Mentiras (Inesperado 2) Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

Caminamos rápidamente después de un abrazo sentido que me hace creer que el tiempo perdido puede recuperarse.

«Es de carne y hueso, puedo abrazarla, olerla y verla.

»  Los años han pasado, eso es innegable, y se notan en su expresión, pero está ahí, es real.

Sus ojos azules siguen siendo igual de cálidos que cuando me miraban con orgullo en las pequeñas competiciones de Norfolk.

Su pelo negro, del mismo color que el mío, ahora es más corto y le da apariencia de vejez.

Su sonrisa, más pequeña de lo normal, me hace recordar su risa ruidosa y contagiosa, aquella que tanto echaba de menos.

El abrazo duró poco, pero fue suficiente para llenarme el vacío que me dejó su muerte, aunque por desgracia había otra pregunta que rondaba en mi cabeza: «¿dónde está mi padre?».

Al separarnos, expresé mi incredulidad, «¿qué está pasando?

», titubeé con los dientes castañeando .

Ella me advirtió de que me contaría todo cuando realmente estuviésemos a salvo y agradeció a Viktor y April lo que habían hecho por mí, tanto en Rusia como en Tailandia.

En ese momento, pensé que todo estaba bien, que por esperar un poco más no ocurriría nada, pero la verdad era que me moría de ganas de que esto acabase y pudiésemos volver a casa sin mentiras de por medio.

De nuevo, la ausencia de mención sobre mi padre y de su propia presencia me hacía sentir cosquilleos en el estómago.

Había tenido esa sensación antes, era ansiedad.

Me ocurrió por primera vez cuando los nombres se amontonaban en la lista de fallecidos del tsunami y mis padres continuaban desaparecidos.

Pero ahora era diferente, sabía que mi madre estaba viva, pero ¿y mi padre?

Por desgracia, esa ansiedad, cuya existencia era un completo infierno, me impedía tener el valor para preguntárselo directamente así que simplemente continúe la caminata hasta que vimos el coche y, fuera de él, a dos chicos.

Uno de pelo rubio y rizado y otro de pelo castaño y despeinado. Nick y Troy.

Al verme, mi mejor amigo se abalanza sobre mí con la mirada triste y una amplia sonrisa:

—No sabes lo mucho que te he echado de menos, joder, me alegro tanto de que estés bien.

No contesto, no puedo hacerlo.

—Estamos juntos, de nuevo, Tyler, todo saldrá bien. —Trago saliva y asiento.

Él me contesta de la misma manera. Después, con una expresión acobardada se mueve hasta llegar a April, quien le besa apasionadamente.

Puedo ver en su mirada que no está cómodo, quizás sea demasiado pronto, puede que necesite tiempo, al fin y al cabo, llevan seis meses sin verse y el tiempo y la distancia hacen estragos en la razón y también en el corazón.

Entretanto, Troy me envuelve entre sus brazos con fuerza, provocándome un sentimiento difícil de definir. «¿Por qué parece que los problemas son menos graves cuando él está cerca?»

—Menos mal que estás bien, menos mal, yo…—dice, haciendo una mueca.

Aprieta con fuerza la mandíbula como si las palabras se anudasen a su cuello y comienza a agarrarse la parte posterior de la cabeza como si su vida dependiera de ello.

—¿Estás bien? —exclamo preocupado, rozando su hombro derecho.

—Sí —susurra, asintiendo y arrastrando sus dedos hasta alejarse de su nuca—. Estoy bien, últimamente tengo dolores de cabeza muy fuertes, pero es por el estrés.

—¿Seguro que no hay nada más? Estos meses… —Hago una parada intentando pensar qué decir. «Todo esto es tan raro, parecemos tan cambiados…» —. han sido duros para todos.

—Lo sé, pero no, no hay nada más. Vamos —repite observando que los demás han entrado al vehículo—, no hay tiempo que perder.

Apilados en el coche e ignorando las normas de tráfico, nos ponemos en marcha.

Mi madre y Viktor como pilota y copiloto, respectivamente, y el resto como buenamente podemos en la parte posterior.

April se sienta encima de Nick que la sujeta desesperado por no poder utilizar el cinturón, mientras que Troy, en medio, y yo en el lado derecho, contemplamos la luz del día como si nunca la hubiésemos presenciado.

Eso sí, él con unas grandes gafas de sol por las que no parece entrar ni un ápice de claridad.

Tras unos minutos en los que el silencio es el único protagonista, me atrevo a hablar, rompiendo la tregua de los secretos y contando dónde he estado todo este tiempo.

—Él es… —empiezo a explicar señalando al ruso.

Para mi sorpresa, mi madre me interrumpe.

—Viktor Kozlovski, ex jefe de la Mafia rusa —sentencia con seriedad. Nick y Troy nos dedican una mirada de miedo e inseguridad—, él sabe más sobre Sombra que nadie y va a ayudarnos a salir de aquí.

—¿Qué? —increpo sin llegar a comprender lo que estoy oyendo.

«¿Cómo que Viktor tiene información sobre Sombra? ¿Acaso me lo ha estado ocultando todo este tiempo?»

—¿Qué tiene que ver Sombra con vosotros? —pregunta confundido el ruso, mirándome y dándome a entender de este modo que él está tan perdido como yo.

—Tenemos que reunirnos con tu hermana en algún sitio, ella te explicará todo, Caitlyn y ella tenían un plan para que salieras de la cárcel con vida y ese plan era Tyler —declara mi madre observándome a través del retrovisor interno con pena, como si lamentase no haberlo impedido.

—¿De la cárcel? —titubea alterado Nick dirigiendo su vista a April y a mí—. ¿Que… habéis estado en la cárcel? ¿En una cárcel rusa?

—Sí —pronunciamos ambos—. pero… —añadimos, volviendo a coincidir.

—Ya habrá tiempo de explicar todo más tarde… primero necesito una dirección, Viktor, un sitio que solo tu hermana conozca.

Él posa los ojos en el rostro de mi madre.

No le gusta que le den órdenes y mucho menos que se las imponga alguien a quien ni siquiera conoce, aunque sea mi madre.

Los segundos pasan lentos y entonces, cuando todos creíamos que Viktor se impondría, vocifera en ruso un par de palabras.

Luego, reflexivo e imperturbable, señala una dirección:

—Plaza Arbatskaya 11.

—¿Ese no es el Cine Khudozhestvenny? —inquiere mi madre, arqueando la ceja derecha.

—El mismo —confiesa, frunciendo el ceño bajo una voz grave.

El silencio persiste a lo largo del trayecto colmado de un frío que nos llena de preguntas y nuevos problemas. Y, por desgracia, no solo pertenecen a Sombra . Sé que Troy se muere por decirme una cosa, algo ha sucedido durante estos meses y necesita contármelo, pero el miedo le impide hacerlo.

Luego están April y Nick. Este último lucha por actuar como siempre, pero sus ojos perdidos indican que este cambio va a suponerle un gran trabajo, y ella, que también permanece distante pero en menor medida, aún lidia con el terror que ha vivido en las últimas horas.

Viktor, por otra parte, no puede parar de pensar en su hermana, estoy seguro, lo conozco, ella es la persona más importante de su vida.

Y yo… ni siquiera reconozco mis sentimientos, es como si me encontrase en un limbo entre el sueño y la realidad, la verdad y la mentira, la vida y la muerte.

De todas maneras, tampoco me da tiempo a averiguarlo, pues para cuando quiero darme cuenta, el coche ya se ha detenido y la cuenta atrás para descubrir la historia con la que comenzó todo ya ha empezado.

El Cine Khudozhestvenny ya está frente a nosotros.

Nos bajamos del coche lentamente con los nervios a flor de piel y la incertidumbre colándose por nuestros poros.

La fachada grisácea del que fue una vez un cine — bajo mi punto de vista, uno de los importantes — nos muestra una escena de lo más decadente.

Seguramente en otra época, los dioses griegos que parecen ocultos entre capas de pintura e intentos deficientes de reparación, brillarían expectantes.

Incluso puede que bajo la señal del paso soviético, hubiese habido luces de neón y colores estrambóticos, carteleras de las películas más populares y un taquillero vestido con la ropa más cinematográfica.

—Está… cerrado por renovación —comenta April, devolviéndome al presente más inmediato.

Viktor, que camina el primero sin mirar atrás, hace caso omiso y continúa andando hasta que se encuentra en la puerta.

Todos lo observamos con detenimiento pegados al sustrato sin saber si debemos seguirle.

«Deberíamos hacerlo, al fin y al cabo, es el único que parece saber lo que hace.

» De pronto, sus pasos disminuyen su frecuencia y gira su cuerpo con frialdad:

—El tiempo es demasiado caro —sentencia prudente mientras se cruza de brazos, esperándonos.

Al notar la crudeza del asunto y el peligro que nos acecha apenas tardamos un minuto en llegar. «Será mejor que no juguemos más con la suerte.»

Viktor abre decidido la puerta y nos conduce por una sala privada desconocida para la ciudadanía rusa.

Las luces apagadas no nos dejan ver más allá de una pantalla grande y unos cuantos asientos llenos de polvo y porquería.

Pese a que la dejadez es evidente, aún puede percibirse un atisbo de lo que fue en otro tiempo.

«No me extraña que esté en reformas», mascullo pasando mis dedos por el terciopelo corrompido de las butacas.

—Vamos, Ty —me susurra April a un par de metros de mí.

Sin darme cuenta me he parado alejándome del resto. «Tengo que estar más alerta, la vida fuera de la cárcel puede ser todavía más cruel.»

Le sonrío cómplice y ambos continuamos con el recorrido pactado.

Esta vez sí fijo mi mirada al frente, a lo que me incumbe ahora.

Así, entramos en un pasillo estrecho y asfixiante cuya luz es tan ínfima que todos ralentizamos la velocidad pues tememos chocarnos los unos con los otros.

El ruso se ríe al notarlo y enciende la luz rápidamente.

Puede que él se conozca estos lugares a la perfección, pero no es nuestro caso, aún estamos perdidos en este país que solo trata de matarnos, una y otra vez.