Capítulo 18
P resente
La tía Sandra niega con la cabeza mientras seguimos viendo las noticias. Sophia Hughes sigue desaparecida. El presentador explica cómo puede participar la gente en la búsqueda mientras aparecen imágenes de una partida de búsqueda en el bosque dirigida por la policía.
Sandra da un sorbo a su té y me mira. —Una vecina mía forma parte de una de esas partidas de búsqueda —dice—. Me pidió que me uniera. No sé. Sería raro después de todo lo que ha sufrido esta familia. —Toma aire despacio—. Se lo conté a George y se disgustó mucho.
Asiento en señal de acuerdo. Después de lo que le pasó a su hermano, a mi padre, ¿quién puede culparle?
—Lo mataron por ser el sospechoso, gritó George —continúa—, ¿y ahora creen que deberíamos ayudar a encontrar al verdadero asesino?
—Sacude la cabeza—. Y ya sabes cómo es tu tío.
¿Cuándo no está sonriendo o con buen humor?
Pero estaba furioso, casi tanto como Jason.
—Toma otro respiro hondo—. ¿Cómo está él?
Observo la televisión mientras muestra a un hombre y una mujer de la partida de búsqueda, caminando despacio por una zona arbolada, hurgando entre los arbustos y en el suelo.
Al principio me pregunto por qué hacen eso, hasta que caigo en que están buscando un cuerpo o tierra removida.
La sola idea casi me revuelve el estómago.
Es aterrador pensar que esto vuelve a ocurrir en este pequeño pueblo y tan cerca de donde estoy sentada ahora.
La tía Sandra se repite, y su voz casi me sobresalta al arrancarme de mis pensamientos. —Perdona —digo—. Jason no está bien. Parece que no lleva bien muchas cosas.
—El divorcio lo ha destrozado de verdad —coincide ella—. Estoy preocupada por él. Tiene unas ojeras muy oscuras últimamente. —Mira la tele—. Seguro que esto tampoco ayuda.
Un boletín de última hora acapara la atención de las dos.
El presentador mira a cámara con gesto serio.
Lo seguimos con expectación. ¿Han encontrado a la niña?
¿Está viva? ¿O algo peor? No podría soportar que mostraran en las noticias una imagen de una bolsa para cadáveres pequeña.
¿Serían los medios tan desquiciados como para emitir algo así?
Suelto el aire cuando compruebo que no es lo que temía.
—El pueblo de Kadestill y todo Kananaskis County tienen ahora un toque de queda a las siete de la tarde. Cualquier persona que se encuentre fuera de su domicilio después del toque de queda podría enfrentarse a fuertes multas.
Aquí vamos, pienso. Igual que cuando éramos niños, el toque de queda ha vuelto también. ¿Cuánto tardará en desaparecer un segundo niño? El toque de queda que estaba en vigor cuando era pequeña no impidió que el asesino se llevara a otro.
Solo de pensarlo casi se me saltan las lágrimas. Es algo que intento no recordar. Fui yo quien encontró el lazo.
—Dios mío —suelta Sandra—. O sea, tiene sentido, pero da mucho miedo.
Asiento mientras seguimos viendo en silencio, pendientes de cada palabra que dice el presentador. Viendo cada imagen que emite el programa. Alterna entre fotos de Sophia, la partida de búsqueda y el boletín de última hora sobre el nuevo toque de queda en vigor.
De pronto se abre la puerta principal y un golpe metálico asusta a Sandra, que se lleva la mano al pecho de inmediato.
—Hola —dice Jason, con su fiambrera metálica golpeando contra la puerta—. ¿Os habéis enterado de la noticia?
—¿El toque de queda? —pregunto, y él asiente.
—Igual que la última vez. Me pregunto a quién culpará ahora el pueblo.
Jason entra en la cocina y deja caer la fiambrera con otro golpe seco. Lo sigo. Cuando se vuelve hacia mí, su cara lo dice todo. Parece que su cuerpo lleva todo el día funcionando con las últimas reservas.
—¿Has conseguido dormir algo antes del trabajo? —le pregunto.
Resopla. —Qué va. A lo mejor intento echar una cabezada ya que estáis las dos aquí.
No puedo superar lo destrozado que parece. Tiene un aspecto tan agotado que si lo empujara no solo se caería al suelo, sino que se quedaría dormido al instante.
—Duerme un poco —lo animo—. El tío George viene luego, así que no tienes que preocuparte por nada. Aquí lo tenemos todo controlado.
Me sonríe. —Gracias. Una cabezada rápida, quizá.
—Tómate el tiempo que necesites.
La sonrisa de Jason desaparece con unos golpes en la puerta principal. La abre rápidamente y su cara se tensa. —Vaya, mira quién está aquí —dice, levantando la mano. El agente Anderson da un paso hacia dentro.
—Jason —dice en voz baja. Mira a Sandra y la saluda con la mano. Ella no responde ni con palabras ni con un gesto. Ben me mira y se toca la visera de la gorra de policía. —Ali —dice—, sabía que eras tú antes.
Le devuelvo el gesto con la cabeza, pero tampoco digo nada.
—Me pregunto qué te habrá traído hasta aquí —dice Jason en tono jocoso.
—Solo quería ver cómo estabais —dice Ben—. Está pasando mucho en este momento, y sé que tenéis preguntas. Yo también las tengo.
—Ah, no solo tenemos preguntas —dice Jason, negando con la cabeza—. Estamos hasta las narices. —Le clava un dedo al policía—. ¿Cuántas veces te lo dijimos? ¿Cuántas? ¡Pues mira ahora! —Señala la imagen de Sophia en la pantalla—. ¡Otra niña ha desaparecido y eso es culpa tuya!
—Había muy poco que pudiera hacer —dice—. Nosotros también intentamos entender lo que está pasando. La Unidad de Delitos Graves está en el pueblo. Esto no será como antes. Averiguaremos lo que ocurrió. Nosotros—
—¿Cuándo vas a decirle a todo el mundo, tú o alguien de tu departamento, que mi padre era inocente? —grita Jason—. ¿Cuándo? Ya lleva un día entero desaparecida esa niña pequeña y aún no se ha dicho nada público sobre papá.
—Nunca fue acusado de nada, Jason —dice Anderson—. Esto—
—¡No! —grita Jason—. No es suficiente. Claro, nunca fue acusado, pero este pueblo lo condenó, y eso te incluye a ti.
Su supuesto amigo. —Jason baja la cabeza y cuando la vuelve a levantar para mirar al agente, jamás he visto tanta rabia en alguien como ahora—.
Papá fue asesinado. Matado. Y todo mientras tú mirabas sin hacer nada.
Seguramente aplaudiste lo que pasó. Lo hicisteis todos.
—Esta vez Jason da un paso al frente y le clava el dedo en el abdomen al policía.
Ben da un paso atrás de inmediato. —Ya está bien, Jason. No vuelvas a tocarme así. Yo también recuerdo esa noche. Recuerdo cómo os ayudé. A ti, a tu hermana y a tu madre.
Jason se ríe. —Yo no tengo tan buena memoria, Anderson. Me cuesta pensar en cualquier otra cosa que no sea lo que dejaste que le hicieran a mi padre. —Vuelve a la cocina y coge su chaqueta, poniéndosela mientras pasa rozando al agente—. Apártate, madero.
—¡Jason! —grita la tía Sandra con su tono más maternal.
—¿Adónde vas? —pregunto.
—Al bar —dice mientras se dirige a su coche.
El agente Anderson lo observa mientras sale marcha atrás del camino de entrada y se aleja por la calle. —¿Va a estar bien? —pregunta.
Buena pregunta.