Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo XLXIX. Elara #3
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Capítulo XLXIX. Elara #3

Pese a todo, lo entendía. Y, aunque quise enfadarme, mi corazón latía emocionado. Latía pronunciando su nombre.

—Aun así, he de reconocer que el Guardián ha intentado sobrepasar mis límites desde el inicio, Tiniebla.

La miré confusa. Ese nombre sonaba extraño en unos labios que no fueran los de Callum.

—No comprendo.

—Cada corte tiene una manera única de referirse a las personas dentro de un vínculo Kindred.

En la Corte de las Sombras es común referirse a aquellos pocos agraciados con esa bendición como tinieblas.

Es un término bastante arcaico y en desuso, he de admitir.

Son pocos los que recuerdan su existencia.

Está claro que tu Kindred es uno de ellos.

Respiré a través de un sollozo. Escuchar aquello me transportó a nuestro primer encuentro.

—Tiniebla —había susurrado Callum nada más matar al Puka.

—¿Qué haces tan lejos de tu corte, Tiniebla? —me había preguntado después.

Desde el primer momento había utilizado una palabra que me decía todo lo que éramos.

—¿Cuáles son mis opciones? —pregunté con la emoción tiñendo mi voz.

—Puedes seguir adelante, subir la montaña y descubrir qué te espera en Elphane —explicó Hunt—. O puedes volver a Lyssandria con aquellos a los que amas.

—¿Puedo volver? —susurré sin atreverme a decirlo en voz alta por miedo a que el infierno se llevara mi deseo.

—Si así lo deseas, sí —completó la Dama.

—¿Qué seré?

—Lo que siempre has sido. Eso no cambiará. Absalon ya no puede hacerte daño. Destruiste su esencia por lo que no tiene manera de volver. Pero tu sangre sigue siendo la de un dios. Y, si decides tener descendencia, también lo será la suya. Eso, por desgracia, siempre implicará riesgos.

Asentí, entendiendo los peligros que eso representaba. Volver no estaría exento de dolor, pero una vida a su lado merecía arriesgarse.

—¡O por la Verdeluna y todo lo que es sagrado! ¡No me he olvidado! Estaba esperando a que tomara una decisión —murmuró la Dama, poniéndose en pie, exasperada.

Con un gesto elegante de la mano liberó un haz verde de luz que lo envolvió todo. Entre las sombras del resplandor, una voz que sonaba a especias y hogar me atravesó de un plumazo.

—Cuando elija apenas tendré tiempo, mi Dama.

—¿Artio?

—Mi niña —respondió él, abriendo los brazos—. Mi Ela.

Me tiré al suelo y dejé que Artio me envolviera en un abrazo que sabía a nostalgia y verdad.

—Artio, lo siento tanto —repetí una y otra vez, empapando de lágrimas su camisa.

Él se centró en acariciar mi pelo sin descanso mientras me repetía que todo estaba bien.

—Ssssh. Hiciste lo que te pedí.

—¿Cómo estás aquí? —pregunté cuando por fin reuní el valor para separarme y mirarlo a los ojos—. ¿Los espíritus pueden cruzar la montaña? ¿O los trasgos poseídos por espíritus?

Artio soltó una carcajada familiar, acostumbrado a mis preguntas.

—Por ahora su deidad me necesita aquí. Cruzaré cuando llegue el momento. Pero tú sabes lo que tienes que hacer. No pierdas más el tiempo, Elara.

—No quiero dejarte. Vuelve conmigo.

—Mi sitio está aquí ahora. Aun así, siempre estoy contigo.

Todavía arrodillada en el suelo, sonreí con lágrimas en los ojos. No me solté de la mano de Artio cuando me giré hacia Hunt.

—Quiero volver a casa.

—Entonces, está hecho.

Suspiré aliviada.

—Pero tengo dos peticiones.

—Sinceramente, debería haberlo visto venir —respondió con exasperación fingida.

Aunque mis poderes se sentían lejanos, me metí en la mente del dios de la Muerte sin problema. Solo porque podía y solo porque ver su cara de asombro y frustración merecía la pena. Hice mis peticiones en silencio, esperando que Hunt lo comprendiera.

—Me temo que la primera petición no es posible, sobrina.

Hay cosas que exceden incluso a mi control.

Uno de ellos murió de una manera irreparable.

El segundo está en paz y ha decidido subir la montaña.

Honraré la segunda petición, pero habrás de ser paciente.

Tales cosas pueden tardar. Lo sabrás cuando sea el momento.

No insistí. En el fondo esperaba aquella respuesta.

—Lo entiendo. Gracias. —Me giré hacia la Dama—. A los dos.

El dios de la Muerte y la Dama de la Noche inclinaron la cabeza en señal de apreciación.

—¿Te volveré a ver? —le pregunté a Artio conforme sentía que el infierno acariciaba con mimo mi piel.

—Sí, cuando llegue el momento. Espero que dentro de mucho mucho tiempo.

—Te quiero —susurré contra su hombro.

—Y yo a ti, mi Ela.

Me obligué a levantarme, pero me permití seguir aferrándome a su mano unos segundos más.

—Hasta que volvamos a encontrarnos, Susurro de la Noche.

Incliné la cabeza hacia la Dama, memorizando hasta el último detalle de su rostro.

—Estoy lista.

Hunt me sonrió una última vez.

—Agárrate fuerte, sobrina. Puede que escueza un poco. Volver no es un proceso para los débiles de corazón. Es un camino que hay que ganarse.

Su poder lo abarcó todo. Se metió hasta en la última fibra de mi ser y me arrancó un jadeo sorprendido. Todo se volvió negro y me sentí flotar. Agarré con fuerza las sombras que me conectaban con mi hogar y no me solté.