Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo XL. Elara #5
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Capítulo XL. Elara #5

Recordé como en ese momento algo dentro de mí había tirado hacia el Guardián. Había estado tan perdida entonces que no me había parado a analizarlo.

—Por fin estabas en casa, aunque no a salvo.

No solo te perseguían el resto de las cortes, sino también tus propios demonios.

Supe que te habías rendido. Por las noches tuve que frenar mis pasos más veces de las que puedo contar para no cogerte en volandas y llevarte a mi cama, a nuestra cama, y ayudarte a espantar las pesadillas.

Callum me miró con el inicio de una disculpa en su sonrisa torcida. Cerré los ojos con fuerza. Callum no se había cansado de demostrarme con actos todo lo que el trato le había impedido decir.

—Con cada susurro compartido, con cada secreto dicho bajo la Verdeluna y cada pesadilla que ahuyentábamos juntos, yo solo podía seguir enamorándome más perdidamente de ti.

Sabiendo, en todo momento, que jamás podría decirte lo que eras para mí.

Que, aunque tú lo descubrieras, jamás podríamos cerrar nuestra unión.

Mentirte me estaba matando, Elara. Pero decidí arriesgarme.

Puedo vivir en un mundo en el que me odias por mentirte o en un mundo en el que te tengo a medias.

Pero no quiero vivir en un mundo en el que no existas.

Escuché sus confesiones sin encontrar las palabras para explicar lo que me provocaban.

—¿Y estas sombras? —pregunté, alzando la mano que sus tentáculos oscuros acariciaban desde que me los había regalado.

Aún recordaba las caras de asombro de su madre y sus amigos el día que me las había dado. Callum sonrió, esta vez sin ningún rastro de disculpa en su mirada. Sus ojos resplandecían llenos de un amor abierto.

—Normalmente cuando una pareja de Fae cierra el tipo de unión que tenemos se regalan una brizna visible de su poder el uno al otro como símbolo de respeto y protección.

Es una costumbre antigua de Lyssandria que pocos recuerdan —explicó—.

He podido sentir mis sombras en tu interior desde el primer momento en el que te vi en el Remolino, pero quería que tú las vieras también.

Quería que tuvieras una representación física de lo que siento, aunque no pudiera decirlo.

Y lo había logrado. Durante los últimos meses, Callum se había convertido en mi lugar seguro. Avancé hacia él con paso seguro y abrí mi mente dejando que nuestras almas se tocaran. El hilo de ocasos estrellados brilló con fuerza, y me aferré a ese sentimiento.

—¿Tú quieres cerrar nuestra unión? —pregunté, deteniéndome frente a él.

—Más que cualquier cosa en este mundo —afirmó—.

Pero no necesito el vínculo para saber lo que siento por ti.

Quiero que seas mía de todas las maneras posibles.

Quiero ser tuyo de tantas formas como me lo permitas.

Solo estoy en calma cuando tú estás a mi lado, Elara.

Quiero dedicar mi vida entera a comprobar cuántas sonrisas puedo provocarte.

Quiero dormir cada noche contigo entre mis brazos y despertarme cada día adorando tu cuerpo.

Arrancando suspiros que me vuelven loco y descubriendo mil maneras de hacerte gritar mi nombre.

Quiero darte el cielo, el mar y las puñeteras estrellas.

Quiero arrasar mil mundos si eso significa que estás a salvo.

Quiero hacerte feliz cada día. Quiero una eternidad contigo, y mil más después de la primera.

Te quiero a ti, Tiniebla. Te amo a ti, Elara. En esta vida, en las pasadas y siempre.

Quise encontrar las palabras para decirle que yo sentía exactamente lo mismo, pero todas se quedaban cortas.

Necesitaba que entendiera que mi hogar era un lugar escondido en el hueco entre su hombro y su cuello.

Que respirar solo era posible si era con su aroma, y que mi oscuridad y la suya, como nuestras almas, estaban hechas de lo mismo.

—Dame tu mano —pedí despacio.

Callum extendió su mano izquierda con ojos cautelosos.

Respiraba con dificultad. La cogí y dejé que mi poder fluyera.

El acto fue tan natural como respirar. Mi poder se arremolinó en mi pecho antes de brotar en unas sombras delicadas desde mi mano hasta la suya.

Mi sombra tenía briznas de distintos colores que iluminaban la negrura como si se tratara de una pequeña galaxia contenida.

Una sombra bañada por el brillo del poder de las cinco cortes.

Callum elevó el brazo para examinarlo de cerca, pero sus ojos abandonaron pronto su inspección. Se abalanzó sobre mí y me sostuvo en sus brazos mientras sus ojos buscaban mi mirada con desesperación.

—Elara. —Mi nombre fue un ruego en sus labios.

—Somos Kindred, Callum. Con y sin vínculo. Aunque nunca puedas decirlo. Tú eres mío y yo soy tuya. Te amo, te quiero y te escojo. En esta vida, en las anteriores y siempre.

—Tiniebla —susurró él.

No sabría decir quién de los dos se movió antes. Solo que nuestros labios impactaron al tiempo que los truenos rugían en el cielo. El beso se volvió un acto de supervivencia. Lo consumió todo. Solo existían los labios de Callum en los míos, sus manos en mi cuerpo, y la promesa de lo que éramos.

De lo que siempre habíamos sido.