Capítulo 21
A ntes
Pasan tres años. En un pueblo pequeño, pensé que el tiempo transcurriría despacio, pero no cuando estoy con Ethan. Todo parece mágico con él. Puedo estar con él durante horas y me parece que son segundos.
Cuando llegué por primera vez a Kadestill, me ponía nerviosa la idea de formar parte de una nueva familia. Un pueblo nuevo. Un colegio nuevo. Con las Desapariciones del Lazo Rojo, pasé una temporada con miedo de verdad. La mayoría de los niños también lo tenían, incluso los que fingían ser duros.
Nunca pensé que fuera a encontrar mucha felicidad en la vida antes de que me adoptaran. Una parte de mí sentía que no me la merecía. Que no merecía formar parte de mi nueva familia. Que no merecía llevar una vida tan despreocupada.
No puedo evitar pensar en lo feliz que soy, en lo feliz que he sido, mientras Ethan sigue besándome.
Está empezando a oscurecer. Hace mucho tiempo que no hay toque de queda, pero les dije a mis padres que volvería antes de que anocheciera.
En el club no hay iluminación, claro está, pero Ethan ha traído unas cuantas linternas.
Mientras me acaricia la cara, noto que mete la lengua en mi boca. Casi la escupo de la risa.
—¿Qué es eso?
Él se ríe y se aparta el pelo rizado hacia un lado. Se ha dejado el pelo más largo y, aunque a mí me gusta más corto en él, me encanta notar sus rizos entre los dedos.
—Se llama beso francés. No sé —dice—. Lo había oído y pensé que sería divertido probarlo.
Le sonrío y le doy un beso rápido en los labios.
—Bueno, supongo que no está mal. La próxima vez avísame antes.
Cuando sus labios se acercan a los míos, me fijo en la hora en su reloj.
—Ah —digo resignada—. Tengo que volver a casa. Tiempo en familia. —Mi tono es burlón.
Por mucho que me burle de ello, hubo un tiempo en que me parecía raro pasar tiempo con la familia.
—Te acompaño —dice él.
—Pero no demasiado cerca de mi casa —digo. Le recuerdo lo poco que faltó para que nos pillaran la última vez.
Por mucho que me encante pasar tiempo con mi familia, ojalá pudiera quedarme aquí más tiempo con Ethan. Sé que mañana por la noche volveremos, y la noche siguiente, pero cada momento con él es especial.
Ya no hacemos gran cosa juntos en el club. Tanner viene de vez en cuando. Jason tampoco se pasa casi nunca ya. Se saltó otro curso y pronto se va a graduar en el instituto. Él ya tiene el futuro universitario planeado, mientras que a mí eso me trae sin cuidado.
Jason no se imagina quedándose en Kadestill. Lo único que quiero yo es que el tiempo se congele para poder estar con Ethan para siempre. Ese sería mi paraíso.
Ethan me besa de nuevo antes de que nos levantemos del banco que él y su padre hicieron hace años cuando construyeron el club juntos.
Sería feliz si nunca tuviese que irme de este pueblo. Si pudiera quedarme en este momento para siempre, sería feliz.
Jason ya no es realmente amigo de Ethan ni de Tanner.
A veces me pregunto si es por mi culpa. Quizás sea porque está empezando a hacer nuevos amigos en segundo de bachillerato.
Cuando le pregunté a Ethan qué pensaba, me dijo que Jason siempre había sido de los que van a su aire.
Que él también echaba de menos pasar el rato con él y que quizás en algún momento volvieran a hacerlo.
Como Tanner apenas viene ya al club, es casi como si Ethan y yo tuviéramos nuestra propia casa en mitad del bosque.
Incluso conseguí que Ethan accediera a quitar el póster de Pamela Anderson.
Después del colegio, pasamos horas aquí. A veces nos tumbamos a contemplar el cielo nocturno y a buscar constelaciones. Yo señalo distintas constelaciones. Ethan se inventa las suyas, como una agrupación de estrellas que, según él, tenía forma de pene.
Aunque Ethan es de una belleza impresionante, también tiene sus momentos de torpeza. Intento centrarme en lo positivo.
Lo compensó trayendo hoy unas cervezas al club. Cogió unas cuantas botellas calientes de la reserva de su padre. No es la primera vez que se sale con la suya.
Volvemos cogidos de la mano por el bosque, abriéndonos paso hasta el patio del colegio. Como siempre que estoy con Ethan, el tiempo se acaba antes de lo que esperaba. En un abrir y cerrar de ojos, estamos a unas pocas manzanas de mi casa.
Ethan me aprieta la mano y me besa de nuevo antes de soltarme.
—¿Nos vemos mañana en nuestro sitio? —dice. No es exactamente una pregunta. Quedar con él en el borde del campo junto al bosque es una actividad tan cotidiana como lavarme los dientes o respirar.
Le doy un beso rápido antes de que se vaya.
—Por supuesto.
Él sonríe.
—Buenas noches. —Me observa mientras camino hacia el callejón sin salida. Le hago un gesto rápido con la mano al doblar por mi calle. Llego a casa con la cabeza en las nubes.
—¿Dónde estabas? —dice papá con tono severo—. Sabes que es tiempo en familia. —Me mira con el ceño fruncido, pero enseguida su expresión se suaviza—. Y hoy te toca a ti elegir la película.
Suelto una carcajada.
—Perdón por llegar tarde. —Jason se nos acerca—. Estaba con Stacey —miento. Stacey es una amiga íntima que hice hace poco. Si no estoy con ella, estoy con Ethan.
Jason me dedica una sonrisilla socarrona, descifra mi mentira y niega con la cabeza.
—¿Y qué vemos esta noche? —pregunta.
Me llega el olor a palomitas. Veo a mamá en la cocina preparando aperitivos para la película.
Dennis me mira fijamente. Su mirada me inquieta cuando no dice nada.
—Voy a ayudar a mamá con los aperitivos —digo. Al salir, me vuelvo para mirar y Dennis sigue con los ojos clavados en mi dirección.