Vidas cruzadas
Eva
F ueron muchas horas de carretera. Las primeras transcurrieron en el más absoluto de los silencios por mi parte.
Un mutismo que mis padres respetaron con una paciencia infinita, entendiendo que estaba atravesando mi propio duelo.
Papá y mamá hablaban entre ellos sobre la nueva casa, mi nuevo instituto y los paisajes que íbamos dejando atrás, intentando de manera indirecta involucrarme en la mudanza, pero fracasando en cada intento.
Hicimos varias paradas, la más larga ya en Francia, donde pernoctamos antes de encarar el último tramo. Para cuando cruzamos la frontera, el sol brillante de Valencia ya era solo un recuerdo que me quemaba por dentro.
Bonn nos recibió con una lluvia suave y un agradable olor a tierra y hierba mojada. Por aquel entonces, la ciudad todavía mantenía ese aire institucional al albergar las sedes gubernamentales, y se respiraba una calma señorial que contrastaba con el bullicio mediterráneo que yo acababa de perder.
Al abrir los ojos y mirar por el cristal empañado, me encontré con la ciudad que había visto nacer a Beethoven.
No lo reconocería en aquel momento, pero me encantaba ese paisaje fundado por los romanos a orillas del Rin.
El verde eléctrico de su hierba, el colorido de sus árboles y la elegancia de sus edificios históricos empezaron a filtrarse en mi ánimo a pesar de mi resistencia.
Sin saberlo, me acababa de mudar a la capital alemana del arte.
Llegamos a casa de mis abuelos derrotados por el largo trayecto.
Al bajar del coche, por primera vez en las últimas veinticuatro horas, logré esbozar una pequeña sonrisa al recordar las palabras de la iaia Clotilde: «Eres parte de la medicina que tu abuelo necesita».
Ellos no merecían ver la tristeza en mis ojos, así que arrinconé mi pena en un huequito de mi corazón para darle una oportunidad a mi nueva vida.
El verano no tardó en pasar. En Bonn, el otoño tiene mucha más prisa por llegar que en Valencia.
Los días pronto comenzaron a acortarse y, poco a poco, empecé a sentirme como una más en mi nueva ciudad y en mi nuevo instituto.
Mi día a día comenzó a normalizarse, igual que se volvió normal la correspondencia de ida y vuelta que mantenía el hilo estirado entre Bonn y Valencia…
¡Hola, Ana!
¿Qué tal todo por Valencia? Aquí parece que llueva todos los días.
Hace más frío, pero, por el momento, se puede soportar.
Ya he comenzado las clases en el instituto y he hecho amistad con una chica llamada Helga.
Es muy agradable y vive cerca de mi casa.
Estoy segura de que os llevaríais bien. Te echo mucho de menos.
Estas navidades las pasaré en Valencia. Iré a casa de los abuelos, ¡quiero verte cada día! ¿Qué tal te va a ti en el instituto?
XOXO
Eva
¡Hola, hola, Eva!
¡Cuánto te echo de menos! El instituto no es lo mismo sin ti.
¿Te acuerdas de Marina, Elena y Pau? Estaban en el B, nunca estuvieron con nosotras, pero muchas veces coincidíamos en el patio.
Las tres están conmigo en clase, pero no hay nadie de nuestro grupito.
Ahora, por lo menos, no ha caído en mi clase la repelente de Rosa.
María me ha comentado que cada día está más insoportable.
Como se ha echado novio, no sé cómo la aguantan, se cree guay.
Jopetas, con lo súper que hubiese sido estar las dos juntas en el insti. ¡Ir juntas a clase, enamorarnos a la vez! ¡Te echo muchísimo de menos!
Hablando de amores y de gente insoportable: ¡no soporto a Marta! Creo que mi hermano empieza a agobiarse de tenerla siempre encima. Tendré que averiguar si ya se tatuó su nombre, ja, ja, ja…
¿Qué tal los chicos alemanes? En mi clase hay uno... ¡guapísimo! Se llama Félix y me mola muchísimo. ¡Ya te contaré!
Besitos
Ana
¡Hola, Ana!
¿Félix? ¡Quiero saberlo todo! ¿Cuánto te gusta? ¿Te has enamorado? ¿Cómo es? ¡Cuéntame! Mi padre me ha regalado un discman por mi cumple. ¡Es una maravilla! Ya no tengo que cargar con el walkman. Es alucinante que en un cd quepan tantas canciones.
En mi clase no hay ningún chico mono. Además, casi todos son de un rubio insípido y, ya sabes, que a mí el único rubio que me gusta es Juanito, ja, ja, ja, pero no se lo robaría a Esther. De todos modos, no quiero novios. Eso es un rollo…
Ayer me llegó carta de Alejo, a él también lo echo muchísimo de menos.
Ya sabes que tú y él sois mis dos personas favoritas.
¿No lo has visto? Los fines de semana va a casa de mis abuelos y seguro que te lo has tenido que cruzar con Zsa Zsa.
Ahora mismo estoy escuchando un cd que me envió de Rosana.
No la había oído nunca, me gusta mucho el disco.
XOXO
Eva
¡Hola, hola, Eva!
¡¡¡Félix es encantador!!! ¡¡¡Es guapísimo!!! Además de ser simpático, es muy divertido, inteligente… ¡¡¡Y no está obsesionado con el fútbol!!! Ji, ji, ji…
Nos sentamos juntos y muchas veces me acompaña a casa. ¡Mañana vamos a ir al cine! Es la primera vez que voy a ir con un chico... ¡estoy de los nervios! ¡Deséame suerte!
Puaaafff… Acabo de darme cuenta de que yo ya habré ido al cine cuando tú leas esta carta. Esto es una auténtica mierda. Aprovecho que mi madre no lee mis cartas; si no, me miraría como solo las madres saben por decir un taco.
Marta viene menos por casa, creo que en breve desaparecerá. ¿Seguro que no quieres novio? ¿Ni uno alemán ni uno valenciano? Entiendo que pases de los rubios, son muy sosos, salvo Juanito, pena que esté obsesionado con el dichoso fútbol. ¿Qué le ven los chicos a eso de darle patadas a un balón?
Me parece muy bien que no quieras un novio alemán, mejor uno valenciano y así te vuelves a mi ladito, ji, ji, ji…
No, hace mucho que no veo a tu primo. ¿Está en mi insti? ¡Imposible, lo hubiese visto! A Zsa Zsa sí que me la crucé el otro día con tu abuelo. Estuve hablando con él y jugando con Zsa Zsa.
¡Me encanta Rosana! ¿Has escuchado el último de los Backstreet Boys? En esta casa no para de sonar Duncan Dhu, no sé qué perra le ha entrado a mi hermano con No puedo evitar pensar en ti. Tiene esa canción todo el santo día en bucle, le voy a terminar por coger manía a Mikel Erentxun.
Besitos
Ana
¡Hola, Ana!
¡Estoy impaciente por saber qué pasó en el cine! ¿Qué peli visteis? ¿Qué tal todo con Félix? ¿Estáis juntos? ¿Os habéis besadoooo?
Puaff, esto del correo es un rollo. Me encanta escribirte, pero cuando leo tus noticias, ya han pasado días desde que ocurrieron.
Menos mal que pronto voy para Valencia. ¡Qué ganas de verte a ti y a Alejo!
Él también anda ennoviado. No, no está en el mismo insti.
Ya sabes que mis tíos no viven en la urba, sino en Valencia, así que tu insti le pilla lejos.
Otra que se ha echado un medio novio es Helga. Ella también estuvo en el cine el pasado fin de semana con Andy, es un chico de nuestra clase. Entre nosotras: no me cae muy bien, pero ella está loquita por él y sus blanquísimos huesos.
XOXO
Eva
¡Hola, hola, Eva!
Estoy plof… mi gozo en un pozo. Félix es encantador...
le gusto muchísimo como amiga. Resulta que es homosexual.
Ya ves, nos cruzamos con mi hermano en la puerta del cine y los ojos le hicieron chiribitas.
Ahora lo siento por él. El corazón de Andrés diría que está ocupado, aunque no por la del supuesto tatuaje, ji, ji, ji.
Creo que le ha dado dos patadas en el culo, ese que no sé si se habría tatuado, ji, ji, ji.
Bueno, he ganado un gran amigo, ya verás cuando lo conozcas. ¡Contando los días para Navidad!
Besitos
Ana
Durante años, las cartas entraban y salían del buzón de los Bauman-Vidal semanalmente. Yo escribía sin falta a mi amiga del alma y a mi primo Alejo. Entre nosotros no existían secretos, salvo uno: mis sentimientos por Andrés.
Yo jamás olvidé a Andrés. Y Ana, fiel a su estilo, tampoco me lo permitió.
No había carta en la que no lo mencionara.
Yo jamás lo supe, pero, durante años, mi amiga del alma esperó a que confesara lo que sentía por su hermano.
Pero yo callaba. ¿Para qué hablar de un amor imposible?
¿Para qué admitir que las mariposas seguían revoloteando en mi estómago cada vez que el nombre de él aparecía en una hoja de papel?
Poco a poco, Andrés se fue quedando anclado en el recuerdo.
Un recuerdo vivo, pero perdido en el pasado.
En ninguno de mis viajes a España nos vimos, ni siquiera un minuto.
Solo sabía de su vida a través de Ana: de sus entradas y salidas, de sus novias efímeras...
y de su marcha a Madrid. A pesar de poder estudiar en Valencia, él había preferido irse.
Jamás pude imaginar que huir de mi recuerdo era el verdadero motivo para ello.
A finales de los noventa, las cartas empezaron a acumularse menos en el buzón.
No porque nos distanciáramos, todo lo contrario: nuestra amistad había crecido con nosotras.
La llegada del Messenger hizo que cambiáramos el boli y las cuartillas de papel rayado por el ordenador, y acortó la distancia.
Ya no era necesario esperar al cartero; la tecnología nos permitía vernos y oírnos a través de la pantalla, invadiendo nuestras habitaciones con risas y confidencias nocturnas que los miles de kilómetros no pudieron silenciar.
VALENCIA, VERANO DE 2000
Ana
La mejor de mis sonrisas asomó de oreja a oreja cuando entré en casa de los abuelos de Eva y la vi.
Corrimos al encuentro de la otra; junto a ella, Zsa Zsa me puso las patas encima y me saludó como si yo fuera la recién llegada de Alemania, cuando un par de días atrás nos habíamos visto por la calle.
Aquel abrazo sabía a gloria. Pocos eran los abrazos que nos podíamos dar, por eso, cuando estábamos juntas, nos fundíamos en esos abrazos reconstituyentes en los que nuestros corazones se juntaban para latir al unísono.