Mentiras (Inesperado 2) Capítulo 18 #3
88%

Capítulo 18 #3

Su mano roza la mía en ese momento y un escalofrío recorre mi cuerpo.

Nuestros ojos se clavan en los del otro y durante un segundo vuelvo a estar en la playa de Tailandia frente al mar y la luna llena.

Elle está a punto de decir algo, pero yo me adelanto, lanzando la ropa a uno de los sofás y agarrando su cintura para atraerla hacia mí.

Solamente unos centímetros consiguen separarnos, nuestras respiraciones se entrecortan nerviosas y yo me junto aún más hasta sentir su nariz rozando la mía.

Mi mirada se desliza hasta sus labios que, inquietos, tiemblan sin cesar, y cuando comienzo a escuchar el sonido de las manecillas del reloj, decido que es la hora de paralizar el tiempo después de tantos meses.

La beso lentamente con el mismo fervor que la primera vez y ella agarra mi nuca, dejando caer las prendas que tenía sujetas hace tan solo unos minutos.

Nos dejamos llevar como nunca habíamos hecho, mientras reímos entre respiración y respiración para luego seguir recuperando el tiempo perdido.

Y después de unos minutos de pura felicidad, nos separamos alegres, contando con la certeza de no volver a separarnos nunca más, o al menos, esperarlo encarecidamente.

«Creo que ya hemos sufrido suficiente, la vida nos debe una tregua.

» Antes de recuperar la funda que yace en el sofá arrugada, ella se muerde el labio inferior y susurra tímida:

—No sabes lo mucho que te he echado de menos… —desvela caminando hacia la habitación sonrojada—. te estaría toda la noche besando, pero no podemos hacer esperar al resto.

—Aún queda mucha noche —sentencio con los ojos brillantes—, esta será nuestra última noche aquí, hagamos que sea inolvidable.

Ella me dedica una última sonrisa antes de meterse en la ducha. Yo hago lo propio en la otra. Y, tras unos minutos, salgo de ella para cambiarme aún embobado y ajeno a los recuerdos que tratan de estropearme el momento. Elle tiene razón, no podemos hacer esperar a nuestros amigos.

Me deshago de la ropa que Viktor me había dejado y la dejo doblada en el amplio sofá.

Después, empiezo a atar con delicadeza los botones de la camisa obviando el dolor que siento al notar algo un poco más ceñido que una camiseta adhiriéndose con esmero a mi cuerpo malherido.

Me pongo los pantalones negros y subo la cremallera para luego colocarme el botón color mate.

Los zapatos de cuero se amoldan a mis pies como si estuvieran hechos para mí, y al pisar con firmeza, me siento otra persona.

Ethan Fields ha muerto definitivamente, Tyler ha vuelto, el pasado queda atrás y esta noche volveré a renacer para no volver a morir y resucitar otra vez en la mente de un monstruo.

Me dirijo a uno de los baños para mirar el resultado y cuando estoy frente al espejo, me sonrío, perdonándome por todo lo hecho con anterioridad y repitiéndome la frase que tantas veces me ha dicho Viktor: “ Todo lo que hagas aquí no definirá la vida que tendrás fuera ni tampoco el pasado ni lo que te trajo hasta aquí.” Cierro los ojos y una ráfaga de recuerdos agita mi mente: cuando Troy y yo nos enteramos de que nuestros padres tenían una aventura, el funeral de mis padres, las charlas de Nick cuando no podía ni con mi cuerpo en los entrenamientos, cuando Owen intentó asesinarme y Nick me encontró, cuando gané mi primer campeonato, cuando conocí a Elle, cuando Nick estaba en el hospital, cuando Elle y yo estuvimos a punto de morir en manos del Sr. Williams, la despedida en el aeropuerto de Moscú, la primera tortura y mi primer pensamiento tras ella: Elle, volver a verla, volver a ver sus ojos azules como el mar.

Siempre ha sido ella, cada vez que cerraba los ojos con cada latigazo, cada vez que la sangre recorría mi espalda, acordarme de ella me daba el impulso que necesitaba, recordarla me hacía sentir en casa por unos segundos.

Es como si la conociese desde siempre, como si ella fuese mi hogar, ¿cómo es posible sentir esto?

—Tyler, ¿estás ya? —pregunta despertándome del trance.

—Sí, estoy en el baño, ahora salgo —contesto, remangándome las mangas de la camisa y mojándome la cara rápidamente—. Ya estoy —confirmo, saliendo y colocándome todo a la perfección. «Solamente me falta la americana que he dejado en el salón, y que…»

Mis pensamientos descansan en la figura de Elle.

— Wow —alcanzo a decir anonadado por su belleza.

Un mono negro y largo se ajusta perfectamente a su cuerpo, contrastando con su pálida piel y sus dulces ojos.

Detalles brillantes se asientan a lo largo del modelo y las mangas largas finalizan con un puñado de plumas del mismo color, otorgándole originalidad a un básico.

Está preciosa, los tacones alzan su estatura y su pelo recogido por una coleta, que deja al descubierto un leve flequillo, hace que su rostro cubierto de pequeñas pecas, se vea mejor que nunca.

Tan solo lleva los labios pintados, pero no necesita más. «Es perfecta.»

—Estás impresionante, Elle —pronuncio por fin después de unos minutos de incertidumbre y de carcajadas entre medias.

—Esta es la ropa que más me gusta de toda la que me he puesto en estas últimas 48 horas, algo sorprendente sin duda —presume, riendo—. Vamos, tenemos que irnos, seguro que todos están ya abajo.

—Vamos —exclamo, cogiendo la americana y poniéndomela.

Antes de salir de la habitación, Elle trata de agarrar mi mano con disimulo y yo, que me doy cuenta sin apenas esfuerzo, entrelazo nuestros dedos.

Ambos sonreímos. Me vuelvo para cerrar la habitación y juntos caminamos hasta el ascensor como si fuésemos una pareja normal.

Dentro, algún que otro beso furtivo amenaza con estropear el maquillaje de Elle.

—Al menos que dure hasta la cena —comento jocoso separándome momentáneamente.

Ella arquea una ceja.

—¡Va, qué demonios! —exclamo, empujándola contra el panel mientras la beso apasionadamente.

Por desgracia, con ese movimiento también he pulsado algún que otro botón más.

—Creo que vamos a hacer un buen tour por el hotel —dice y ambos rompemos a reír.

Subimos unos cuantos pisos más, haciendo pausas entre medias y, pronto, llegamos al restaurante. Frente a la puerta, todo el grupo, perfectamente arreglado, nos recibe entre risas y muecas de felicidad.

La cena acontece con una normalidad apabullante. Así, disfrutamos los unos de los otros, reímos y, por un rato, olvidamos todo lo que hemos sufrido los últimos meses. «Somos un grupo de amigos, normal y corriente, que disfruta de la Nochevieja juntos.»

Anastasia nos cuenta historias de cuando Viktor era pequeño, omitiendo las partes que tienen que ver con la mafia, claro.

Nick y yo también narramos alguna de nuestras aventuras, e incluso Troy se lanza a relatar anécdotas graciosas.

April, Elle y Caitlyn también tienen varios cotilleos que nos provocan dolores de tripa y mi madre — como buena madre — se queja de lo trasto que era de pequeño, haciéndome sonrojar.

Todo transcurre como un sueño del que no me quiero despertar nunca bajo la única norma impuesta por Viktor: olvidarnos de la realidad por una noche.

Sin embargo, el tiempo se va apelmazando, los camareros ya nos sirven el postre. El último brindis se vuelve inminente.

—Por nosotros, por los que están en esta mesa y por los que debieron estar —me atrevo a decir. El resto, apenados por un momento, asienten con gratitud y todos bebemos el último sorbo de alcohol que queda en nuestra copa.

—Escuchadme, esto está siendo lo mejor de los últimos meses —admite Nick—, esta noche tiene que ser la mejor de nuestras vidas, no podemos irnos a dormir tan tranquilos, en dos horas el reloj dará la media noche, no seáis como Cenicienta. ¡Tenemos que salir!

—Pero, Nick, no podemos salir de aquí, es peligroso —replica Elle.

—No es necesario salir del hotel, he visto que tienen discoteca —afirma el rubio con una sonrisa pícara de oreja a oreja—.

así que, ¿qué os parece romper la noche rusa?

—pregunta y Viktor levanta una de sus cejas antes soltar una grave carcajada—.

¡Cuidado, Moscú! ¡Tyler, Nick, Elle, Troy, April, Caitlyn, Viktor, Anastasia y Bette han llegado!

—grita con fuerza, haciendo una pausa y cogiendo aire de nuevo—.

Joder, Tyler, la última vez que dije esto no éramos tantos…

—La última vez que lo dijiste, te caíste, así que intenta que esta noche no suceda —bromeo y todos reímos.

Esta noche será nuestra noche, no tengo ninguna duda.