Capítulo 9
TROY
L a migraña aún persiste, la pesadez en los ojos se hace cada vez más visible y mis temblores son imposibles de ocultar.
Llevo así desde que las palabras han salido a trompicones de mi boca y los recuerdos han volado a través de la furgoneta decorada con alpacas.
Nick me ha escuchado, atento y sin hablar, algo raro en él, y me ha apoyado, algo todavía más raro.
Creo que algo ha cambiado dentro de su cabellera rubia y su sarcasmo desproporcionado, pero bueno, al fin y al cabo, ¿quién no lo ha hecho durante estos meses?
El silencio me da paz, por lo menos, durante los minutos en los que me permito observar el paisaje y albergar dentro de mí un poco de esperanza.
Aunque sea mínima, aunque se disipe a medida que el tiempo pasa.
Sonrío al pensar en un posible reencuentro, y en un posible futuro, pero solo es eso, una posibilidad entre mil, que se deshace entre mis dedos de manera cobarde y dolorosa.
Los ojos de Nick están clavados en la carretera y en la música que resuena dentro del coche, Words de F.R.David . El gps indica que dentro de poco estaremos en la dirección que el maldito Igor me mandó hace cosa de media hora y la tensión y el miedo ya parecen resucitar dentro de nuestros cuerpos.
Nuestras bocas, secas por la ausencia de palabras, parecen no encontrar cabida, pero de manera irremediable y casi sorprendente, ambas mentes se despiertan con el graznido de un cuervo en la carretera.
—Ya queda poco —pronunciamos a la vez por arte de magia.
Ambos sonreímos e incluso nos perdonamos por un momento, sin embargo, sé que su rencor no desaparecerá sin un perdón y que yo, por miedo a continuar una mentira, no le permitiré esa satisfacción.
O puede que sí. Ya hace demasiado tiempo que recojo los platos rotos de una infidelidad y una paternidad falsa, que ni siquiera yo provoqué, y Nick, quiera o no, sabrá comprenderme.
Mis labios se despliegan como un ave alzando el vuelo dispuesto a dar sepultura a la patraña que tanto he luchado por ocultar. El nombre de Tyler está a punto de aflorar y el guion que tantas veces he ensayado en mi cabeza para desvelar nuestra fraternidad también.
—Troy. —La voz de Nick acalla mis demonios y me devuelve a la realidad.
—¿Qué? —balbuceo con dificultad y aprieto con fuerza la mandíbula. «Joder, por fin iba a terminar con esta mentira…»
—Siento haberte dicho que no éramos amigos, yo no… no… —trata de decir titubeando.
—No hace falta que te disculpes, soy yo el que tiene que pedir perdón por todas las putadas que os he hecho a Tyler y a ti.
—Ya, bueno, supongo que ahora que lo veo con perspectiva, había un motivo —exclama mientras se encoge de hombros sin apartar la vista de la carretera.
—Sí, aunque no es el que…
—Sé que querías alejarnos de toda esta mierda, pero ¿qué está pasando? ¿Por qué Tyler? Sé que yo soy un efecto colateral, lo he sido desde el principio, pero Tyler… es por él, ¿verdad?
—Sí, pero también es por Elle, Caitlyn, …
—Trago saliva de manera compulsiva para frenar el nudo que se ha formado en mi garganta al ser consciente de que tengo que pronunciar su nombre—.
Brooke, y yo. —Cierro los ojos y respiro hondo—.
April y tú tan solo sois víctimas de la mala suerte, no tendríais que habernos conocido nunca.
—Pero y… ¿en qué demonios estáis metidos? —Esta vez sí dirige su mirada hacia mí y yo niego con la cabeza. Sé tan poco como él.
—No lo sé, Nick, esto no es por nosotros, esto es por nuestros padres y en el caso de Elle, por su hermana, ella es la única que conoce la verdad, la única que sabe quién es Sombra realmente.
—Pero Sombra está muerto, Williams está muerto.
—Tú y yo sabemos que Williams no era el jefe, Sombra está vivo y tiene todo muy bien atado —contesto, temblando por escuchar en voz alta lo que tanto me perturbaba incluso pensar.
—Encontraremos a todos y averiguaremos la verdad —asegura para después sonreírme y darme un suave golpe en la pierna izquierda.
—Sí —afirmo sin quitarme de la cabeza lo que quería contarle desde el principio—. Nick, tengo que contarte una cosa.
—¿Puede esperar o es muy importante? Ya hemos llegado. —El rubio agarra el freno de mano tras aparcar con rapidez.
Así, me quito la venda de los ojos que me permitía esconderme de la verdad.
Por un instante me había aislado tanto que sentía el calor y la humedad de Tailandia recorriendo mis entrañas.
Y es que esta conversación me había trasladado a un pasado que me perseguía con cuidado y que no se saciaba ni aun apareciendo cada noche en mis sueños.
Estaba claro que ahora comenzaría a aparecer también por el día en forma de recuerdos y pensamientos que me alterarían hasta no ser capaz de distinguir entre lo real y lo imaginario.
Mis problemas no habían hecho más que comenzar, el reencuentro con Nick tan solo me catapultaría de nuevo al infierno, si es que había llegado a salir en algún momento.
Y eso, por desgracia, me provocaba un terror ensordecedor difícil de silenciar.
—Puede esperar —declaro, saliendo veloz de la furgoneta y caminando hasta la casa sin mirar atrás.
Con delicadeza, empujo la puerta, pero el chirrido de ésta rozando el parqué, alerta al inquilino de que tiene invitados. Me estremezco al escuchar la voz del ruso y su estridente risa.
—Nick, es mejor que te quedes fuera, puede ser peligroso —le advierto acercándome de nuevo a él, que aún se encuentra cerrando la furgoneta.
—Tío, solo me secuestraron una vez, no me trates como si fuese imbécil —contesta airoso mientras entra sin tener el más mínimo cuidado.
—¡Joder, maldita sea, Nick, he oído su voz, sabe que estamos aquí! —grito corriendo tras él.
El clic de una pistola hiela mi sangre y un escalofrío viaja a lo largo de toda mi columna vertebral hasta explotar en mi cabeza, donde un sórdido y precipitado dolor me aleja del presente y me sumerge de nuevo en el pasado.
El agua de la piscina me distraía del espantoso calor que envolvía el ambiente de Virginia y también, ¿por qué no decirlo?
de la pelirroja que, tumbada en la hamaca de flores del jardín, masticaba chicle sonoramente y leía revistas de moda y cotilleos.
Sus ojos ocultos tras unas gafas de sol me observaban sin ningún disimulo y yo, tratando de no perderme en su belleza, entrenaba bajo el falso pretexto de una posible competición el mes siguiente.
Estaba claro que era una mentira, y ella lo sabía, claro que lo sabía, ella lo sabía todo.
—¿Acaso no vas a parar ni un segundo? —preguntó al mismo tiempo que una gran pompa explotaba en sus labios.
—Tengo competición pronto y cuando nuestros padres terminen la reunión, me iré a mi habitación a estudiar, tengo un examen muy importante la semana que viene.
—¿Y por qué no vas ahora?
—Según mi padre es descortés tener invitados y estar encerrado en mi habitación —confesé con cierto retintín en la voz.
—También lo es estar metido en la piscina sin prestarles atención.
«Touché», pensé para mis adentros, mientras me apoyaba en el bordillo de la piscina para impulsarme y salir fuera. Brooke se quitó las gafas en ese momento y me sonrío con cierta picardía.
—¿Hace cuánto que nos conocemos, Troy? —incidió rompiendo todos mis esquemas.
Yo, que me encontraba secándome el cuerpo con una toalla, me encogí de hombros y me acerqué hasta sentarme en la hamaca contigua.
—¿Ocho meses?
—Siete y medio —sentenció acercándose hasta poder oler su colonia—, y llevas loco por mí desde el primer día. —Yo solté una carcajada al escuchar sus palabras.
—Es curioso que diga eso la persona que recuerda a la perfección que nos vimos por primera vez hace siete meses y medio —le respondí reduciendo aún más la distancia que nos separaba.
Su perfume ya se había pegado a mi cuerpo hasta sentirlo mío y sus pupilas dilatadas eran incapaces de apartar la vista de las mías, algo que me descolocaba y aceleraba mi corazón de manera inexplicable.
—¿Y cuándo vas a besarme de una vez, Jefferson? —exclamó hasta eliminar el espacio entre nosotros. Nuestros labios ya se tocaban, pero no se besaban, era como disparar una pistola y que la bala nunca llegara a salir.
—Sabes que no deberíamos —dije entonces, alejándome poco a poco, y deshaciéndome de todos los pájaros que teníamos ambos en la cabeza.
En ese momento, ella agarró mi mano con fuerza y tiro de mí, devolviéndome a la misma posición. Su mano rozó mi mejilla y me estremecí al sentirla tan cerca de nuevo. Nuestros ojos volvían a ser lo único que podíamos divisar y ciertamente también lo único que queríamos ver.
El sonido de la puerta que separaba el salón del jardín nos despertó del trance y justo antes de que aparecieran ambas familias, Brooke me susurró con una magnética tranquilidad: «Empieza a vivir tu vida, Troy, no te conviertas en tu padre.
Yo decidí hace mucho no convertirme en los míos».
Luego, tan solo me quedé mirando fijamente a mi padre mientras la pelirroja se despedía y salía por la puerta principal.
Sin embargo, a partir de ese momento, un ruido se formó en mi cabeza, un ruido que me impedía avanzar y que me acercaba, cada vez más, hacia las fauces de mi padre.
—Da un paso más y le mato —escupe el ruso con un descaro propio de alguien que no tiene nada que perder.
Una nueva cicatriz adorna su monstruoso rostro y su mandíbula apretada hace que sus dientes rotos y desalineados chirríen de manera angustiosa. A pesar de ello, no es su aspecto lo que me preocupa, sino su inestabilidad, este tío sería capaz de inmolarse con tal de joderme.
—Suéltale, Igor.
Los ojos de Nick me miran fijamente, anonadados y nerviosos, pero un brillo diferente se cuela a través de ellos. Parece que tiene un plan, y los planes del rubio nunca salen como uno espera.