Mentiras (Inesperado 2) Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

El vídeo comienza tétrico, una música de lo más siniestra lo acompaña, pero pronto cambia la temática y un niño de unos tres años se convierte en el protagonista.

A lo largo de los primeros minutos aparecen pequeños fragmentos de su infancia, y según pasa el tiempo, el crío va creciendo hasta convertirse en un adolescente.

Es rubio, de tez muy clara y ojos casi cristalinos.

Parece un ángel. En las imágenes posteriores ya parece haber alcanzado la pubertad, sonríe a la cámara con desparpajo y es el rey de todas las fiestas, o al menos, eso es lo que parece. Llega el final.

La última secuencia es quizás la más frívola: un color sepia inunda el cielo, las nubes se mueven rápidamente por el espacio y parte de un lago con su consecuente muelle toman el control de la escena.

Dentro de ese muelle, entre dos de los palos, hay una pancarta con un nombre en el medio, sin embargo, la calidad de la imagen es demasiado pobre y es prácticamente imposible apreciarlo con claridad.

El vídeo termina con el chico lanzándose dentro del agua y entonces…

nada ocurre, el tiempo corre veloz en el margen superior, pasan los segundos, los minutos y las horas y el joven no sale del agua.

Comienzo a sentir cómo algo oprime mi pecho.

Supongo que es la ansiedad por no saber si el crío de la grabación seguirá o no con vida.

La película se detiene en ese momento, todo se enfría alrededor y al reencontrarme de nuevo con el silencio, puedo escuchar los latidos desenfrenados de mi corazón y mi respiración agitada.

—¿Qué le pasó? —pregunto imperando respuestas —. ¿Qué demonios le pasó?

—Lo asesinaron —sentencia la persona que me ha secuestrado a través de unos altavoces perfectamente colocados en cada esquina superior de la habitación.

Las imágenes vuelven a aparecer en la pantalla, esta vez son recortes de periódicos, pequeños reportajes que apenas ocupan la mitad de una cara, algo que considero increíble si estamos hablando de la muerte de un niño de catorce años.

Los títulos “Hallado muerto el niño de catorce años que se ahogó en el Lago Turkey Creek” “La tragedia del Lago Turkey Creek” “Los Petrov lloran la pérdida de su hijo de catorce años” son los que más resuenan, sin embargo, los titulares pronto cambian el cariz del suceso y comienzan a referirse — de forma profundamente cínica, bajo mi punto de vista — a la posición social de la que disfrutaba esa familia en Rusia, a su numeroso patrimonio y a los escándalos que los trajeron hasta Estados Unidos.

«No puedo creer lo que los medios, irrespetuosos y sedientos de polémica, hicieron a esa familia. »

El clip se corta, la pantalla vuelve a convertirse en un cielo. Esta vez añaden unas nubes que me hacen más soportable la situación, evitándome así la ardua tarea de mantener los ojos abiertos cuando el sol brilla con tanta intensidad.

—Suficiente por ahora —pronuncia el desconocido entrando en la habitación por una puerta que había permanecido escondida para mí. Su color, igual al del resto de la sala, y la ausencia de pomo habían conseguido confundirme, pero, por lo menos, ahora ya sé dónde está la salida.

—¿Quién era ese niño? —pregunto inquieta enfocando mi mirada en él.

Sus ojos negros sonríen y bajan la vista hasta sus manos que sujetan una especie de envase de pizzas. Al verlo, es inevitable sentir e incluso oír mis tripas rugir. No había sido consciente hasta ahora del hambre que tenía.

—Es demasiado pronto para saberlo, querida Elle. De momento, disfruta de la pizza, las respuestas aún tardarán en llegar —contesta posando en el suelo el cartón y dándose la vuelta decidido a abandonar la habitación.

—¿Qué hora es? —exclamo con mil preguntas aún recorriendo mi mente.

—Es medio día, has dormido toda la mañana, el sedante ha sido más fuerte contigo —dice, metiendo su mano derecha en uno de los bolsillos y sacando de él una especie de mando.

—¿Y mi hermana?

Mi insistencia acaba por alterar de manera irremediable a mi secuestrador, que, con el ceño fruncido, se da la vuelta y camina con mirada altiva hacia mí.

Acerca su rostro al mío, quedándose a unos centímetros y mis ojos, azorados por el rapto y por su sádico aspecto, amenazan con estallar en mil lágrimas si la situación no se disipa con rapidez.

Y lo cierto es que no tiene pinta de que vaya a desaparecer pronto.

—Te reencontrarás con ella enseguida, mientras tanto, trata de no hacerme más preguntas. —Asiento no sin antes dedicarle una pequeña sonrisa que bien podría confundir el terror que corre por mi interior con un ápice de altanería.

Él está a punto de salir de nuevo, cuando una última cuestión surge en mi cabeza: ¿Cómo demonios voy a poder comer la pizza si estoy atada de pies y manos?