Capítulo 4 #4
En su segundo crimen, las víctimas fueron dos hermanos gemelos, representando así la conocida historia de Caín y Abel.
Dejó los cuerpos en el mismo lugar, el Jardín Botánico de Mérida, pero a partir del tercero, fue moviéndose por el país dejando un trocito de la más fatídica recreación de la muerte bíblica.
Al llegar el capítulo de Noé y su arca, quiso dar el golpe gordo, y para ello se marchó hasta Siberia, dispuesto a conseguir un tigre siberiano de Amur y ejecutarle en su arca.
No lo hizo solo, siempre contaba con la ayuda de su querido hermano José Gregorio, pero esta vez su crimen no se cometió.
Los detuvieron en Moscú y el resto tan solo forma parte de la historia de la Ciudad Blanca.
—Suelta el puñal, me da un miedo tremendo que te hagas daño —le grito a Méndez que permanece distante con una seriedad que a cualquiera le helaría las entrañas.
—Nací con uno de ellos en la mano. —Permanece impasible, sin mostrar un ápice ni siquiera de cordura, y es que ciertamente está muy lejos de estar cuerdo—. Pero tienes razón, hagamos esto un poco más divertido. —Tira el arma al suelo y se acerca poco a poco a mí, esbozando una sonrisa inquieta.
Los vítores comienzan a resonar en la cárcel.
«Los guardias no tardarán en aparecer, tengo que deshacerme de él rápido o estaré perdido.
» La ansiedad me hace golpear primero, y como es lógico, este lo esquiva y me la devuelve.
Me aclaro la garganta y me crujo los dedos.
Sonrío de medio lado, él suelta una carcajada.
—¿Sabes? No somos tan diferentes, Fields —clama soltando su puño, y dirigiéndolo contra mi nariz. Por suerte, me agacho a tiempo y eso me permite a mí dar el golpe de gracia, y descolocarle por completo cuando mi mano derecha logra llegar hasta la boca de su estómago.
Él comienza a toser, y aprovecho para darle una patada en la espinilla y un puñetazo entre sus ojos. Cae al suelo desplomado, tras haber perdido totalmente el equilibrio, y yo camino lentamente hacia él.
—Eres igual que yo, necesitas matar para vivir, ¿o vas a negármelo?
Le pego una patada en el costado para que se calle y este ruge con fuerza. Intento hacer tiempo, esperando que alguno de los guardias aparezca, y Viktor y el resto escuchen la señal que necesitan para huir, pero por mucho que espero no llegan, y mi tiempo se desvanece poco a poco
—Pues igual no eres como yo, si la situación fuese al revés, ya estarías muerto. Además, siempre se ha dicho que nunca matas cara a cara, que no quieres mirar a los ojos cuando lo haces. Igual no eres tan valiente como crees, eh, Tyler.
Al escuchar mi nombre verdadero algo se activa en mí. Me coloco encima de él y comienzo a pegarle puñetazos mientras grito:
—¿Quién cojones eres?
—Tan solo soy una pieza más de un puzzle mucho más grande de lo que tú crees. —Me freno en seco cuando este escupe sangre al suelo y me levanto rápidamente.
—Eres un hijo de puta —exclamo, enfurecido por la situación, «¿dónde demonios están los guardias?»
—No te he podido matar aquí, pero mi alma se queda tranquila al saber que ahí fuera no durarás mucho.
—Tú no tienes alma. —Estoy a punto de colocar el pie en su garganta cuando todo explota alrededor.
—¿Todavía te crees que esto es por mi hermano?
—Arqueo las cejas— Mi hermano quiso acabar contigo y no pudo.
Solo eras un asesinato más, una transacción sin importancia, —Me hierve la sangre cuando habla de la vida como si fuese un simple intercambio de dinero—.
pero lo mataste y eso, te hiciese lo que te hiciese, no podría subsanar el daño que me provocaste, así que…
—Suelta una carcajada tan grande, que necesita coger aire para seguir hablando—: Solo estaríamos en paz cuando sufrieras lo mismo que yo, ¿o no sufrirías si le pasa algo a Elle?
—Mi corazón se paraliza durante un segundo al oír salir de su boca ese nombre.
—¿Qué cojones la has hecho, hijo de la gran puta?
—Los nervios se apoderan de mí, y sacan lo peor que tengo, aquello que intento reprimir para que no me mate, aquello capaz de saciar mis demonios.
Saco la pistola que hace unos segundos me había ofrecido Viktor, y que coloqué finalmente en el interior de mi buzo.
Me estremezco al cargarla, es un sonido que nunca dejará de sorprenderme, y cuando lo haga, sabré que estoy muerto—.
Dímelo, cabrón, o te vuelo los sesos ¡ya!
Él solo se ríe y entonces pronuncia sus últimas palabras:
— White Rabbit , ¿quién era de las dos? ¿La de los ojos azules o la otra?
Escucho la alarma resonar, los gritos en ruso, y entonces aprieto el gatillo mirando a ese asesino a los ojos.
La pistola cae a mi lado y el barullo de mi alrededor se convierte en una canción que suena de fondo, y que nubla mis sentidos.
He vuelto a hacerlo, he vuelto a robar la vida de alguien mirándole a los ojos, pero esta vez la ansiedad no me ahoga, solo siento… alivio.
Las palabras de Méndez aparecen en mi cabeza, y tapo mis oídos con fuerza para evitar que sus sucias mentiras taladren mi mente. Pero es imposible.
“Eres igual que yo, necesitas matar para vivir, ¿o vas a negármelo?”