir una tarima decorada con mármol negro y una barra en el extremo derecho que congrega todo tipo de bebidas alcohólicas.

A la izquierda, sofás de terciopelo de un granate almandino otorgan robustez al ambiente festivo, al igual que una gran lámpara de araña colocada con sumo cuidado en el centro del salón.

Pese a su esperada notoriedad el resto del año, este espectáculo visual hoy es opacado por las enormes bolas de discoteca dispuestas en varios puntos del elevado techo y las luces de neón que adornan con cierta picardía los recovecos más lóbregos.

La mano de Tyler se extiende justo a tiempo para darme cuenta de que estoy quedándome retrasada respecto al resto y rápidamente decido remediarlo preparada para no perderme ni un minuto más de fiesta.

—Chicos, venid, ¡vais a probar el mejor alcohol que existe! —grita Viktor acercándose a la barra y hablando con el camarero.

Todos caminamos hacia allí, algunos — Nick —, más efusivos que otros, corren veloces. Al llegar, los nueve chupitos rellenos hasta los topes de Vodka Beluga relucen ante nuestros ojos.

—¡Vamos, de una, todos juntos…! Na zdrovye! [22] —brama colérico de felicidad el ruso. Allí, agarramos nuestros pequeños vasos para levantarlos y chocarlos los unos con los otros. Luego, nos los bebemos de un trago.

Un fuego abrasador recorre mi garganta acariciando cada recoveco de mi ser y se queda en la punta de mi lengua por un instante que se antoja perpetuo.

Observo al resto mientras continuo en un trance momentáneo.

Algunos de ellos han conseguido que su rostro apenas cambie, o que incluso una sonrisa haya aflorado en la comisura de sus labios.

Otros en cambio, son incapaces de fingir que ha sido la primera vez que prueban una bebida tan fuerte.

Y yo, por supuesto, me incluyo en estos últimos.

—Joder, ¡qué fuerte está esto! —exclamo recuperando la compostura.

—Ya te digo, ¡a por otro! —responde Nick con los ojos abiertos como platos y la boca sedienta de más experiencias.

—¿Te he dicho, Tyler, que me encanta tu amigo Nick? —aclama Viktor cogiendo al rubio y arrastrándolo consigo para seguir bebiendo.

Las personas que han terminado de cenar y quieren disfrutar de la nochevieja rusa se comienzan a arremolinar en la entrada. En unos segundos, la sala se colma de fiesteros.

Varias bolas discotequeras iluminan todo con sus destellos y la música no tarda en hacerse sonar desde el fondo, donde un DJ pincha música electrónica comercial a todo trapo.

Viktor nos trae copas con diferentes tipos de bebida para que decidamos lo que queremos y en cuestión de minutos, cada uno ya tiene hecha su elección.

Las canciones rebotan en nuestros cuerpos con firmeza haciéndonos cantar y bailar y junto al alcohol, que poco a poco empieza a hacernos efecto, una falsa seguridad parece afianzar el grupo, haciéndonos olvidar que aún seguimos en peligro.

I’am an Albatroaz empieza a sonar y todos saltamos como si el mañana no existiera.

El tiempo pasa veloz, reímos sin parar y las copas van intercambiándose por otras un poco más cargadas.

Viktor y Anastasia se mueven descoordinados, gritando a pleno pulmón las ínfimas letras de las canciones mientras sus sonrisas empañan el pasado turbulento de ambos. Nada parece existir alrededor de ellos, solo unos hermanos recuperando el tiempo perdido.

Nick y Troy no se separan el uno del otro y Tyler no para de preguntar si eso está ocurriendo de verdad o es uno de sus maquiavélicos sueños.

Yo le respondo que sí, que es cierto y que parecen más felices que nunca.

Eso sí, se pasan más tiempo en la barra que en la pista e incluso bailan hasta tocar el suelo.

—Demasiado tiempo sin probar el alcohol, creo que estoy teniendo alucinaciones —comenta en un momento dado.

Me río.

—¿Estás bien con eso? —señalo la copa que sujeta con su mano derecha—. Recuerdo que en Tailandia me contaste que no bebías.

—Sí —Asiente, posando el vaso en una mesa—. La diferencia entre el Tyler de antes y el Tyler de ahora es que yo no necesito esta mierda para sentirme vivo. Y menos si te tengo a mi lado —admite, guiñándome un ojo.

Una sonrisa se hunde en los límites de mis labios mientras agarra mi cintura dándome una vuelta.

En ese instante, veo a Caitlyn, April y Bette quienes disfrutan aún con las primeras copas y mantienen la calma en contraposición con el resto.

Para nosotros, no existe nada más allá de disfrutar de esta noche como si fuesen nuestras primeras horas de libertad.

«Aunque viéndolo así, verdaderamente lo son. »

—Me estoy quedando sin voz… igual me viene bien beber algo —le comento a Tyler pegando mis labios en su oído.

—¡Te acompaño, yo también tengo sed! —contesta guiñándome un ojo y cogiendo con delicadeza mi mano para atraerme hasta una cola infinita de personas que recorre la barra de principio a fin—. Joder, esto está llenísimo… ¿qué hacemos? —pregunta mirándome directamente a los ojos.

La respuesta a esa cuestión alumbra mis mejillas.

«¿Que qué quiero hacer? Besarte» , me digo en la brevedad de mis pensamientos.

Y lo hago, lo beso en ese instante de manera impaciente, imprudente, azotada por un impulso y él me corresponde con rapidez.

No sé por qué, pero siento una sensación surgiendo en mí como un tornado que arrasa todo sin mirar atrás.

Así, la música se ve eclipsada por nuestra respiración agitada y nuestras ganas de más.

«Han pasado demasiados meses desde nuestro primer beso, desde que nos miramos por primera vez a los ojos y supimos que había algo entre nosotros.

El tiempo no se paralizó, pero el tacto de su piel, el sabor de sus labios y la calidez de su mirada sí.

Por un momento, solo existieron en mi memoria. Nada parece real ahora.»

Tras unos minutos, nos separamos y, acto seguido, nos volvemos a juntar en un abrazo que reúne todas las emociones en una: paz en medio de la tempestad.

—No sabes lo mucho que he deseado vivir este momento durante los últimos meses —pronuncia Tyler con la voz agrietada—. Por fin soy libre.

Acaricio lentamente su cabeza intentando recomponer las piezas rotas y liberando los recuerdos infelices que le atan, y después un par de canciones abrazados, Tyler alza su cabeza y vuelve a besarme.

Las lágrimas rozan mi rostro con frialdad y me hacen darme cuenta de que no todas las veces que lloramos lo hacemos por tristeza, algunas de ellas son de felicidad.

De pronto, algo rompe la calma que reina en la pista. La música desciende gradualmente y una voz conocida, procedente de la cabina del DJ, se hace oír entre el barullo:

—¡Buenas noches, Moscú…! —exclama Nick con un micrófono negro brillante, subido, junto a Troy, a la pequeña tarima—. ¿Qué tal lo estáis pasando? —Todo el mundo grita y aplaude—: ¡Aún queda mucha noche!

—¡Muchísima noche! —añade Troy, tomando el micrófono y devolviéndoselo de inmediato al rubio.

—Ya que mi amigo… —dice, haciendo una pausa, y dirigiéndose al dj para hacerle una pregunta—: ¿cómo te llamabas?

—Se escuchan tenues susurros saliendo de la boca del chico, pero apenas son audibles—.

¡Ah, sí, sí, me lo acababas de decir! ¡Mi amigo Vasily, por favor, un aplauso para el DJ!

—El público ebrio vitorea y Nick sonríe victorioso—.

Bueno, ya que mi gran amigo Vasily me ha dejado elegir una canción, ¡vamos a dedicársela a alguien!

Tyler y yo nos miramos sorprendidos y muertos de risa. El resto de nuestros amigos, que se encuentran a lo largo de la pista, parecen sufrir la misma reacción que nosotros.

—¡Tyler, siempre has sido nuestro… hermano!

—arranca Nick después de unos momentos de dudas y Troy le lanza una mirada amenazante—.

¡Como nuestro hermano! ¡Y es por eso que queremos que disfrutes de tu canción favorita!

O bueno, al menos lo era hace unos meses, bueno, da igual, no importa, ¡dentro Alesso y One Republic con If I lose myself !

Los primeros acordes resuenan en la sala y una sonrisa se despliega en los labios de Tyler que, con los ojos aún cristalizados, empieza a cantar la canción.

El estribillo no tarda en congregar a todo el grupo que enseguida nos envuelve entre brazos y saltos de emoción.

«Jamás me había sentido parte de algo, nunca había presenciado lo que era sentirse en casa, tener un hogar del que no querer salir nunca.

» Con detenimiento, fijo mi mirada en ellos, en los nuevos y viejos amigos, en sus experiencias y sus decisiones.

«Por fin tengo un sitio en el mundo . » Sus risas contagian felicidad y eliminan todos los problemas.

—No volvamos a separarnos —susurra Tyler sosteniendo con dulzura mi mano—, ninguno de nosotros, por favor.

—Nunca volveremos a sentirnos solos —le prometo a él y a mí misma.

Viktor tira de Tyler y lo arrastra consigo.

En uno de los sofás, hablan entre sonrisas y se dan varios abrazos.

«La verdad es que el hecho de que Viktor haya sido el jefe de la mafia y nos esté ayudando me genera una incertidumbre difícil de ocultar, pero a pesar de ello, confío en la intuición de Tyler al 100%.

Sé que, si está aquí con nosotros, es porque es de fiar.

Además, no estaríamos vivos si no fuese por él. »