Mentiras (Inesperado 2) Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

Alcé el vuelo hacia allí mientras pensaba en el oído que tenía que tener Dane para escuchar los mensajes a tantos metros.

O puede que solo fuese un poco rarito. «Sí, seguramente sea lo segundo, un poco rarito sí que es.

» Busqué con rapidez la taquilla número 62 y la abrí con energía decidido a recoger las cosas de Cox, pero al agarrar el móvil, la pantalla se encendió, dejando entrever el teclado donde se debía colocar el código de desbloqueo.

Me quedé mirándolo durante unos segundos, y después, solamente grité de felicidad.

«¿Cómo no he podido verlo antes? Debajo de los números están las letras del abecedario, así es como hay que descifrar las notas que le han estado enviando a Tyler. »

Corrí hacia Dane y le tiré todas sus cosas sin darle ninguna explicación.

—Mil gracias tío —esbocé, huyendo hacia la caseta para resolver el misterio con intimidad.

—Gracias a ti —me gritó confundido.

«Más confuso estoy yo, créeme», pensé para mí mismo.

Abrí la puerta con vehemencia y me senté en la cama con la ansiedad corriendo por mis venas.

Con los dedos temblando, conseguí entrar a las notas de mi móvil donde también descansaban los números de cada uno de los misterios de Tyler y prudente empecé a transcribirlos.

Tragaba saliva nervioso cada vez que una palabra parecía cobrar sentido y cuando la frase entera apareció ante mí, sentí cómo mi pulso se aceleraba descontroladamente.

En ese preciso instante, Troy irrumpió en la habitación y con balbuceos le di la noticia.

Él, impasible ante mi teoría, me pidió que no contase nada, no por ahora, «espera a que Tyler compita, y después, cuéntaselo, pero déjale que compita antes», repitió una y otra vez, y el resto…

El resto tan solo pertenece a una ilusión que aún me cuesta creer que forme parte de la realidad.

—Nick… —Mi vista perdida se reencuentra con la de Troy, sumido en una tristeza difícil de ocultar.

—¿Qué ocurre? —pregunto sin olvidar la cuestión más importante: ¿cómo me ha encontrado y por qué está aquí?

—Tengo que marcharme… tengo que hacer algo, tengo que… —Niega con la cabeza—. volveré, volveré e iremos a buscar al resto… —balbucea a duras penas, aunque su voz se entrecorta y debe carraspear para continuar.

Mi corazón comienza a latir con fuerza y la adrenalina empieza a correr dentro de mí, hacía tiempo que no me sentía así, hacía tiempo que no volvía a sentirme vivo otra vez.

—Ni hablar, iré contigo —exclamo cogiendo la mochila y metiendo en ella las únicas cuatro cosas importantes que tengo en esta casa, dos de ellas fotos, una con mis padres y otra con Tyler en el aeropuerto de Virginia antes de embarcar a Tailandia.

El resto son amuletos que me llevé a la competición y mi peluche Florindo, una alpaca llena de amor.

—Nick, no puedes venir, es peligroso… —Pretende pararme agarrándome de los brazos, pero yo me zafo y frunzo el ceño —. ¡Nick, la última vez te secuestraron, no voy a permitir que te vuelvan a hacer algo!

Flashes del secuestro vienen a mi cabeza y yo trato de esquivarlos, moviéndola incontroladamente. No puedo seguir escondiéndome, no puedo seguir aquí más, no quiero vivir con miedo.

—Troy…

—¡Nick, no!

—¡Vivo en una puta cárcel, Troy! —grito hasta quedarme sin voz y la expresión de Troy cambia por completo—.

Vivo con miedo desde el día que me desperté en ese maldito hospital rodeado de cables, y sueño todos los días con el día del secuestro.

Es un jodido bucle del que no puedo salir y estar aquí solo me recuerda que sigo en Tailandia preso del pasado.

Trago saliva confuso y recupero el oxígeno perdido dando una gran bocanada de aire. Él me observa en completo silencio, y por fin actúa, resoplando y afirmando con la cabeza.

—Está bien, coge lo que necesites, te espero fuera. —Su cuerpo se vuelve hacia la salida y empieza a caminar. Su seriedad es innegable, estoy ante una persona completamente distinta a la que conocí en el colegio—, ¿tienes coche?

—Pues… te va a hacer gracia. —Él arquea las cejas ante mis palabras—. Es la furgoneta del trabajo.

Salimos de mi casa y cierro por última vez.

Hubo momentos en los que pensé que jamás podría salir de aquí, que me quedaría de por vida sin tener la oportunidad de vivir más allá de este pueblo y los cursos de repostería y costura.

Pero esto era lo que estaba buscando, esta era la señal con la que fantaseaba desde el instante en el que pisé esta casa.

Me acerco al buzón e introduzco el dinero equivalente a ese mes, y luego, envío un mensaje a mi jefe, diciéndole que me despido, y dándole de nuevo el pésame, el Sr. Popov me comprenderá, lo sé.

—No me jodas… —Vuelvo la vista hacia Troy tras oír su grito y, después, me río.

—Soy consciente de que no es lo que te esperabas, pero… corre mucho.

Troy se lleva las manos a la cabeza mientras contempla la súper furgoneta decorada con alpacas blancas y negras que sonríen.

No sé qué es lo que menos le gusta, si las alpacas o las grandes letras rojas en neón de: “Ven a visitarnos”.

Pero bueno, no hay que preocuparse, lo importante es que nos lleve a nuestro destino, ¿no?

—Joder, Nick, es que no me lo creo. —Se lleva las manos a la cabeza y resopla con fuerza.

—¡Venga, vamos, no está tan mal! —me justifico mientras me acerco a la furgoneta y le doy un leve manotazo—. ¡Ay! —grito esperando que Troy no me haya escuchado.

—Oye, y si la furgoneta es de tu trabajo… —comienza a decir, al mismo tiempo que se va moviendo hasta llegar al lado del copiloto—. ¿no la echarán en falta?

—¡Bah…no! —Suelto una gran carcajada—. Oye, ¿no quieres conducir tú?

Ya sé que te da vergüenza, pero yo no tengo ni idea de…

ya sabes que lo de las marchas es complicado, aún no me he acostumbrado, apenas conduzco un par de kilómetros de normal…

tú conducías de pequeño en competiciones, ¿no?

Algo me comentó Tyler, seguro que manejas más que yo…

—Yo no puedo conducir —me interrumpe rápidamente antes de que pueda terminar la frase.

—¿Por? ¿Tienes un esguince o qué? —bromeo, pero su mirada penetrante corta mis alas.

—No, algo peor.

—Siempre tan misterioso, Jefferson, ¿qué pasa? —digo, montándome en la súper furgo y esperando su contestación.

—Estuve metido en carreras ilegales y tuve un accidente que casi me mata.

—Joder… ya veo que vuestra vida ha sido más entretenida que la mía —afirmo con la cabeza y arranco el coche.

Pronto dejamos de lado el campo y su tranquilidad, las aves suenan a lo lejos simulando una despedida, y una lágrima rápida y cobarde sale de mi ojo derecho para después correr por mi rostro al recordar que ya he dejado esa vida de soledad, angustia y terror atrás.

—Bueno —añado limpiándome el pómulo y volviendo a colocar mi mano en el volante—. ¿Quién va a ser el primero al que vamos a buscar? ¿Tyler? ¿April? ¿Elle? ¿Caitlyn?

—Karina.

—¿Quién demonios es Karina?

—Verás… cuando entraste y me viste así… acababa de recibir un mensaje de…

Y la guerra volvió a estallar, sin previo aviso, frente a nosotros.

Su historia envolvente y presuntuosa indicaba que todo iba a cambiar, volvíamos a retroceder hacia el mismo lugar, el peligro y la muerte.

La ansiedad ya crecía en mi interior con descaro y sin ninguna potestad, pero, al fin y al cabo, era inevitable. Volvíamos a estar en el ruedo.

—Está bien, iremos a salvar a Karina —pronuncié y entonces supe que el antiguo Nick estaba cerca que nunca de regresar.