Mentiras (Inesperado 2) Capítulo 14 #5
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Capítulo 14 #5

—Eh… —trato de decir, pero las palabras se amontonan a trompicones en mi boca, impidiéndome reaccionar.

—Sé que todo esto tiene que ser un shock y que no sabrás ni que decir.

Tranquilo, no hace falta que digas nada, tan solo…

no le cuentes a nadie lo que sabes, tu madre me lo advirtió, la información solamente os pondrá en mayor peligro.

—Mueve su mano hasta mi hombro y lo acaricia levemente—.

Descansa un poco, pronto anochecerá —añade, levantándose y dirigiéndose a la salida—.

Ya solo nos queda un día para salir de este país, he encontrado billetes para el 1 de enero a las 5 pm de la tarde con nuevas identidades y nuevas vidas esperándonos.

Ethan ha muerto, Tyler te espera —concluye guiñando un ojo y cerrando la puerta.

Los primeros minutos admito que intento con todas mis fuerzas descansar, incluso cierro los ojos y me hago el dormido como cuando era un crío y mis padres me vigilaban nerviosos por saber si efectivamente estaba descansando.

Pero por mucho que desee hacerlo, el runrún de mi cabeza me lo impide.

Las últimas 24 horas me han devuelto a la vida, literalmente, pero también me han hecho sentir que cada vez me alejo más de conocer la realidad a la que realmente nos enfrentamos.

«¿Acaso estamos más cerca o solo damos vueltas al mismo punto, una y otra vez? »

Mis manos y pies tiemblan y decido levantarme.

Me rozo la nuca instintivamente. «Creía que me había quitado ese maldito tic de encima» .

Cierro los ojos una vez más, esta vez sentado y trago saliva para después levantarme.

Atravieso el pasillo, en la otra habitación Nick y April duermen plácidamente.

Aunque ni siquiera se rocen, están compartiendo la misma cama.

Mi sigiloso paseo me lleva hasta la entrada. Allí unas voces rompen el silencio acobardando los latidos de un corazón que, alterado, brinca dentro de mí suplicando auxilio.

—¿Qué… qué hace con un arma? —balbucea Troy alarmado.

—Tss… Ethan, digo, Tyler puede oírte —discrepa Viktor malhumorado—. Iré a solucionar esto, quédate vigilando, confío en ti, después de lo que me has contado, dudo mucho que alguien sea capaz de traicionar a su hermano.

—¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Hermano? ¿De qué estás hablando, Viktor? —exclamo perdiendo el control y entrando en la sala principal—. ¿Qué estáis haciendo?

Los contemplo enfadado, mirando primero a uno y luego a otro.

—Tyler… —titubea Troy, interponiéndose entre el ordenador y yo.

Niego con la cabeza mientras le doy un pequeño empujón que me coloca frente a la pantalla. Impactado, observo la magnitud de las imágenes en movimiento. Aunque el vídeo apenas tiene calidad, sí la suficiente como para percibir quién aparece en él.

—Es… es… —balbuceo.

—Es Elle, Tyler —contesta Viktor tratando de guardar la calma.

Observo el portátil desconcertado. Elle sale de un coche, un vestido rojo cubre su piel, pero está tan cambiada, su expresión es tan fría… y espera, ¿qué es lo que acaba de esconder en su bolso? ¿Es una…?

—¿Por qué demonios lleva un arma? —bramo colérico.

—No… no lo sabemos. —Es Troy el que lleva la voz cantante. Por su expresión, tiene miedo, probablemente de mí. El único que me ha visto alguna vez así es Viktor.

—Espera un momento, vosotros estáis aquí, April y Nick en la otra habitación, ¿dónde está mi madre?

Los metros cuadrados del piso se esfuman en una búsqueda fallida, las llamadas azarosas vaticinan la ausencia de respuestas . Atemorizados, April y Nick se alzan, rezando porque sea una falsa alarma, porque nada lo suficientemente grave haya sucedido mientras dormían. Por desgracia, sí lo ha hecho.

Volvemos al salón y Elle continúa en primer plano. Ni siquiera sé cómo Viktor ha conseguido acceder al sistema de seguridad de la ciudad y hackear las cámaras, ni mucho menos cómo ha encontrado a Elle. Aunque, a decir verdad, eso me importa muy poco ahora mismo.

Elle entra al Teatro Bolshói con una sonrisa que deslumbra a todo aquel con el que se cruza. Incluidos, los seguratas, que embelesados con su presencia, apenas han prestado atención a algo que no sea su figura. Por supuesto, tampoco han visto el arma.

La cámara se detiene en ese mismo momento, pero el tiempo sigue corriendo.

Mis labios empiezan a temblar y entonces algo ocurre.

Algo que me hace sentir que caigo desde un séptimo piso y me estrello sin remedio.

Mi madre irrumpe de pronto en el Teatro y se detiene en el hall mientras habla con otras personas.

Todo ello sin reparar en que hay alguien observándola exasperada desde el segundo piso, Elle.

Me llevo las manos a la boca y aúllo en silencio. Intento reprimir mis emociones, mis impulsos incontrolables, sin embargo, no puedo evitarlo, salgo corriendo. «Solo quiero huir de ahí y respirar aire fresco.»

El sol ya se ha escondido, apenas queda un ápice de su recuerdo y es ahí cuando la noche empieza a arrugar el hocico, cuando cada uno toma una decisión.