Mentiras (Inesperado 2) Capítulo 14
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Capítulo 14

TYLER

C atorce años tenía cuando el dolor, que llevaba años escondiendo en un cajón, se desbordó. Vino sin previo aviso, acompañado de malas compañías, un cambio de vida y alcohol. Una mezcla abrumadora en un adolescente y más aún en un adolescente que había perdido a sus padres.

Entré en la preparatoria sin problemas, con notas altas y un gran rendimiento deportivo. Todo funcionaba bien, dentro de lo que cabe, pero conocí a Owen, quien me hizo creer que mi vida entera era una mentira.

El distanciamiento con Nick fue gradual, al principio tratábamos de sobrellevar el hecho de haber conocido gente nueva, de nuestras diferencias en cuanto a gustos y gracias a nuestro único punto en común: la natación.

Pero todo se quebró. Sus amigos eran agradables, graciosos —no tanto como él— y normales.

Tenían familias estructuradas, padres que los querían y, sobre todo, no tenían que sufrir aquella sensación de estar pisando el freno a fondo y no poder parar el coche, o lo que es lo mismo, la mente.

Por mucho que quisiera, estábamos en puntos distintos de la vida, con ellos no llegaba a encajar.

Y apareció Owen. Un par de años mayor que yo, piercings por la cara y tatuajes en el brazo, un chico malo que volvía locas a las chicas.

Caminaba despreocupado por los pasillos y no le importaba nada, o eso aparentaba.

Después descubrí que sí que tenía preocupaciones, demasiadas, y que eso acabaría con él, pero esa historia ya la he contado antes.

Ni siquiera recuerdo cómo demonios acabé con semejante personaje, puede que siempre haya tenido un imán para los problemas.

Empezamos a quedar, por aquel entonces yo casi había cumplido los quince años y había aguantado los intentos de Owen por emborracharme.

Pasaba, no quería ni probarlo, sabía lo que pasaría después, había visto lo que hacía con Owen, en lo que se convertía.

Sabía lo que hacía en las personas estropeadas y yo sabía inconscientemente que había algo roto dentro de mí.

Me rehuía a acabar como él, pero seguía siendo su amigo, aunque ahora no pueda explicar por qué.

La realidad era que todo era más oscuro a su lado, y que no me sentía cómodo con él, pero cuando te sientes una pieza averiada intentas encajar como sea, a pesar de todo.

Pronto llegaron las chicas, Bethany y Rebecca.

Owen llevaba teniendo algo con la primera desde hacía años, nada serio según él, una extremada dependencia por parte de ambos según lo que yo veía.

No podían vivir el uno sin el otro, pero tampoco eran capaces de estar juntos. Chorradas del siglo XXI.

Con el paso del tiempo, hicieron oficial lo suyo y tanto ella como su amiga Rebeca empezaron a pasar tiempo con nosotros.

Lo de Rebeca y yo no fue amor a primera vista, ni siquiera nos llevábamos bien al principio, demasiado idealista.

Esa faceta suya me recordaba a Nick, y me hacía darme cuenta de lo que me estaba perdiendo.

Evitaba estar con ella, pero cada vez nos quedábamos más ratos a solas, y la química fue surgiendo.

Con ella era diferente, no me sentía como con Owen, con ella estaba a gusto, era más yo o, mejor dicho, estaba más cerca de lo que aspiraba a ser.

Un día de tantos en los que nos quedamos en la cabaña de mi amigo, Bethany y él se marcharon, sin previo aviso, obligándonos a quedarnos ahí durante horas, sin posibilidad de volver a casa, pues ninguno conducíamos, ni teníamos la edad.

Hablamos de nosotros, de nuestros deseos de futuro y ahí fui consciente de que no sabía quién quería ser.

Me había preocupado durante tanto tiempo por encajar que había perdido el norte.

Ese día nos besamos por primera vez. Algo efímero, una felicidad diminuta que se sintió vacía con lo que ocurrió después.

Cuando Owen y Bethany regresaron, les contamos lo sucedido emocionados, me gustaba y yo a ella también.

Quisieron celebrarlo, ellos ya llevaban un tiempo pensando que tarde o temprano iba a pasar.

Bebimos, demasiado para mí, Owen insistía una y otra vez.

Sentí euforia. Disfruté. Pero llegó el día siguiente.

El calendario indicaba que ese día hubiese sido el cumpleaños de mi madre.

Irónicamente un año más tarde Rebecca moriría y dejaría el alcohol.

Pero ese día me marché al río, solo, con una botella que me había regalado mi amigo y con una angustia que se agarrotaba en mi estómago y garganta.

Bebí tanto que hay cosas que no recuerdo.

Solo quería olvidar. Solo quería volver a sentir la euforia.

Lloré y grité mucho, pero lo que más me duele recordar es que aquel día rompí mi amistad con Nick.

Me llamó por teléfono preocupado y le mandé literalmente a la mierda, le dije que me dejase en paz para siempre.

Menos mal que no lo hizo en ningún momento.

Aún me pregunto cómo sobreviví aquel día, el dolor y el alcohol son una mezcla horrible.

Los días posteriores fueron repulsivos. La única persona con la que me permitía ser yo, era Rebecca y solo ella era la que me hacía sentir esa euforia.

No era el alcohol, estaba muy equivocado.

Pero esa euforia volvió también tras su muerte, en aquel festival en Nueva York donde me reencontré con la persona que fui alguna vez y en la que me convertiría después.

Pasaron los meses y cada vez aguantaba menos mi vida y a mi persona.

Lo único bueno era ella. Rebecca tampoco tenía una vida perfecta, hija de madre soltera, trabajaba para ganar dinero y pagarse la universidad.

Muchas veces metí el dinero que ganaba en los pequeños campeonatos de natación en su caja para los ahorros.

Eso sí, a escondidas, ella no soportaba la “compasión” y menos cuando venía de mi parte.

Mi hucha llevaba ya un tiempo llena a consecuencia de la herencia, así que el dinero que no ahorraba para ella, lo gastaba en tonterías.

Tampoco los padres de Nick me dejaban ayudar en casa, era cuestión de principios, yo hacía un tiempo que era como un hijo suyo y no iban mal de dinero.

Todo iba medianamente bien, bueno, eso me repetía una y otra vez hasta que unas semanas antes de que ocurriese la tragedia, llegué borracho a un entrenamiento.

Quedé con Owen antes para contarle que ese fin de semana tendría mi primer campeonato fuera de Norfolk, estaba muy ilusionado y era una gran oportunidad, pero él sabía lo que suponían las oportunidades, eran posibles billetes para salir de nuestra ciudad y eso no le gustaba nada.

Me sacó el tema de mis padres, y me hizo sentir como una auténtica mierda, no me merecía esa oportunidad, al fin y al cabo, era un juguete roto, ambos lo éramos.

«El cabrón me tenía muy manipulado». Bebimos otra vez y acudí al entrenamiento borracho como una cuba.

Inaceptable. Estuvieron a punto de echarme del equipo, a pesar de ser de los mejores, pero Nick me cubrió y me salvó.

Aún me acuerdo de la furia con la que me metió en los vestuarios y la charla que me dio:

—¿Eres consciente de cómo has venido? ¿Cómo se te ocurre? —me preguntó alterado pretendiendo susurrar.

—Yo… —musité sin saber bien qué decir.

—Tyler, podrían echarte del equipo, ¿qué equipo que tenga cabeza tendría a un nadador que se pone hasta el culo de alcohol?

¡Dime! No puedes hacer esto con tu vida, Tyler —pronunciaba nervioso gesticulando con exageración, mientras yo me sentaba, tratando de no perder el equilibrio—.

Puedo entender que has cambiado de vida, que opinas que tú y yo no tenemos nada que ver como me dijiste hace tiempo, —Un pinchazo incidió en mi pecho y luché por no ponerme a llorar—.

pero no puedes dejar esto, no puedes dejar tu sueño.

Eres bueno, eres el mejor aquí, el campeonato de este fin de semana puede ser tu gran oportunidad, no la eches a perder, por favor —suplicó, fijando sus ojos en los míos y desnudándome el alma.

—Pero mis padres… —traté de explicar, pero nada parecía tener sentido en ese momento.

—Pero tus padres no podrían estar más orgullosos de saber que cada día luchas por salir adelante y que vas a convertirte en lo que siempre soñaste. Tus padres estarían orgullosos de ti.

—No lo estarían, sobre todo mi madre, ella no podría soportar ver en lo que me he convertido —logré decir por fin.

—Pues hazles sentir orgullosos, hazlo por ellos, hazlo por ella. Gana el campeonato de este fin de semana por ellos, sé que tus logros siempre tienen su nombre. Pero este hazlo por Bette, haz que se sienta orgullosa —propuso colocando su dedo índice en mi corazón.

—Lo haré, lo haré por ella, por mi madre. Voy a ganar ese campeonato —exclamé para después romperme en mil lágrimas y sentir los brazos de mi mejor amigo cubriéndome y protegiéndome.

Lo malo de todo esto fue que nada cambió.

Sí que gané ese campeonato y se lo dediqué a mi madre, pero Nick y yo continuamos nuestras vidas como si ese instante no hubiese sucedido nunca.

Hasta un mes y medio después cuando estuve a punto de perder la vida entre sus brazos, cuando decidió ocultarme lo que pasó aquella noche, cuando empezó su gran mentira.

Mis pies se paralizan al ver la claridad de sus ojos, el incipiente temor a la locura me provoca un retumbar en los oídos y mis labios inertes por no saber qué decir no pueden evitar quedarse mudos.

Hace unos minutos que mi madre apareció, sabía que estaba viva, que podía estarlo, pero prefería no agarrarme a un clavo ardiendo y continuar de luto.

El dolor sería más grande si pensase que de verdad sobrevivió y luego todo resultase ser un cuento.

Puede que por eso mi mente aún se resiste a creerlo.