Capítulo 14 #4
—No defiendo lo que hizo, de hecho, estuve a punto de perder las formas con ella cuando me enteré —confiesa agarrándome las manos y realizando en ellas un suave masaje con las yemas de sus dedos—.
pero a día de hoy, puedo ver que estaba en lo cierto, tú eras la única persona capaz de acercarnos a Viktor Kozlovski.
—Pero ¿qué tiene que ver Viktor con esto? ¿Qué está ocurriendo, mamá? ¿Qué está pasando? —pregunto aturdido por la magnitud de la información.
—Es mejor que no sepas nada hasta que volvamos. Cuando lleguemos, iremos a la policía y os contaremos la verdad. Este secreto no puede seguir jodiendo más vidas. Ya ha hecho suficiente… —lamenta asintiendo con la cabeza—. Ya está decidido.
—Pero, mamá…
Un toc, toc irrumpe la conversación y mi madre, agradecida, esboza una sonrisa casi imperceptible. Sabe que sea quien sea la ha librado de un gran interrogatorio. El ruso, arrinconado entre la puerta y el pasillo, nos contempla sin censuras desde fuera, esperando que le dé permiso para entrar.
No voy a negar que durante unos segundos me planteo si dejarle pasar o esperar a que mi madre me cuente toda la verdad, pero lo cierto es que Viktor y yo tenemos conversaciones pendientes. Ahora más que nunca.
—Os dejo solos, chicos —declara mi madre levantándose de la cama y dándome el abrazo que hacía unos minutos me había negado—. Luego nos vemos, cariño, te quiero —me susurra con autocomplacencia sin ser consciente de que hoy me siento más lejos de ella que nunca.
Él asiente y entra, empujando con suavidad la puerta. Tras ello, la cierra con sumo cuidado y se sienta en la cama sin haber cruzado una palabra antes.
—Lo sé todo —dice y yo arqueo las cejas.
«¿Acaso no estaba en esto desde el principio como se ha rumoreado antes? ¿O qué me dices de la relación entre mi madre y él? Se conocían de antes, eso está claro.»
—Ya —pronuncio contundente.
—Lo sé desde que me lo han contado tu madre primero, y luego uno de tus amigos, no pienses cosas que no son.
—Carraspea su garganta y su voz grave recupera su tono—.
Ellos me encontraron a mí, tus padres y esa tal Caitlyn, yo no tengo nada que ver.
Yo solo tengo información de Sombra , ese a quien buscáis.
—Sus pupilas grandes y negras casi opacan el color prácticamente transparente de sus ojos y se posan en mí con tanta fuerza que parecen estar a punto de devorarme—.
Pero antes de ayudaros a encontrarlo, tengo que sacaros de aquí, bueno, en realidad, todos saldremos de aquí, incluida mi hermana.
—¿Está aquí? —pregunto asombrado. Por lo que tenía entendido, había huido del país.
—Según tu madre, mi hermana volvió cuando se enteró de mi encarcelamiento y ha estado tratando de sacarme de allí desde entonces.
Tus padres la cuidaron y la salvaron en más de una ocasión, por eso estoy en deuda con ellos.
—Asiento y pienso en el orgullo que me hace sentir eso—.
Sé que no soy yo quién te debería contar esto, sobre todo, después de que tu madre me rogase que no lo hiciera, pero sabiendo donde has acabado y las cosas por las que has pasado…
—Le miro dubitativo—. Tus amigos me han contado la historia de Tailandia.
—Vaya, no saben mantener la boca cerrada.
—Cierto, pero se preocupan por ti y sobre esa Elle…
ella no es parte de esto, no es la mala, sino una víctima como tú, por lo que he podido deducir y por lo que ellos también me han contado.
Esa tal Caitlyn, quizás sea egoísta, pero solo ha hecho lo que cualquiera habríamos hecho en su lugar, salvar a su familia.
—Ya, pero…
—No voy a entrar en debates, estoy aquí para contarte la poca verdad que conozco.
—Le contemplo enérgico decidido a conocer la verdad que durante tanto tiempo me ha sido ocultada—.
Lo único que sé de Sombra es que su familia eran los Petrov, una familia de mucho dinero de Rusia, con grandes contactos y estrambóticos amigos, entre ellos, mi padre.
Se fueron de aquí cuando yo tan solo era un crío y su salida despertó mucha curiosidad en Moscú.
Durante años se rumoreó que el dinero se estaba agotando en el seno familiar y que mi padre se ofreció a ayudarlos.
Ellos lo aceptaron, pero las deudas nunca bajaban, tan solo iban mermando la relación de amistad que una vez existió entre los dos conocidos linajes.
La pareja huyó y formaron su propia familia en el mayor anonimato, encima en Estados Unidos, parecía que renegaban de su origen.
—Resopla—. En fin, me enteré de que uno de sus hijos falleció, según las noticas, en un accidente, y pocos meses después, primero el padre y tras él, la madre, se suicidaron.
Años después, cuando yo ya era el jefe, recibí una suma sustancialmente grande de dinero y la deuda, que no ascendía a tal cantidad, se esfumó como una sombra .
La relación entre la familia Petrov y la Mafia había vuelto al inicio, pero para vuestra desgracia, y supongo que también mía, jamás me reuní con el beneficiario, ni tan siquiera con algún familiar que portase Petrov entre sus apellidos.
Ahora bien, desconozco lo que habrá ocurrido a mis espaldas, teniendo en cuenta que hacía mucho tiempo que se planteaban un golpe de Estado en la esfera.
Mis ojos alterados por tantas conexiones inesperadas se remueven en un mar de incomprensión y desasosiego.
«¿Qué demonios tenemos que ver mis padres y yo con esa familia?
¿Y Elle y Troy? ¿Y Brooke?» Sé que debería estar agradecido por conocer un poco más la verdad de todo esto, pero tan solo siento que estoy intentando montar un puzzle en el que la mitad de las piezas están perdidas.
Viktor, cuyos labios hace un segundo se han juntado para dejarme hablar, espera una respuesta inquieto. Me observa con frialdad, y por un momento, percibo el látigo de los castigos golpeando una vez más mi piel.