Capítulo 27
P resente
—Estaba ahí sentado sin más —le digo al agente Anderson. Señalo hacia los columpios en el campo, que ahora están vacíos.
—¿Qué hacías aquí, Ali? —pregunta.
—Iba a mi casa con la silla de ruedas de Connie —responde el tío George por mí.
—Eso es —digo, mirando la silla de ruedas que, por suerte, sigue en el aparcamiento.
Cuando llamamos a la policía, el agente Anderson tardó una eternidad en llegar, pero pidió que nos reuniéramos con él junto al colegio para tomar declaración completa.
Le acompañaba un segundo agente, un hombre al que no conocía.
—¿No pudo distinguir nada del hombre que vio? —pregunta el segundo agente.
—Llevaba una máscara —digo—. Ropa negra. Un pasamontañas negro. No pude distinguir nada.
—¿Ningún símbolo llamativo en la ropa, los zapatos o en cualquier otra cosa? —pregunta Ben Anderson.
—No —confirmo—. Nada que pudiera ver, al menos. —No les recuerdo que en ese momento estaba huyendo para salvar la vida.
—¿Está segura de que era una escopeta? —pregunta el otro agente.
Me encojo de hombros. —No del todo. A mí me lo pareció, pero supongo que podría haber sido un rifle o algo así.
Los dos agentes se cruzan una mirada cuando un vehículo conocido entra en el aparcamiento.
—¿Estáis bien? —dice Jason, abalanzándose hacia los cuatro. —He visto vuestros mensajes.
Vaya, ahora sí los ve.
No monto una escena delante de los agentes, pero Sandra y yo llevábamos una eternidad intentando localizarle. Miro a George. Nosotros también estábamos intentando contactar con él.
—Estoy bien —digo.
—¿Quién fue? —pregunta Jason—. ¿Tanner? Sandra me dijo que te estaba acosando.
—No estoy segura —digo.
—¿Te refieres a Tanner Eldens? —pregunta Anderson, y Jason asiente—. ¿Te estuvo acosando hoy? —Se dirige a mí—. ¿Cuándo y qué hizo?
—Estaba merodeando fuera de la casa de Connie —digo—. Por eso decidimos ir a casa de Sandra a pasar la noche.
Jason mira fijamente a los agentes. —No querríamos que volviera a pasar lo que le pasó a mi padre, ¿verdad? —dice con retintín—. Es mejor que mamá esté allí. Pero quizás no estamos a salvo en ningún rincón de este pueblo.
El agente Anderson baja la cabeza. —Tenéis razón en estar preocupados, chicos. No os lo voy a negar. Lo estamos resolviendo.
—Esta es la segunda noche que la Niña pequeña lleva desaparecida —dice George—. Si no hacéis algo, ya sabemos lo que pasa.
—Si creéis que debéis marcharos del pueblo, podéis hacerlo —dice el agente Anderson.
—Puedo pasar por vuestro barrio esta noche mientras estoy de guardia para garantizar vuestra seguridad —dice el segundo agente—. Dadme la dirección de vuestra tía. —George se acerca a él y le da la información mientras Jason y yo trazamos nuestros propios planes.
—¿Quieres que te lleve a un motel o a un hotel o algo así? —pregunta Jason—. El piso de la tía Sandra no es muy grande. Hasta el sofá es un poco pequeño.
Niego con la cabeza. —Me quedaré en el sofá de casa de Connie.
Frunce los labios. —No tienes que preocuparte por mamá. Me aseguraré de que esté a salvo.
El tío George se acerca a nosotros. —Meteré la silla de ruedas en la parte de atrás de la camioneta y la llevaré a mi casa. ¿Cuáles son vuestros planes?
Miro a Jason. —Volver a casa de mamá.
—Conduzco yo —dice Jason.
Los agentes toman unas cuantas notas más mientras empezamos a marcharnos.
George me da un abrazo, preocupado de que el hombre enmascarado con la escopeta me haya afectado demasiado.
Cuando le aseguro que estaré bien, nos despedimos.
Dejamos a los dos policías en el aparcamiento del colegio mientras George empieza a meter la silla de ruedas en la parte de atrás de su camioneta.
Jason me hace un gesto para que me acerque a su coche. Observo cómo George ata algo a la silla de ruedas en la parte trasera de su camioneta mientras nos vamos.
—Bueno, ¿dónde estuviste esta noche? —le pregunto a Jason—. Sandra y yo nos quedamos muy preocupadas. No parábamos de llamar.
—En el bar —dice Jason. Aunque no parece borracho, se percibe un leve olor a cerveza en su aliento.
—¿En cuál?
Se ríe. —En el del pueblo. The Wilson House. ¿Lo recuerdas? Lleva en el pueblo una eternidad. Solo hay unos pocos en el pueblo.
—¿Te encontró el tío George? —pregunto—. Dijo que iba a tomarse una cerveza contigo.
Jason niega con la cabeza. —No, no me encontró. —Me mira de reojo mientras nos acercamos a la casa—. ¿Sigues asustada?
Asiento y miro por la ventana. —Ese tío con la máscara estaba ahí plantado sin más.
—Entonces caigo en la cuenta—. Tendría que haberle dicho algo a Ben Anderson.
Hay que registrar el bosque junto al colegio.
Si ese secuestrador estaba por los columpios, puede que la Niña pequeña esté por esa zona.
Están buscando en los senderos equivocados.
Jason respira hondo. —Quizás descanses esta noche.
Le miro. Tiene la piel apagada, casi pálida. El blanco de los ojos teñido de rojo.
—Tú también tienes pinta de necesitar descanso —le digo.
Suelta una risa nerviosa. —Es demasiado todo, ¿verdad? Y ahora Tanner también rondando nuestra casa. —Me mira—. Es casi como la noche en que mataron a papá.