Mentira, Mentira, Verdad Capítulo 26
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Capítulo 26

A ntes

—Eso ha sido un poco excesivo, Dennis —le susurra Connie a su marido en la cocina.

Jason y yo estamos sentados a la mesa de la cocina haciendo los deberes. Los dos fingimos que no les oímos hablar y los dos fingimos que no sabemos de qué hablan.

—Ha estado bebiendo, Connie —le susurra Dennis a su vez—. Se lo notaste en el aliento el otro día. Sabes que eso es lo que hacen en el bosque, y quién sabe qué más. Sabes cómo es el padre de ese chico. Un borracho.

Connie lo hace callar. —No es más que un crío —le dice—. Quizá debería hablar con su madre.

—¡No! —exclamo yo, volviéndome hacia ellos—. No me avergoncéis así.

—¡Acaba los deberes! —dice Dennis con firmeza—. Ya está bien por tu parte.

Connie le da una palmadita en el pecho y me mira. —Nada de beber alcohol —dice—. ¿Me has entendido?

—Lo siento —les digo—. No lo haré. Hablaré con Ethan.

—¡Tampoco quiero que sigas hablando con ese chico! —grita Dennis. Connie lo mira y su expresión se suaviza. —¿Qué? Ya lo hablamos. Es demasiado joven.

Antes de que podamos decir nada más, un golpe en la puerta principal me sobresalta. Dennis mira a Connie antes de dirigirse hacia la puerta.

—¡Abre la puerta ahora, Kempmen! —dice desde fuera una voz grave—. ¡Tú y yo tenemos que hablar!

Me levanto de la silla, sabiendo de inmediato quién es.

El padre de Ethan, Richard, es un hombre imponente: mide más de metro ochenta, tiene una barba descuidada y una mirada capaz de asustar a cualquiera.

Resulta sorprendente saber que es el dueño de una de las pocas tiendas del pueblo.

Mucha gente aguanta a Richard Harris por necesidad, porque es preferible a tener que conducir hasta la ciudad para comprar cosas.

Dennis abre la puerta. Richard le devuelve la mirada con el ceño fruncido, pero no viene solo. Tardo un momento en reconocer quién es. Nunca lo había visto en persona, pero el pelo rojo lo delata. El padre de Tanner, ese que, según Ethan, casi no sale de casa, también está frente a nuestra puerta.

—¡Cómo te atreves a amenazar a mi hijo, Kempmen! —grita el padre de Ethan, señalándole con el dedo.

Connie corre y se aferra al costado de Dennis. —Entra en casa, Dennis —le suplica.

Dennis no la escucha. —Tu chico ha estado dándole alcohol a mi hija —le grita—. Además, hoy los he visto besarse.

—¿Y qué? —grita Richard.

—No finjas que tú no besabas chicas a su edad, Dennis —dice el padre de Tanner—. Siempre ibas detrás de las chicas, incluso de niño. Deja de hacerte el indignado.

Richard se ríe. —Tu hermano George fue quien me dio mi primer porro en su día. Ahora te has hecho mayor y eres un hipócrita de primera. Se te olvida en qué clase de líos te metías a su edad.

Dennis aprieta la mano formando un puño. —Así no es como estoy criando a mis hijos.

El padre de Ethan vuelve a señalarle. —No, claro, tú eres el padre perfecto. El padre más santo que los santos. La clase de hombre que amenaza a un crío. —Sacude la cabeza—. ¡Como le pongas la mano encima a mi hijo, te mato! ¿Me oyes, Kempmen?

Dennis da un paso hacia el porche, pero Connie le agarra por la cintura y lo detiene. En cambio, no puede detenerle la boca. Antes de pronunciar las palabras, me lanza una mirada. —Como tu hijo le ponga la mano encima a mi hija, se arrepentirá, te lo prometo. ¡Y tú también te arrepentirás!