Capítulo XLII. Callum #3
—Hemos venido a suplicar que nos ayudes, Elara —continuó Finnian—.
Y ofrecer la ayuda de nuestra corte. Sé cuántos son.
Sé dónde están preparándose para llevar a cabo el ritual.
Conozco sus debilidades, porque yo mismo he trabajado con ellos cegado por el miedo más absoluto.
Así que he venido a ofrecer mi corte, mis Fae y mi magia.
Haré cualquier cosa con tal de recuperar a mi hermana. Por favor.
—¿Conoces esos datos porque estabas colaborando con ellos? —preguntó Elara—. ¿Quién me dice a mí que esto no es otro de tus trucos?
El Guardián de las Tormentas se encogió como si las palabras de Elara le hubiesen asestado un golpe terrible.
Percibí que la mente de Elara recorría el escudo abierto de Finnian.
El Guardián permitió que ambos nos adentrásemos en su cabeza.
En su interior solo había un miedo desmedido por su hermana y una determinación férrea a hacer cualquier cosa con tal de salvarla.
—Todo lo que he hecho, aunque equivocado, ha sido para salvarla.
Elara avanzó hasta situarse frente a él y dejó que todo su poder la rodease. Bajo las nubes y con los ojos teñidos de negro parecía una gloriosa pesadilla. El ser más hermoso que yo hubiera contemplado jamás.
— Podría devorarte ahora mismo, Tiniebla —ronroneé en su mente.
— Después —prometió ella— Satisfacción aplazada, ¿recuerdas?
Se plantó frente a Finnian y le elevó la cara por el mentón con delicadeza hasta que no tuvo más opción que enfrentarse a su mirada. Yo dejé que nuestras sombras los rodearan, en el caso de que Finnian decidiera hacer algo estúpido.
—Desde que nos conocemos solo me has mentido, Finnian.
Me ocultaste información que podría haberme salvado la vida.
Entiendo la necesidad de proteger a tu familia y respeto que hagas lo necesario para salvar a Orla.
Pero esa necesidad es la misma de la que te aprovechaste al obligarme a firmar el trato de sangre para participar en el torneo.
Maté a Artio por culpa de ese trato. Me sacrifiqué para salvar a Orla.
—Elara tomó aliento—. Y, aun así, cuando a pesar de eso sobreviví, decidiste hacerme tu enemiga .
Déjame ser perfectamente clara, no hago esto por ti.
Agradezco que me ayudaras a salir de esa prisión, pero no cometas el error de pensar, ni por un segundo, que confío en ti.
Hago esto por Orla. En el momento en el que vea algo remotamente sospechoso hacia cualquiera de los miembros de mi familia, yo misma me encargaré de matarte. ¿Entendido?
Finnian tragó saliva e inclinó la cabeza en un asentimiento.
—No parece que mienta, pero podría ser una trampa — dije abriendo nuestra comunicación a los demás.
— Tengo que ir, Callum. No puedo dejar que muera más gente por mi culpa. Especialmente Orla.
— Entonces vamos contigo.
Los demás mandaron ráfagas de asentimiento y apoyo a través de nuestra red mental. Retiré mis sombras del Guardián y de su general por completo. Finnian respiró aliviado. A su lado, Cían se mantuvo en el suelo. El Fae temblaba sin poder parar de negar.
—Elara, lo siento tantísimo. Lo que dije la última vez que nos vimos no...
Ella se arrodilló frente a su amigo y le tapó la boca para que dejara de hablar. Ella negó con la cabeza antes de fundirse en un abrazo con el general.
—Siento haberte dejado solo en el Palacio de la Dama. Necesitaba espacio y tiempo, pero no fue justo para ti que me fuera de aquella manera —escuché que le susurraba—. Los dos hemos hecho cosas mal. Vamos a pasar página.
Él la estrechó con fuerza y dejó escapar un suspiro de alivio. El momento fue breve, pero yo sabía que ella necesitaba recuperar a su amigo, pese al daño que se habían hecho.
—No sé cómo enfrentarme a él —confesó Elara al separarse—. La profecía lo deja bastante claro, no tenemos otra opción, yo tengo que...
Mi hermana dio un paso al frente.
—Puede que lo hayamos estado enfocando mal.
La profecía es un trato, al fin y al cabo.
En los tratos, las palabras importan. Se menciona varias veces que ambos iguales debéis morir.
Pero ¿y si no fuerais iguales? Al menos de momento.
—Lía se giró para mirarnos—. Pensadlo. Absalon solo será igual que Elara una vez que recupere su cuerpo y su poder total.
En teoría, tal vez haya una oportunidad de matarlo sin que Elara corra peligro.
Siempre y cuando continúe siendo un parásito y no lleve a cabo el ritual.
Si lo matamos antes del eclipse, antes de que pruebe tu sangre, deberías estar a salvo.
Aquello era demasiado tal vez para mi gusto, pero era lo único que teníamos.
—Hunt dijo que el destino no se puede cambiar —murmuró Nox.
Elara dejó escapar una risa clara mientras sus ojos buscaban las primeras luces de la Verdeluna en el cielo encapotado. Su sonrisa era algo fuera de este mundo y yo quería ahogarme en ella.
—No sé vosotros, pero yo me fío más de Lía que de la palabra de un dios —respondió Elara con determinación.
Levi rugió en un asentimiento feroz por encima de nuestras cabezas.