Capítulo 18 #2
—Confía en mí —ruega Viktor agarrándome la mano y ofreciéndome una de las llaves—. Esta es la mejor habitación, nunca he estado alojado, pero he soñado con hacerlo, es para Elle y para ti, os tenéis que contar muchas cosas.
—Pero mi madre y su hermana…
—Podrán esperar una noche, el vuelo a Estados Unidos es muy largo, tenéis tiempo.
Asiento dándole la razón. Elle y yo tenemos conversaciones pendientes, «demasiadas diría yo, y puede que ninguna sea buena…»
—Chicos, tengo las llaves —exclama enseñándolas dispuesto a repartirlas—. Anastasia y yo compartiremos habitación. Elle, ya le he dado las llaves a Tyler.
—Pero…
—Ya le he dado las llaves a Tyler —repite señalándome y esbozando una sonrisa—. Nick, tú dormirás con…
—Con Troy. —Todos nos giramos a mirarle anonadado, ¿por qué demonios no quiere dormir con April después de todo este tiempo?—. ¿Qué pasa? ¿No pueden dormir dos tíos juntos o qué?
—Pensaba que querrías dormir con… —trata de decir Viktor, que se encuentra tan perdido como nosotros.
—Con Troy. Troy y yo dormimos juntos, ¿verdad, tío? —insiste Nick, pegándole un leve empujón a nuestro antiguo enemigo.
—Supongo que sí —responde este con gran confusión.
—Bueno, pues April, tú con…
—Prefiero dormir sola —confiesa y todos volvemos a mirarnos aún más desconcertados.
—¡Genial porque hay una habitación individual!
Toma las llaves, April —afirma contento mientras se las lanza—.
y por último, Caitlyn y Bette compartiréis habitación.
—Se encoge de hombros sin parar de sonreír.
«Juro que nunca le había visto tan contento o, por lo menos, fingirlo» —.
Y ahora todos a las habitaciones, la cena empezará en media hora, recordad que es nochevieja, y hay que ponerse un poco guapos.
León ya está subiendo ropa a las habitaciones.
Nos vemos en un rato —ordena caminando junto a Anastasia hacia los ascensores.
Ha vuelto Viktor Kozlovski, el jefe, pero esta vez de algo bueno.
Esta noche será el encargado de hacernos disfrutar, de que nos divirtamos en su país por última vez antes de alejarse y alejarnos para siempre.
Le conozco, él es la persona que más tiene que perder de esta sala y eso le atormenta y debilita a partes iguales.
Sé con certeza que cuando llegue a esa habitación se romperá en mil pedazos abrazando a su hermana y que cuando baje al restaurante estará de una pieza, como si nada hubiese pasado.
Aparentar que todo está bien es lo que mejor se le da, incluso en los peores momentos.
Nick agarra bruscamente del brazo a Troy tirando de él y conduciéndole al ascensor.
Y una vez que el rubio pulsa el piso 10, Caitlyn y Bette se despiden rápidamente dándonos un beso a Elle y a mí, respectivamente, desapareciendo, en última instancia, ante nuestras atónitas miradas.
«Supongo que se alojarán en la misma planta, pero, aun así, el ambiente está rarísimo y creo que el culpable de todo ello es mi mejor amigo. ¿Qué demonios le pasa con April?»
—Tía, ¿qué bicho le ha picado a Nick? —pregunta Elle, entrando en otro de los ascensores y esperando a que los tres estemos dentro—. El undécimo, ¿no? —Asiento y ella pulsa el botón.
—No tengo ni idea, estoy tan intrigada como tú, pero después de todo lo que nos ha pasado…
—contesta April, dedicándome una mirada—.
no voy a andar pidiendo explicaciones, cada uno sabe lo que ha sufrido y si él no es lo suficiente maduro como para afrontar la situación de tener que contármelo, allá cada uno.
Observo a las chicas con condescendencia sin mediar ni una palabra pues sé que nada de lo que diga tendrá sentido.
Sé tan poco como ellas, e intentar justificarlo sería inútil.
«Todos hemos cambiado, puede que la vida de Nick haya dado un cambio trascendental, ¡qué se yo!
Pero no hay motivo para tratar así a April sin tan siquiera darle una explicación. »
—No sé, creo que deberías hablar con él, quizás no está preparado, quizás lo ha pasado muy mal…
No puedo evitar pensar en el secreto que me ocultó Nick. «Él nunca sería capaz de hacerme eso, pero ¿y si no le conociera tanto como creo? ¿Acaso es normal como está actuando ahora? ¿Y si este ha sido el Nick de siempre, el Nick que huye de los problemas y esconde secretos?»
—Elle, todos lo hemos pasado mal —manifiesta April encogiéndose de brazos—. Mira Tyler, ha pasado seis meses en una maldita cárcel rusa y no por eso ha decidido no compartir espacio contigo. —Mis ojos se abren como platos ante tal afirmación.
«Aún no se lo había dicho, quería contárselo con calma, cuando estuviese preparado, no así, aún hay muchas cosas que quiero hablar con ella. Por ejemplo, de la razón por la que acabé allí.»
De pronto, un leve pitido resuena indicándonos que hemos llegado a nuestra planta y los tres esbozamos una sonrisa forzada. Con el silencio como único testigo de la metedura de pata de April, nos despedimos de ella al llegar a su habitación.
—Hasta esta noche —Mueve las manos ruborizada.
Nosotros continuamos discretos hasta que llegamos a nuestro cuarto y, al girar la llave, nuestro mundo se antoja más pequeño que nunca.
Una gran suite se abalanza ante nosotros.
Colores negros, grises y blancos salpican las paredes y los muebles, y cuanto más nos adentramos en ella, más nos sorprendemos.
Hay varias salas, un salón, dormitorios y dos baños con duchas y bañera de hidromasaje.
—¡Qué pasada! —comenta Elle ensimismada entrando en el dormitorio y sentándose en la cama—. Después de haber vivido en un cuchitril de apartamento durante los últimos meses… —Una carcajada se escapa de mi boca sin querer—. Perdón. Sé que tú… —se lamenta, levantándose de nuevo y acercándose a mí.
—No pasa nada —afirmo, negando con la cabeza y rozando sus manos—. Te lo iba a contar, yo… yo no quería que te enterases así —añado, esperando que me diga que ella no tenía ni idea, que ella no formaba parte de ese plan, que ella no sabía que su hermana me había metido en ese infierno.
—Lo supe hace un tiempo —confiesa entonces y yo separo mis manos asombrado. «No puede ser verdad, ¿ella ha sido parte de esto?»—. Bueno, en realidad me enteré ayer —se corrige y yo resoplo agradecido—. Mi hermana desapareció, bueno, la secuestraron y yo…
—Espera, ¿estabais juntas?
—Se puede decir que sí, aunque ella me mantenía al margen de todo —admite y yo sonrío instintivamente al darme cuenta de que Elle sigue siendo la misma persona que conocí en Tailandia, aquella chica leal y buena que consiguió hacerme sentir algo después de tanto tiempo—.
Bueno, —Carraspea la garganta, aclarando su voz—.
resulta que por fin iba a contarme la verdad la noche que la secuestraron…
fuimos a cenar a un sitio muy bonito y el camarero resultó ser amigo de… ¿cómo se llama? Mmm… tu amigo el ruso.
—¿Viktor?
—Sí, Viktor, un amigo suyo me salvó la vida y me contó que estabais en la cárcel —dice, llevándose las manos a la cabeza—, ¡Dios, casi me da un ataque al corazón! ¿Cómo acabaste ahí, Tyler? ¿Qué ocurrió?
—Yo… —titubeo indeciso.
«¿De verdad hago bien en decírselo? ¿De verdad hago bien en contarle que su hermana, aquella que llevaba tantos años muerta, casi consigue que me maten?
Al fin y al cabo, mi madre lo sabía y lo permitió por un motivo.
Un motivo que no averiguaremos hasta que no pisemos suelo estadounidense, hasta que no estemos a salvo.
Contárselo a Elle quizás solo la ponga de nuevo en peligro. »
Ella me contempla seria esperando una respuesta, haciendo que mis labios tiemblen antes si quiera de hablar.
Sin embargo, justo a tiempo, alguien llama a la puerta, salvándome del interrogatorio.
La miro sin saber qué decir y musito un “ahora vengo” mientras salgo corriendo hacia la entrada y abro la puerta sin haber medido las consecuencias como debía.
Un sudor frío recorre mi frente al darme cuenta de lo que acabo de hacer, pero, por suerte, León, y no cualquier sicario de la mafia, se encuentra fuera con dos perchas cubiertas por fundas. En su interior se halla la ropa que nos acariciará esta noche.
Le agradezco su ayuda en ruso y un movimiento de cabeza y al cerrar, Elle acude confundida.
—¿Quién era?
—El sastre, parece que ya tenemos qué ponernos esta nochevieja —bromeo sonriente y ella me devuelve la sonrisa. Hacía demasiado tiempo que no sonreía, casi se me había olvidado cómo hacerlo—. Vamos, no hay tiempo que perder, será mejor que nos preparemos si queremos que nos dé tiempo.
—Está bien —accede asintiendo y acercándose para coger una de las prendas.