Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo L. Elara #2
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Capítulo L. Elara #2

Callum tragó saliva. No había ningún rastro de duda en su mirada.

Con piernas firmes nos incorporó a ambos.

Me ayudó a ponerme de pie. Una vez estuvo seguro de que las piernas no me fallarían, hincó ambas rodillas en el suelo.

A mis pies, y con la profundidad de nuestra oscuridad a su espalda, sentí que se fundía con el mar de galaxias que me había visto renacer.

—Intención, palabra y sangre —dijo, recogiendo del suelo una de las dagas que me había regalado.

El mango plateado reflejó el brillo de nuestra oscuridad.

Observé con cariño los detalles forjados en el metal.

Detalles de una vida preciosa que había descubierto a su lado.

Una vida apacible en lo alto de una cordillera que rozaba el firmamento.

Una vida cazando ocasos al atardecer y creando sombras capaces de iluminar nuestro destino.

—Mandé hacer estas dagas el día que te vi en el Remolino.

En parte porque sabía que las amarías nada más verlas —admitió atrapando mi mano para depositar en ella un beso suave—.

Y en parte porque, en mis sueños más ambiciosos, esperaba que pudiéramos usarlas en una ceremonia como esta para sellar nuestro vínculo.

—Callum —suspiré entre lágrimas.

No soporté la distancia que nos separaba. Tampoco que yo fuera el único testigo de lo hermoso que era mi Kindred. Callum era toda la bondad que la vida le había arrebatado. Era familia, luz y oscuridad. Era mío.

Arrodillarme junto a él fue como compartir un trono que jamás habría soñado merecer. Me arrodillé a su lado para poder completar nuestra unión mirando a los ojos al Fae radiante y maravilloso que el universo me había regalado.

Mi poder disolvió la bóveda de sombras que resguardaba nuestras confesiones en un estallido sereno de ocasos brillantes.

Aunque solo tenía ojos para él, los suspiros de sorpresa y sollozos de emoción de nuestra familia y amigos me envolvieron con ternura.

Callum me sonreía sin apartar sus ojos negros de mí.

Extendí la mano en su dirección. Él la aceptó con manos firmes y delicadas, como si le estuviera dando el regalo más preciado del mundo.

Con un movimiento rápido realizó cortes gemelos en nuestras palmas.

Su mano envolvió la mía y, cuando nuestra sangre entró en contacto, una explosión de magia invadió mi pecho.

—Soy tuyo, Elara. He sido tuyo y seré tuyo. Ahora y siempre, en intención, palabra y sangre. Somos Kindred, parte de un mismo todo. Susurros de una misma alma.

Con cada una de sus palabras el vínculo entre nosotros se hacía más y más fuerte. Aquel latido estable que me acompañaba cuando él estaba cerca se hizo cada vez más real. Cada vez más tangible.

—Mío, mío, mío —rezaba mi alma.

Antes de que yo pudiera corresponderla con mi parte de la ceremonia, la presencia de Callum invadió mi mente.

— Esta parte es solo para ti, Tiniebla — susurró su hermosa voz profunda—. Cuando la magia muera, cuando todo lo demás se hunda, cuando llegue el final inevitable siempre nos quedarán estas palabras.

En la intimidad de nuestro vínculo, Callum y yo intercambiamos votos sagrados.

Votos que iban más allá de lunas verdes, dioses o el destino.

Votos que decidimos hacer nuestros en esa oscuridad eterna que creaba monstruos, pero también los liberaba.

Unos votos que tan solo nosotros conoceríamos y que no formaban parte del destino o de ningún ritual.

Aquellas promesas nos unirían más que cualquier magia pues eran el resultado de nuestra libertad.

Callum me miró expectante y yo decidí regalarle una sonrisa sin miedos.

—Soy tuya, Callum. He sido tuya y seré tuya. Ahora y siempre, en intención, palabra y sangre. Somos Kindred, parte de un mismo todo. Susurros de una misma alma.

Cuando terminé supe que aquel momento existiría para siempre.

Algo que llevaba una vida buscando, aun sin conocer su nombre, volvió de nuevo a mi pecho.

Me sentí completa. Nuestras sombras salieron disparadas hacia el cielo nocturno.

Con ojos brillantes los dos elevamos la cabeza hacia la Verdeluna que las recibió serena y resplandeciente.

Después, nuestra oscuridad lo cubrió todo de un manto estrellado que quedó suspendido en el aire.

El vínculo que nos unía era algo vivo y hermoso.

Me lancé a sus brazos y lo besé sin reparos.

Él me correspondió con determinación. Lo cierto era que, aun sabiendo el dolor que me esperaba, aquel era un viaje que habría hecho una y mil veces con tal de llegar hasta él.

El poder de Callum me acarició por dentro, y supe, sin necesidad de palabras, que él sentía lo mismo.

Pasos apresurados y llantos de alegría resonaron a nuestro alrededor. De pronto ya no éramos solo nosotros. Los brazos de nuestros amigos nos envolvieron en un estallido de alivio y oscuridad reparadora. El Priorato de las Sombras se fundió en un abrazo de múltiples extremidades y risas incrédulas.

En mitad de ese abrazo contemplé feliz aquella familia inesperada que me había encontrado en mi peor momento.

Una familia compuesta por sombras perdidas que habían conseguido crear juntas un hogar repleto de amor y paciencia.

Una familia que me había querido sin reparos, incluso antes de que llegara.

Lía lloraba en silencio.

Nox sonreía como nunca.

Levi aullaba con los espíritus.

Y Callum los contemplaba a todos con tanto amor que sentí que me moriría.

Al separarnos, lo primero que vi fue la mirada empañada de Lía que observaba a su hermano con un cariño infinito.

—Estoy muy orgullosa de ti, Lía —le dije mientras la abrazaba.

—Sabía que lo lograrías, Elara. Al final han sido tus verdades las que han ganado a las pesadillas.

Yo solo pude abrazarla más fuerte. La mirada limpia de Selene se posó sobre nosotras desde la linde del bosque. Me sonrió orgullosa. Yo abrí la boca para decir algo, al tiempo que ella negaba sonriente. Sus ojos dijeron todo lo que nuestros labios no supieron expresar.

Otros brazos fuertes me hicieron girar en el aire.

—Como te vuelvas a morir, te mato —me riñó Levi antes de estrujarme sin reparos.

A los pocos segundos sentí los brazos de Nox cubriéndonos a ambos.

—Lo secundo, Elara —dijo el general de las Sombras.

Cuando nos separamos, los brazos de Callum sustituyeron a los de mis amigos. Sentí su presencia constante en mi espalda y encontré el valor de mirar más allá de nuestra pequeña burbuja.

Los restos de la batalla brillaban bajo nuestro poder combinado. Las raíces del Remolino atesoraban los cuerpos de los caídos. Lejos del caos que había reinado durante el enfrentamiento, el claro vibraba con un silencio libre y limpio.