Capítulo 15
A ntes
Nunca me dejan salir con Ethan y Tanner después de cenar. Jason también quiere ir. Podemos verlos en el campo, lanzándose una pelota el uno al otro.
Connie tiene otros planes. Tiempo en familia , lo llama.
Después de cenar, la ayudamos a recoger la mesa.
Yo friego los platos y Jason los seca. Dennis barre el suelo.
Connie disfruta de una copa de vino mientras trabajamos a su alrededor.
Es curioso. No solo disfrutan pasando tiempo juntos en familia, sino que además colaboran de manera práctica.
Connie me explicó que cada uno de nosotros tenía una tarea diaria para ayudar a mantener la casa en orden.
Jason se encargaba de vaciar las papeleras de la casa en el cubo de basura del exterior.
Hoy, Connie me informó de que mi tarea era fregar los suelos una vez al día.
Todos tenían que hacer su cama por la mañana antes de empezar el día. En eso insistía Dennis.
Una vez que la cocina está limpia, Connie hace palomitas y vemos una película juntos en el salón que se llama The Little Rascals .
Yo no la había visto nunca y, por lo visto, existe una versión mucho más antigua.
Los Kempmen deben de haberla visto antes, porque Jason es capaz de recitar los diálogos antes de que los actores los digan.
De vez en cuando, miro por la ventana y veo a Ethan en el campo. Incluso desde lejos, es increíblemente guapo.
Cuando la película está a punto de terminar, Connie le trae a Dennis un vaso grande de leche y él le da las gracias sonriendo mientras da un pequeño sorbo.
Jason ayuda a su madre a recoger el salón y a llevar los cuencos vacíos de palomitas a la cocina.
Cuando estoy a punto de coger mi propio cuenco, Dennis me detiene.
—¿Quieres ver algo interesante? —dice, dando otro sorbo del vaso. Se limpia rápidamente la leche del fino bigote.
—¿El qué? —pregunto.
Se levanta del sofá y se vuelve hacia las ventanas, mirando al exterior. Echa un vistazo al reloj y me mira. —De un momento a otro —dice, señalando con la cabeza hacia fuera.
Miro en la dirección que indica, pero no veo nada fuera de lo normal. Ethan y Tanner siguen en el campo. Un grupo de niños pequeños dibuja en la acera con tiza al otro lado del callejón sin salida. Estoy a punto de preguntarle qué quiere decir cuando lo veo.
Una patrulla entra en la calle con las luces destellando en rojo y azul.
La ausencia de la sirena hace que la escena resulte inquietantemente silenciosa.
Ethan y Tanner empiezan a salir del campo cuando se dan cuenta de la presencia del vehículo.
El grupo de niños se lo toma con calma hasta que uno de ellos ve al agente y señala la patrulla.
—El agente Anderson —dice Dennis—. Casi en punto. Dos de los niños pequeños corren hacia el porche de cemento de una casa. Dennis me mira—. Recorre los barrios con los niños pequeños cuando llega la hora del toque de queda. Un recordatorio amable de que es hora de entrar.
Uno de los niños parece estar llorando mientras otro intenta consolarlo. Es una escena extraña de presenciar.
—Tiempos raros —se dice Dennis a sí mismo, dando un sorbo más largo de leche.
Miro a Dennis mientras bebe otro trago. —Papá —digo, volviendo a mirar al exterior. Por un momento, me sorprende que esa palabra me haya escapado de la boca. Aunque lo cierto es que me resultó de lo más natural llamarle padre.
Dennis se vuelve hacia mí con una sonrisa leve en el rostro. Sé que ha captado cómo le he llamado. —Sé lo que ibas a decir —dice. Me da una palmadita suave en el hombro—. Mientras vivas en esta casa, no tienes nada que temer. Sé que Connie se pone muy nerviosa. Aquí estás a salvo. Yo—
—No era eso lo que iba a preguntar —digo. Le miro a él y al vaso que tiene en la mano—. ¿Por qué siempre bebes leche por la noche?
Él sonríe, da otro sorbo y se limpia el bigote de nuevo.
—Es que no duermo muy bien —dice, mirando hacia fuera.
El agente Anderson reduce la velocidad al pasar cerca de la casa.
Le saluda con la mano a Dennis, que le corresponde.
Lo observa mientras el agente sale del callejón sin salida—.
Connie me calienta leche para que descanse mejor.
Sonrío mientras veo alejarse al agente. —¿Ayuda? ¿Lo de tomar leche caliente por la noche?
Dennis levanta las cejas por un momento. —La verdad es que no. —Da otro sorbo mientras vemos a los dos últimos niños correr calle abajo hacia su casa.
Pienso en las caras de los niños pequeños cuando pasó el agente Anderson. El niño estaba a punto de echarse a llorar al verlo. Me recuerdo a mí misma que en un pueblo pequeño como Kadestill, hay muchas posibilidades de que esos niños conocieran de verdad a los chavales desaparecidos.
La idea me revuelve el estómago. Bajo la cabeza al pensar en los niños desaparecidos.
Como si pudiera leerme el pensamiento, Dennis me da otra palmadita en el hombro y termina la leche. —Estás a salvo en esta casa —repite.
Aunque eso no es verdad.