Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo L. Elara #3
99%

Capítulo L. Elara #3

La Corte de las Olas se encargaba de sanar a los heridos.

Los destellos de su escarcha reparadora cubrían el claro y los cuerpos que lo habitaban.

A nuestro alrededor, cientos de Fae y espíritus me observaban con gesto solemne.

Uno a uno, inclinaron la cabeza a modo de reverencia.

Se hizo un silencio sepulcral, partido solo por los ruidos de las armaduras al doblarse en señal de respeto.

Abrí la boca para pedir que pararan, pero me faltaban las palabras. Cuando me giré en busca de ayuda, mi familia hizo lo mismo. Uno a uno el Priorato de las Sombras se arrodilló ante mí.

—¿Por qué? —pregunté confusa.

—Por tu sacrificio, Kindred —respondió Callum, besando mi mano antes de inclinarse frente a mí.

Entre las cabezas inclinadas, distinguí una cabellera de mechones de fuego líquido que reconocería en cualquier parte. Apreté la mano de Callum antes de abandonar sus dedos y salir corriendo en su dirección.

Los soldados y espíritus se apartaron a mi paso.

Al final de mi camino, Orla aguardaba con una sonrisa triste.

A pesar de todo, jamás la había visto tan sana y hermosa.

La magia de las Tormentas abrazaba hasta la última parte de su cuerpo.

Sus alas se erguían, orgullosas, bajo la Verdeluna y su poder brillaba con la fuerza de una Guardiana de Lyssandria.

Abrió los brazos para recibirme y ambas nos fundimos en un abrazo.

—Lo siento muchísimo, Orla —susurré contra su cuello.

Orla se separó para poder mirarme, pero sus manos apretaron las mías con fuerza. Había dolor en los ojos que compartiría siempre con su hermano. Era un dolor apacible y resignado que se atrevía a mirar hacia delante.

—Su muerte no ha sido culpa tuya, Elara. Esto no es otra carga que echarte a las espaldas. Mi hermano murió haciendo lo que creía correcto. Se sacrificó por mí, fiel a su palabra hasta las últimas consecuencias —susurró decidida—. Y Cían...

Se le quebró la voz.

La Guardiana de las Tormentas cerró los ojos sin dejar de asentir.

—Solo espero que allá donde estén consigan encontrar paz.

Orla volvió a abrazarme y antes de separarse, su voz, esta vez más fina e insegura, me susurró al oído para que solo yo pudiera escucharla.

—Prométeme que esto solo es el comienzo, Elara.

—Lo prometo —susurré.

La mano de Callum me rozó la espalda. Volví a abrazar a mi amiga antes de separarme. Al hacerlo, me fundí con la espalda de mi Kindred. Detrás de Orla una figura inmóvil hizo que se me cortara la respiración.

El cuerpo sin vida de Echo estaba envuelto en las sombras azules de Levi. A su alrededor decenas de espíritus velaban por su descanso. Se me llenaron los ojos de lágrimas al ver la cicatriz gemela que se mantenía abierta en su cuello.

Avancé despacio y me arrodillé junto a él. Mi mano encontró su pelaje suave y dejé fluir la magia cerrando los ojos. No paré hasta que aquella herida injusta se cerró por completo.

— Nosotros cuidaremos de tu Eólach, criatura — susurró la voz del whisp que conocía mi corazón casi tan bien como su soberana.

Envolví el cuerpo de Echo en una burbuja cálida de agua y sombras. Lo elevé con la magia de las Tormentas y me dejé guiar por el reguero de espíritus que nos acompañaban. Callum no se separó de mí mientras nos adentrábamos en el Remolino. El Priorato de Sombras nos siguió de cerca.

El Remolino se movía para hacer que nuestra procesión avanzara sin obstáculos a través de las raíces y el terreno escarpado.

Entre los enormes árboles vislumbré una laguna.

El poder de los espíritus me tomó el relevo y, desde la orilla del pequeño lago, vi como acunaban el descenso de Echo de vuelta a casa.

—Gracias —susurré confiando en que pudiera escucharme, por muy lejos que se encontrara. Su cuerpo desapareció bajo el agua y todo se quedó en silencio. Los espíritus lo acompañaron hasta donde yo no podía ir.

—¿Qué necesitas, Elara? —preguntó Callum sin dejar de abrazarme.

—A ti.

—Ya me tienes, Tiniebla. Me tienes desde antes de quererme —respondió, besando la parte de detrás de mi oreja—. Creo recordar que tus planes de futuro empezaban por un merecido descanso. Alguien mencionó algo sobre discutir hasta terminar comiéndote a besos. Eso tampoco suena nada mal.

—Eso sería un buen comienzo —suspiré, llenándome de su aroma.

Callum escondió una risa profunda en mi cuello.

—Volvamos a casa, Kindred —murmuró después de varios minutos en silencio.

Me giré en sus brazos. Tras el Guardián, Nox y Levi desaparecieron en un Salto Irisado. Lía los siguió de cerca, envuelta en sus propias sombras escarlata.

Sonreí sin dejar de mirar esos ojos negros que habían sabido verme desde el principio, desde el primer encuentro que yo recordaba en ese mismo bosque. Enterré mi rostro en el hueco entre su hombro y su cuello. No me molesté en decirle que mi casa era aquel espacio suave entre sus respiraciones.

Callum me abrazó con fuerza y nos deshizo en un susurro de sombras y estrellas.

Nos perdimos en la noche de regreso a la montaña que era refugio y hogar al mismo tiempo.

Dos sombras errantes que se habían encontrado en un firmamento infinito, hechas con esquirlas gemelas de una misma luna separada por universos de distancia.

Una luna que brillaba verde en nuestro mundo y quizá de otros colores en los siguientes. Lo importante era que brillaba envuelta en nuestra oscuridad.

Entonces, ahora y siempre.