Capítulo 7 #2
Fyodor esboza una sonrisa y pronuncia la palabra «Spasibo» ante la mirada crítica de Mikhail, mientras yo camino todo lo rápido que puedo hasta la entrada.
Antes de abrir la puerta y dejarnos llevar por la clandestinidad de Rusia, el segurata agarra el brazo de mi acompañante y le susurra unas palabras al oído que puedo escuchar sin problemas: « No sé en qué estarás metido, pero quiero que estéis fuera en diez minutos.
Podéis salir por la puerta de atrás.» El ruso asiente y tras ello, tira de la puerta empujándonos a ambos a un escenario nocturno que ni siquiera recordaba que existía.
La música electrónica retumba en mi cabeza y hace que mi piel se estremezca.
Ante mí, Fyodor ha comenzado a quitarse parte de su uniforme, los tirantes y su pin identificativo, ha remangado sus mangas y ha desabrochado un par de botones de su camisa blanca.
Petrificada, observo la gran discoteca que gira alrededor de nosotros.
Los flashes intermitentes apuntan hacia todas las direcciones, las personas se acumulan en las diferentes plantas y puedo jurar que hay cientos de ellas tan solo en el piso de abajo.
Las barras están situadas en los extremos e iluminadas por luces led rojas que otorgan a la discoteca una peligrosidad que estoy segura de que encanta a los que bailan en la pista.
La nacionalidad de todos ellos es indiscutible, los mayores estereotipos rusos están aquí, los tatuajes parecen estar esculpidos en los cuerpos de cada uno de ellos y su piel clara brilla dentro de la oscuridad en la que está sumergida el pub entero.
La voz de Fyodor me despierta del trance y le pido perdón.
«¿Estaré llamando la atención? Jamás había entrado en un sitio como este. »
—Tienes que quitarte la parka, no la necesitarás, el piso franco está aquí al lado, y lo mejor será no llamar demasiado la atención aquí, no es una discoteca normal. —Asiento dándole la razón y le doy el abrigo sin más dubitaciones.
Caminamos despacio a través de la gente, Fyodor tomando la iniciativa y yo siguiendo sus pasos.
Su mano derecha, fría como un témpano, agarra la mía, y me arrastra con él hasta el medio de la pista.
Ese frío me mantiene alerta, porque me recuerda que a pesar del calor que inunda este sitio aquí tampoco estaremos seguros, tan solo estamos en el ojo del huracán.
Los ojos azules del ruso se clavan en los míos y de manera automática y sin motivo aparente viajo al momento exacto en el que vi por última vez aquellos ojos azules que tanto me recordaban a las playas de Tailandia.
Los taxis iban llegando espaciados, de uno en uno, algo que irremediablemente alargaba nuestra tortura.
Mi corazón latía con fuerza cada vez que oía el portazo que significaba que uno de nosotros ya estaba dentro pues la realidad era que era inevitable que una parte de mí se quedara en cada uno de esos coches.
El primero fue Troy, que se despidió de manera rápida pero sentida, sobre todo con Tyler a quien dio un fuerte abrazo que terminó con una lágrima recorriendo los rostros de ambos.
La segunda fue April. Pretendió hacerse la fuerte y terminó provocando un charco que cubría nuestros pies.
Luego fue Nick. Lloró tanto que llegué a creer que se deshidrataría y después…
tan solo quedábamos Caitlyn, Tyler y yo.
Caitlyn dijo que sería la última en irse.
Según ella, debía asegurarse de que llegásemos todos a nuestros destinos, así que el siguiente taxi albergaría en él a alguno de nosotros dos.
Esperé que el coche nunca llegara, lo recé incluso, a pesar de no ser creyente, pero llegó y fue horrible.
El silencio sació mi incertidumbre al sentir el motor apagado y la voz de mi hermana acabó con todas nuestras esperanzas de continuar juntos.
—Tyler, eres el siguiente —susurró en un tono que costaba diferenciar del resto de ruidos que recorrían las carreteras cercanas al aeropuerto.
—Está bien —aceptó esbozando una tímida sonrisa que parecía ocultar la mayor de las tristezas—.
Elle, —Se giró hacía mí y colocó sus manos rodeando mi rostro.
Sus ojos brillaban con tal intensidad que me recordaban al mar que nos abrazó durante nuestro viaje a Tailandia— tan solo aférrate a los buenos momentos y vive de ellos, aunque sean pocos, aunque apenas existan.
Aférrate a ellos por lo menos hasta que nos reencontremos y podamos crear nuevos fuera de aquí, fuera de este país.
Sé feliz estés donde estés, por favor, sin importar lo separados que estemos .
Vuelvo a la discoteca al escuchar el comienzo de Faded de Alan Walker .
Observo a la gente de mi alrededor, algunos de ellos nos miran, otros simplemente beben y bailan.
Pero aquellos que tienen su mirada clavada en nosotros, no parecen estar dispuestos a apartarla y eso me inquieta, no creo que les haga gracia que esté aquí.
—Tranquila, no te harán nada estando yo —me susurra al oído pretendiendo tranquilizarme—, pero deberías relajarte y actuar como si de verdad estuvieras de fiesta.
—No tengo el cuerpo para fiestas.
—Lo sé.
—Además, esto no es una fiesta normal.
—¡Claro que lo es! En Estados Unidos no sabéis lo que es una fiesta. —Arqueo las cejas y suelto una carcajada—. ¡Pero si bebéis cócteles y cerveza! —Le empujo levemente y ambos reímos.