Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo XL. Elara
79%

Capítulo XL. Elara

CAPÍTULO XL

Elara

Él utilizaba palabras secretas para nombrar lo innombrable, soñando con que, algún día, ella lograría entenderlas.

Desperté con ambas manos sobre la piel sensible de mi garganta, buscando los restos de la tortura que me había acompañado en sueños.

Sin embargo, solo encontré tejido sano junto a la cicatriz rugosa que siempre me acompañaba.

Traté de sacudirme el recuerdo de dientes emponzoñados rasgando mi cuerpo, pero los ecos de mis propios gritos todavía se aferraban con fuerza a mis recuerdos sin dejarme olvidar que todo había sido real.

Al otro lado de la ventana, la noche aguardaba a medio camino entre la calma y una tormenta, como si el cielo, al igual que yo, se encontrara suspendido en un instante perdido entre dos realidades opuestas.

Supe inmediatamente que aquella encrucijada no era solo el reflejo de mis ansiedades.

En algún lugar no muy lejano del castillo, Callum respiraba preocupado enfrentando el mismo firmamento que yo.

Encontré su mente al otro lado de mi escudo, esperando pacientemente.

Me limité a suspirar aliviada y muerta de miedo al mismo tiempo, mientras me afanaba por asegurarme de que no se percatara de que yo había despertado.

A mi alrededor, su presencia lo inundaba todo, su aroma invadía cada rincón de la habitación y aquello solo intensificaba la realidad de lo que había descubierto al verlo aparecer en medio de la oscuridad de mi celda.

Tragué saliva mientras intentaba poner en orden mis ideas.

¿Cómo espíritus no me había dado cuenta antes?

Me sorprendí abandonando la aparente seguridad de las sábanas con paso seguro.

Tenía la necesidad imperiosa de borrar los restos de la mazmorra de mi organismo, a pesar de que era evidente que alguien se había esmerado en eliminar cualquier rastro de sangre de mi persona y de curar todas y cada una de mis heridas.

Cuando entré en el cuarto de baño, agradecí el frío del suelo de mármol negro bajo mis pies.

Desde el espejo, mi reflejo me observaba con el ceño ligeramente fruncido.

Desvié la mirada de inmediato, no estaba preparada para enfrentarme a mí misma.

Me centré en la enorme y humeante bañera que aguardaba junto a la ventana, como si Galamh supiera exactamente qué era lo que necesitaba en aquel momento.

Al entrar en contacto con el agua, la tensión de mis músculos desapareció casi al instante.

El contenido del baño desprendía un aroma intenso y limpio que me hizo suspirar arropada por un calor envolvente que prometía llevarse todas las pesadillas por el desagüe.

Me sumergí bajo el agua por completo durante unos segundos y me permití gritar en un intento de deshacerme del nudo que se había instalado en mi pecho.

Cuando me quedé sin aire, emergí sintiendo que todo pesaba un poco menos.

Decidí posponer durante unos gloriosos minutos la realidad que sabía que debía enfrentar y me concentré únicamente en borrar el recuerdo de las manos de Absalon arañándome.

Froté cada parte de mi cuerpo hasta que mi piel se volvió roja.

Agradecí el ligero escozor de la carne sensible contra las sales de baño, cualquier cosa con tal de borrar las últimas horas.

Después, me lavé el cabello con fuerza hasta que estuve segura de que no quedaría rastro alguno de aquella mazmorra.

Solo cuando estuve satisfecha me atreví a salir de la bañera, esa vez con piernas algo temblorosas.

Utilicé la magia de las tormentas para secarme por completo, decidida a no volver a temer nunca más ni una sola de mis partes.

Aquel poder me pertenecía, al igual que todos los demás, y no iba a permitir que nadie más me hiciera creer lo contrario.

Me vestí con lo primero que encontré, una camisa ancha y unos pantalones suaves que olían como él.

No me molesté en calzarme, pues me pareció que todavía necesitaba el frío del suelo bajo mis pisadas para ayudarme a mantener la cabeza serena.

Sintiéndome un poquito más en control, me aventuré hacia los pasillos desiertos de la casa.

Desde fuera podía parecer que caminaba sin rumbo, pero la realidad es que mis piernas seguían solas el pulso constante de nuestra unión.

Mis pasos se limitaron a acortar la distancia entre el lugar donde me encontraba y el lugar donde la oscuridad llamaba mi nombre.

Una estela de voces susurradas rompió el silencio de la noche; con cada pisada, estas se volvieron más claras.

Pensé que el corazón se me iba a salir por la garganta, pero, aun así, me obligué a seguir adelante.

No llamé a la puerta del despachó, simplemente entré.

Los dos portones acristalados que daban al porche trasero estaban abiertos.

Al principio nadie se percató de mi presencia, me encargué de ello manipulando el aire que me rodeaba.

Con la tormenta de fondo, pude ver como cuatro Fae contemplaban el horizonte bajo el resguardo del pequeño techo mientras intercambiaban susurros que se mezclaban con la música de la lluvia.

Aunque todavía no estaba del todo segura de lo que iba a descubrir, supe que había llegado el momento.

Inspiré con fuerza antes de aclararme la garganta.

Callum se giró de inmediato, con una frase a medias muriendo en sus labios.

Al hacerlo, tres pares de ojos me encontraron en la penumbra.

Pese a que era consciente de como Lía, Nox y Levi me miraban atónitos, yo solo podía observarlo a él.

Callum cogió aire en un suspiro parecido al inicio de una batalla o un sacrificio.

—Elara —dijo sin apenas moverse.

Mi nombre en sus labios era una mezcla muy particular entre juramento y tortura.

En cualquier caso, consiguió que mi corazón se saltara un par de latidos.

Los resquicios de mi nombre colorearon su tez con un brillo precavido y yo sentí que el movimiento de sus labios mientras lo pronunciaba me quemaba la piel.

Callum me miraba con los ojos abiertos y repletos de secretos que luchaban por ser liberados. Me miraba como si temiera que no fuera real y yo me sentí arder bajo su atención.

—Estás vivo —repetí por enésima vez al verlo.

Porque en aquellos momentos al verlo allí sentado todavía lo sentía irreal y decirlo en voz alta era mi manera de hacerlo cierto.

Me mantuve quieta en el umbral que daba al patio, incapaz de dar un paso más pese a que todo mi ser me pedía a gritos que borrara la distancia que nos separaba.

La verdad de lo que éramos resonaba en mi pecho.

—Estás despierta —concedió él, poniéndose de pie, igual de perdido que yo.

Cabría suponer que la suma de nuestras obviedades daría paso a las palabras que me quemaban los labios pero no fue así. Un silencio cargado se extendió entre nosotros y, durante unos instantes, estuve a punto de acobardarme. Pensé en esperar. ¿A qué? La verdad es que no lo sabía muy bien.

Las sílabas que componían mi descubrimiento llevaban horas atrapadas entre mis dientes, ansiosas de ser liberadas desde que había comprendido aquello que él no había podido decirme, pero que llevaba demostrando desde que nos habíamos conocido.

Así que tomé aire y las dejé salir. Al fin y al cabo, aquella verdad no era solo mía, a pesar de que solo yo pudiera pronunciarla.

—Sé quién eres —murmuré con la voz temblando—. Sé qué somos.

Las palabras de Hunt no me habían abandonado desde que había visto aparecer a Callum, vivo, en la celda de la Corte del Bosque. Él había sobrevivido a mi sangre y, de acuerdo con el Dios de la Muerte, solo una clase de persona era capaz de sobrevivir a la sangre de un Changeling.

El pecho de Callum comenzó a subir y bajar de manera agitada.

Aun así, mantuvo la distancia, pero yo fui testigo de la manera en la que apretaba los puños con ansiedad, en un esfuerzo por no tocarme.

Sin embargo, su presencia abordó hasta el último confín de mi escudo.

No pidió entrar y yo respiré agradecida, pues necesitaba mantener las distancias para tener aquella conversación.

—Necesito que lo digas, Elara. Yo no puedo hacerlo —gimió desesperado, dando un paso en mi dirección que se sintió como un salto al vacío.

Y es que, al fin y al cabo, lo era. Mis palabras eran como su red de seguridad, una cuerda a la que Callum se aferró, sin ni siquiera dudar.

—Kindred —susurré a la noche, pues al final era el único lugar que no juzgaba nuestros secretos—. Eres mi alma Kindred y yo la tuya.

Lía se llevó la mano al pecho. Nox y Levi emitieron maldiciones ahogadas al mismo tiempo.

—¡Bendita Verdeluna!

Yo solo podía mirar a Callum. Casi podía saborear la verdad que acababa de soltar al universo.

La verdad que mi magia gritaba cada vez que él estaba cerca y que yo no había sabido ver antes.

Callum respiraba con dificultad. Sus ojos eran dos pozos negros envueltos en un poder que vibraba al mismo tiempo que los rayos surcaban el horizonte oscuro.

—Todo el mundo fuera —murmuró con las manos pintadas de noche.

No hizo falta que lo pidiera dos veces. Nuestros amigos desaparecieron en un Salto Irisado, dejándonos solos.

Di un par de pasos hacia el centro de la habitación, atraída por las volutas negras que emanaban de Callum.

Oí que la puerta se cerraba a mis espaldas con un chasquido suave.

Estábamos solos con la tormenta y rodeados de memorias de sombra.

—¿Cómo lo has sabido?

—Por algo que dijo Hunt cuando estuvimos a solas después de que abandonaras An Dorchadas. Solo el alma Kindred de un Changeling puede sobrevivir a su sangre. —Lo señalé con un dedo firme, para puntualizar lo evidente—. Y tú estás vivo.

—Dilo otra vez —rogó, acortando la distancia que nos separaba.

Cada paso en mi dirección fue como un pequeño abismo, lo vi en su mirada. Me observaba como si fuera a desaparecer en cualquier momento y su cercanía aumentara el riesgo.

—Por favor, Elara —volvió a suplicar cuando apenas nos separaban unos centímetros—. Dilo otra vez.