Capítulo XL. Elara #4
La idea de aquel Callum frío que yo había encontrado en el Remolino no era compatible con la del Guardián derrotado en el suelo susurrando sus pesadillas a su círculo más íntimo.
—Levi no iba a ser mi campeón aquel año, ya habíamos escogido un candidato de entre los voluntarios.
Una de mis mejores generales. Pero, después de escuchar quién eras, Levi se negó a dejar que nadie más participara en el torneo.
Era el único dentro del Priorato de las Sombras que podía hacerlo ya que el resto no somos Bajos Fae.
Puso su vida en peligro sin pensarlo y, por ello, estaré siempre en deuda con él.
Porque sí, Levi entró con la esperanza de romper la maldición, pero con el único propósito de protegerte. De proteger a mi...
Callum me miró con ojos llenos de dolor al no poder decir cuál era nuestro vínculo. Yo sentí que el mundo había dejado de girar. Levi había arriesgado su vida para mantener a salvo a la persona más importante para su mejor amigo y lo había hecho sin conocerme.
—Por mi parte hice todo lo que pude desde fuera.
Esos idiotas apenas te habían preparado.
Ni siquiera te habían enseñado a proteger tu mente.
Me aseguré de que pudieras crear un escudo.
Aquella noche junto a la laguna podía sentir tu odio hacia mí con cada paso, pero no me importó.
No si ese odio te mantenía con vida. —Se encogió de hombros antes de continuar—.
Con cada día que pasaba estaba más fascinado con tu personalidad y con tu poder.
Un poder extraño de varias cortes que no tenía sentido y que no comprendía que nadie más pudiera percibir.
Sin embargo, con cada día que pasaba tú me odiabas más y más.
Me juré que te ayudaría en la distancia, pero no fui capaz de mantenerme alejado.
No cuando veía las sombras que creía perdidas protegiendo tus pasos, o cuando presencié cómo domabas a un Kelpie o cómo quemabas la enredadera en la primera prueba.
¿Qué clase de maravilla eras? Jamás había tenido tanto miedo como cuando te vi tendida en el suelo al final de la primera prueba.
Aunque, al mismo tiempo, jamás había estado tan orgulloso de alguien.
Jamás me había atrevido a querer tanto tener un futuro. Un futuro a tu lado.
Había una determinación fiera en su mirada.
—Así que hice lo que mejor se me da: actué como lo haría el Oscuro.
Me aseguré de curar tus heridas tras la primera prueba.
Levi casi me mata cuando me vio en tu habitación, pero no me importó.
—Negó con la cabeza varias veces—. Jamás había sentido tanto odio como cuando Finnian te ordenó que te levantaras al final de la segunda prueba.
Al menos no hasta que te suplicó morir para salvar a su hermana en la tercera.
Un rayo oscuro cortó el firmamento. La Corte de las Sombras rugía con su Guardián.
—Cada noche me repetía que te dejaría en paz, que me mantendría al margen.
Pero me era imposible, y con cada beso robado, con cada caricia prohibida, fui perdiendo el control.
Siempre había una excusa para esas situaciones: mantenerte a salvo a toda costa.
Pero para ti esas interacciones eran mentira y solo te hacían odiarme más.
Aunque te aseguro que no más de lo que yo me odiaba cada noche.
Quería echar marcha atrás en el tiempo y examinar cada una de nuestras conversaciones de nuevo.
—No tenías ni idea de lo que éramos. Era casi como si tu magia estuviera dormida, así que decidí aceptar aquellos momentos juntos, que para ti eran solo mentiras, en forma de regalos envenenados.
Me juré a mí mismo que no dejaría que fuera a más.
Y, entonces, llegó la tercera prueba y tuve que observar cómo te sacrificabas.
Cómo morías delante de mis ojos. Otra vez.
Su voz volvió a romperse. Las lágrimas recorrían nuestros rostros. La sal y el dolor uniendo nuestro sufrimiento.
—Se me fue la cabeza, Elara, no podía quedarme allí parado.
Grité tu nombre contra el bosque y en tu mente, pero no podías escucharme.
La Dama no me dejaba moverme, no me permitía usar mi poder.
Así que hice lo único que podía hacer. Lo único que sabía que ella no podría resistir.
Le ofrecí un trato para salvarte. Ella sabía lo que eras para mí.
Lo había sabido siempre, por eso me torturaba con tu rostro.
Por eso me prohibió decírtelo como única condición, para seguir torturándonos.
Acepté sin pensar y lo volvería a hacer una y mil veces.
—Supe con certeza que no mentía—. Ella sabía que, si no podía decirlo, entonces nosotros jamás podríamos cerrar el vínculo que nos unía.
Había oído historias sobre aquello: para sellar el vínculo entre almas Kindred, ambas personas debían aceptarlo en intención, palabra y sangre.
Sin la capacidad para hablar de Callum, él y yo jamás podríamos completar el vínculo.
Por lo que tenía entendido, la ceremonia aumentaba tu poder y te conectaba de una manera primaria a tu alma Kindred.
—Solo respiré tranquilo cuando tu cuerpo comenzó a sanar después de sellar el trato.
Fue como si al liberar el orbe, también se liberara tu verdadera naturaleza como Changeling.
Mientras los otros observaban con horror y recelo cómo te transformabas en algo más, yo solo podía mirarte con admiración.
Porque por supuesto que eras algo más —me dijo con adoración—.
Levi y los demás querían que te trajera a casa antes de despertar.
Querían asegurarte de que estuvieras a salvo, pero no podía hacerlo.
No cuando tantas cosas hasta ese momento no habían sido decisión tuya.
Juré a la Verdeluna que, si tú querías irte, te dejaría marchar.
Nunca he sentido tanto alivio como cuando tu mente encontró la mía y me pidió que volviera a por ti mientras el castillo se desmoronaba.