Capítulo 12
A ntes
Cuando llegamos a casa desde el colegio, Dennis explica que es hora de terminar los deberes.
Mientras Jason y yo trabajamos en la mesa del comedor, Dennis y Connie charlan sobre su día en la cocina.
Connie coge una pastilla de mantequilla de la nevera, le corta un cuarto y lo añade a una sartén donde sofríe maíz con aceite de oliva.
El chisporroteo y el olor de la cena me distraen del trabajo, pero no menos que mis padres adoptivos. De vez en cuando les echo un vistazo. Connie se ríe de algo que ha dicho Dennis mientras remueve el maíz con una gran cuchara de madera.
Connie vuelve a reírse y aparta a Dennis de su lado con un empujón juguetón. Él le rodea la cintura con sus largos brazos por detrás, le da un beso en la mejilla y le susurra algo al oído. Ella sonríe ante lo que sea que le diga.
Recuerdo cómo eran mis padres de verdad. Se hablaban, pero no con cariño. Por lo general era algo sarcástico o cruel. Algo hiriente para menospreciar al otro. El amor que Connie y Dennis se tienen el uno al otro se muestra aquí sin ningún tipo de reserva.
La mayoría de las veces que mis padres de verdad interactuaban, acababa viniendo la policía a casa.
Miro a Jason, que hace sus deberes en silencio. Garabatea algo en su libreta con el lápiz. Todo esto es lo normal para él. Si supiera lo que es de verdad la disfunción, estaría tan asombrado como yo lo estoy ahora mismo.
Como si estuviera perfectamente calculado, la cena está lista justo cuando terminamos los deberes. Connie me pide que ayude a Jason a poner la mesa. Mi nuevo hermano me indica dónde está todo en la cocina.
Cuando llega el momento de sentarse, Dennis ocupa la cabecera de la mesa. Jason coge la silla inmediatamente a su izquierda. Yo rodeo la mesa despacio hasta el asiento vacío al otro lado de Dennis.
Connie trae una fuente grande con maíz frito que huele de maravilla.
Se ve la mantequilla derretida acumulándose en el fondo de la fuente.
Después llega un bol grande de ensalada.
El olor a vinagre y aceite de oliva de la lechuga me llega a la nariz.
Connie abre el horno y saca el jamón con cuidado, poniéndolo sobre la mesa delante de Dennis.
Él asiente y le da las gracias, y coge un cuchillo de cocina grande y un tenedor para cortarlo.
—¿Qué tal el primer día? —me pregunta Dennis mientras empieza a cortar. Le hace un gesto a Jason para que le pase el plato y coloca en él un trozo grueso de jamón.
—Bien —digo. Por un momento estoy a punto de soltar lo mucho que nos hemos divertido en el club del bosque, pero me recuerdo a mí misma cómo reaccionaría Connie si lo hiciera. —Mi profesora parece simpática.
—¿Ms. Caten? —dice Jason—. A mí me caía fatal.
Dennis pone el plato de comida de su hijo delante de él y se vuelve hacia mí. —Te cojo el plato. Le doy una sonrisa tímida al entregárselo. Lo observo mientras me corta otro trozo grande.
—Pasad el maíz —grita Jason. Dennis lo mira con cara de pocos amigos hasta que Jason cae en la cuenta. —Por favor, pasad el maíz. Dennis lo hace y él se sirve una buena cantidad en el plato.
Connie se une a nosotros por fin y Dennis le prepara el plato. Todos colaboran pasándose la comida unos a otros y sirviéndose más. Mientras lo hacen, todo resulta tan abrumador.
Así es como se supone que debe ser una familia.
Nos sentamos juntos. Comemos. Hablamos de nuestro día. Nada de esto parece real. He visto series de televisión en las que mostraban cómo se comportaban las familias a la hora de cenar. Era exactamente así. Nada de esto tiene sentido cuando reflexiono sobre cómo fue mi infancia.
Pocas veces comíamos juntos. Generalmente tenía que calentarme yo sola las sobras, si es que había. A veces era simplemente un sándwich de mantequilla de cacahuete que me hacía yo misma. Los deberes nunca eran una prioridad.
—Tengo que hacer pis —dice Jason de repente, levantándose de la mesa.
Connie niega con la cabeza. —Lo que querías decir es: ¿me podéis disculpar? —Jason arquea las cejas en señal de protesta mientras se dirige al baño.
Connie me mira y sonríe. —¿Y en general, tu primer día de colegio ha ido bien?
No sé si es su sonrisa o el interés genuino que muestra por mi respuesta, pero noto que se me forma una lágrima en el ojo. Esto es lo que se siente cuando una familia se preocupa la una por la otra. Esto es lo que me ha faltado toda la vida.
No le contesto. Si lo hago, podría ponerme a llorar a moco tendido en la mesa. Me cuesta encontrar las palabras. Un pitido del horno me salva de tener que responder.
—Ah —dice Connie, levantándose—. Estoy horneando galletas para el postre.
Y eso es suficiente. Una lágrima me resbala por la mejilla y la intercepto de inmediato, tapándome los ojos para que no vean lo rota que me hace sentir su amor y su atención. Una mano grande me frota la espalda y, cuando abro los ojos, Dennis me dedica una sonrisa tímida.
—Está bien —dice en voz baja—. Está bien —repite. Nuestras miradas se encuentran y casi puedo leerle la mente mientras me devuelve la mirada. Ya no será como era con mis padres de verdad. Esta es mi vida ahora.
—¿Qué está bien? —dice Connie, desconcertada, sacando una bandeja de galletas del horno.
Antes de que Dennis pueda responder, unos golpes en la puerta llaman su atención. Se limpia la boca con la servilleta mientras se levanta. Abre la puerta principal lo suficiente como para que yo pueda ver.
—Hola, Mr. Kempmen —dice Ethan desde el porche delantero—. Tanner y yo vamos al campo a jugar al fútbol americano. Queríamos saber si Jason puede venir. Abre la puerta un poco más, y veo a Tanner detrás de Ethan.
—Vaya, eso suena divertido, chicos —dice Dennis—, pero estamos en mitad de la cena. Quizás después.
Ethan asiente y mira hacia dentro, y nuestras miradas se encuentran. —¿Puede venir Ali también? Las mariposas que tengo dentro empiezan a revolotear cuando dice mi nombre.
Dennis tarda un momento en responder. —Puede ser. Pero después de cenar. —Cierra la puerta y me mira con una ceja levantada. Tiene una expresión en la cara difícil de descifrar. Es casi como si hubiera hecho algo mal.