Mentira, Mentira, Verdad Capítulo 34
78%

Capítulo 34

P resente

—¡Jason! —grito, aporreando su puerta—. Quítate los auriculares. ¡Despierta!

Después de que el agente se marchara, llamé con delicadeza a la puerta del dormitorio de Jason. Como no respondió, llamé con más fuerza, casi a gritos. Preocupada por que si seguía así algún vecino llamara al agente Anderson para que volviera a la casa, se me ocurrió otra idea.

Salgo por la puerta principal y miro la calle apenas iluminada. No hay vecinos cotillas fuera mirando mi casa. Lo último que quiero ahora mismo es llamar más la atención sobre mi familia. Pero necesito respuestas.

El agente Anderson quería hablar con Jason sobre su escopeta registrada. ¿Desde cuándo tenía una? Luego estaba ese supuesto trabajo del que lo habían despedido. Si no estaba trabajando, ¿dónde había estado todas esas veces que yo estaba con Connie?

¿Acaso no me dijo que iba a trabajar? Sé con certeza que no me mencionó que lo habían despedido. Y no solo despedido, además. Fue algo lo bastante grave como para que llamaran al agente Anderson.

¿Qué está pasando? Una oleada de náuseas me invade cuando pienso en Jason. ¿Por qué me está mintiendo?

Podría estar buscando trabajo durante el día. Sería propio de él sentir demasiada vergüenza para hablar de que lo despidieron de manera tan escandalosa.

Jason ha estado muy tenso desde el divorcio. Si soy honesta, siempre tuvo ese complejo de agravio.

La náusea se convierte en un nudo en el estómago que me provoca un dolor físico.

Mis pensamientos se desbocan con otras cosas en las que podría estar metido.

Recuerdo lo contento que estaba viendo en las noticias que las Desapariciones del Lazo Rojo habían vuelto a comenzar.

Incluso sacó a mamá en la silla de ruedas para verlo.

Había desaparecido una niña pequeña y, sin embargo, Jason parecía tan feliz.

Puede que simplemente fuera que su largo rechazo a creer que nuestro padre era un asesino había quedado demostrado como cierto. Podría haber muchas razones que explicaran lo que está pasando.

¿Y qué? Tiene una escopeta. Como dijo el agente Anderson, mucha gente en este pueblo también la tiene.

Pienso en el hombre enmascarado en los columpios esta noche. ¿Era Jason debajo de ese pasamontañas? ¿Era él en el colegio, en el columpio? Si es así, ¿por qué?

El coche de Jason sigue en el camino de entrada. Tiene que estar en casa. Para comprobarlo, rodeo la casa y paso por la puerta trasera mientras mi mente se dispara.

Por fin llego a su ventana del dormitorio y golpeo el cristal.

Sabiendo que eso no servirá de nada, me asomo al interior y vuelvo a llamar.

Las gruesas cortinas me impiden ver dentro.

Hay una pequeña abertura en el lateral de las cortinas por donde puedo ver algo.

En la tenue luz junto a la cama, veo un bulto grande bajo la gruesa manta y siento un alivio inmediato.

Está en casa durmiendo. ¿Qué esperaba si no? Su coche está en el camino de entrada. Me dijo que se iba a dormir. Lleva los auriculares puestos. Tengo que relajarme y calmar los nervios.

Jason no me está contando todo lo que está pasando en su vida ahora mismo. Yo tampoco he sido del todo sincera con él. Solo esta noche le conté lo de Andrew engañándome. Estaba demasiado agobiada para contarle más.

Jason perdió su trabajo, su mujer lo dejó por otro hombre y su madre se está muriendo. Es mucho que asimilar. No se lo reprocharía por no contármelo a mí ni a nadie más, encima de todo lo demás.

Me asomo de nuevo a su habitación para calmar aún más los nervios. Solo que tiene el efecto contrario. Lo que creí que era Jason no es él. Veo la punta de una almohada asomando por debajo de la manta.

No está dentro. Su coche está en el camino de entrada, pero él no está en su habitación.

Intento abrir la ventana y, para mi sorpresa, se desliza con facilidad. Es pequeña, pero lo bastante grande como para que yo pueda pasar. Lo bastante grande también para que Jason se haya deslizado hacia afuera.

Me cuelo dentro y caigo al suelo de madera con un golpe sordo.

—Jason —llamo. Hay un hedor en su habitación, un olor a algo podrido. Enciendo la luz rápidamente y confirmo que no está dentro.

¿Dónde está? ¿Por qué no ha cogido el coche?

Al acercarme a su armario, oigo un crujido bajo mis pies. Miro hacia abajo y el suelo está cubierto de papeles destrozados. Cerca está la carpeta. La que suele estar en el salón, llena de artículos de prensa que Jason había recopilado. Su investigación, la llamaba él.

Ahora está hecha pedazos a mis pies, la carpeta en sí medio destrozada. Añadidas a todo ello hay fotos suyas con su exmujer. Muchas de ellas están rasgadas por la mitad, separándolos físicamente.

—¿Qué estás haciendo, Jason? —susurro para nadie—. ¿Qué has hecho?

Mis temores se confirman cuando abro la puerta del armario. Mezclada con el revoltijo de ropa sucia en el suelo y bolsas vacías de comida rápida, en el rincón del armario hay un carrete de lazo rojo.