Memorias de sombra (Legado 2) Capítulo XXXV. Elara
71%

Capítulo XXXV. Elara

CAPÍTULO XXXV

Elara

No había espíritus en el bosque. Solo brillos plateados y retazos de su alma.

El mundo había entrado en erupción. Todo crujía y vibraba de manera descontrolada. ¿Acaso era así como se sentía nacer?

Descontrol.

Llanto.

Violencia.

Intenté mover el cuerpo, pero mis extremidades no respondían. Aun así, todo mi ser rebotaba y chocaba mientras corría, y una fuerza imperturbable se aferraba a mí. Luché por abrir los ojos, por decir algo. Pero mi cuerpo seguía sin responder y la magia me había abandonado.

—Agárrate, Elara. No te sueltes, no podemos...

Los ecos de una batalla ahogaron el resto de las palabras de Callum. Gritos ensangrentados y rugidos inconexos hicieron zumbar mis tímpanos. Las sombras de Callum se aferraban a mí, pero también podía sentirlas en el aire: rápidas, mortíferas y decididas.

—¡Levi, a tu izquierda! —La voz de Nox atravesó cortante los ruidos de la pelea.

Poco a poco mi poder comenzó a tomar consciencia. Pero la sensación era extraña, como si mi magia estuviera adormilada. Aun con los ojos cerrados sentí como el calor de las llamaradas y de una ventisca del desierto nos pisaba los talones.

—¡Sí! Nuada tenía razón, está justo allí. Un poco más adelante —gritó Nox por encima de las explosiones.

—¿Estamos seguros de que no cruzarán? —preguntó Levi.

Callum se dispuso a contestar, pero, incluso entre sus brazos, su respuesta se perdió entre ascuas y gritos enfurecidos.

El crujir desesperado de las botas contra las dunas del desierto comenzó a menguar acompañado por una repentina sombra.

Unos segundos después, las notas secas y tostadas del desierto fueron remplazadas por un olor profundo a musgo y rocío.

—¡Mierda! Serán... —El viento robó el final de la maldición de Levi—. ¡Agachaos!

Oí la explosión antes de que impactara contra nosotros.

Se bebió los gritos de aviso de Levi como un monstruo de fauces abiertas y apetito voraz.

El estruendo fue suficiente para que mis ojos se abrieran al fin, a tiempo de ver como salíamos disparados hacia delante envueltos en una maraña de bosque y desierto.

Callum me agarró con fuerza uniendo nuestros cuerpos mientras giraban descontrolados en el aire para que su espalda chocara primero contra el suelo enraizado. Su cuerpo absorbió la peor parte del impacto. Aun así, el aire escapó de mis pulmones con un crujido seco y doloroso.

El golpe funcionó como un jarró de agua fría.

La sensación volvió de una vez a mis terminaciones nerviosas, acompañada de un dolor punzante.

Cuando mi cuerpo se dignó a responder, me deshice con cuidado de su agarre, pero él no dejó que me levantara del todo.

Sus manos se aferraron a mis caderas manteniéndome a horcajadas sobre él.

—No te muevas.

Callum respiraba con dificultad y estaba cubierto de sangre, arena y ceniza.

Aparté los mechones oscuros de su frente buscando la fuente de la hemorragia.

Para mi alivio parecía que la mayor parte de la sangre no era suya.

Su oscuridad crepitaba a nuestro alrededor y, aunque poderosa, había algo diferente e incompleto en ella.

Mi propio poder parpadeaba exhausto en mi pecho.

Aun ensangrentado y cubierto de mugre, Callum sonrió con los ojos brillantes.

—Podría acostumbrarme a despertarme con tu cuerpo sobre el mío y tus manos acariciándome.

—Tú no eras el que estaba inconsciente, Callum.

Sus dedos se apretaron con más fuerza a mis caderas.

—Se supone que no debes decir mi nombre, Elara. Los dos sabemos lo que eso conlleva.

Pese al humo, el dolor y la desorientación, sus palabras fueron las que me dejaron sin aliento. El recuerdo de sus labios en mi oído y sus sombras en mi cuerpo me hizo temblar por motivos distintos. La manera en la que sus ojos se oscurecieron confirmó que se había percatado de mi reacción.

Me obligué a levantarme, teniéndole una mano.

Un bosque espeso cubría todo a nuestro alrededor. Entre los troncos retorcidos se adivinaba el final del desierto varios cientos de metros a nuestra espalda, los gritos enfurecidos de todo un batallón reverberaban entre las hojas y la maleza.

—Parece que Nuada no mentía —comentó Levi con un suspiró aliviado mientras se quitaba ramitas del pelo azulado—. Las amazonas de Aiden no cruzarán la frontera con la Corte del Bosque.

A su lado, Nox conjuró una voluta de sombras que nos ocultó de la vista del ejército del Guardián de las Llamas.

—¿Qué demonios ha pasado?

Los tres Altos Fae me miraron con preocupación.

Nox fue el primero en romper el silencio.

—Vamos a hablar mientras caminamos. Tenemos que seguir poniendo distancia entre nosotros y esas amazonas. Por mucho que Nuada tenga razón, no me fío de ellas. Necesitamos encontrar un lugar relativamente seguro para descansar durante un par de horas y ponernos en contacto con Lía.

Callum tomó la delantera. Sus manos estaban teñidas de noche, preparadas para cualquier ataque.

Levi caminaba a su lado, unos metros más hacia la derecha cubriendo el perímetro frontal, mientras Nox se encargaba de la retaguardia, espada en mano.

Yo misma desenvainé dos dagas. Después de comprobar que mis poderes seguían prácticamente inservibles, me resigné a sujetarlas en lugar de hacerlas flotar a mi alrededor.

Algo corrupto emanaba del bosque.

Al principio pensé que lo que sentía clavarse en mi espalda como un aguijón envenenado era la presión de los espíritus, pero aquella sensación era diferente.

No había rastro alguno de su curiosidad osada, ni de su mirada curiosa.

De hecho, no había ni una señal de que hubiera espíritus entre las ramas caídas y los troncos podridos.

Aun así, había una presencia amarga correteando dentro de la savia del bosque. Aunque no podía verla, estaba segura de que tenía forma de ondas violetas.

—Todo iba bien al principio —explicó Nox—. Pero cuando llevabais poco más de media hora las amazonas aparecieron y rodearon la cabaña. Las condenadas son rápidas, eso hay que admitirlo.

Si hubiera tenido que apostar, habría dicho que el general de las Sombras parecía asombrado. No me cabía ninguna duda de que Nox había tomado más de una nota.

—Pero Nuada aseguró que teníamos dos horas —dije sin comprender mientras fijaba mi atención en el suelo que cada vez se volvía más embarrado y resbaladizo.

—Si te sirve de consuelo, ella parecía tan sorprendida como nosotros.

Ya sabes que después de cómo se comportó en el torneo no soy su mayor fan.

Pero creo que de verdad intentaba ayudarnos.

La Verdeluna sabrá sus motivos, pero no creo que nos haya traicionado.

De hecho, creo que se ha metido en un buen lío al colaborar con nosotros.

Coincidía del todo con las palabras de Levi. No había sentido ningún tipo de mala intención por parte de la Campeona de las Llamas. Detrás de todas sus pullas había una oposición real a las decisiones de su tío.

—Callum despertó antes que tú, pero sus poderes no funcionaban como es debido.

Con un gesto de la mano, Nox intercambió posiciones con Levi y comenzó a guiarnos a través de un bosque que se hacía más estrecho con cada metro que avanzábamos.

—Todavía los noto algo extraños —explicó el aludido sin girarse—. Están aquí, pero los siento adormilados. Como cuando se te duerme un brazo o una pierna. Conforme pasa el tiempo, toman más fuerza. Pero Nuada tenía razón, siento que tardarán un par de horas en recuperarse del todo.

Asentí, pues la sensación era completamente la que él había descrito.

—¿Qué os parece este lugar?

La voz de Nox se filtró a través de una serie de arbustos particularmente espesos y espinados que había atravesado. Una vez al otro lado, la visión que nos dio la bienvenida hizo que tanto Levi como yo bajásemos las armas, sorprendidos.

En medio de un claro invadido por una vegetación oscura y retorcida se encontraban los restos de unas extrañas ruinas.

Lo que antes había sido sin duda un pueblo de tamaño considerable ahora estaba sepultado entre escombros y vainas salvajes.

El paraje ofrecía gran cantidad de recovecos bajo los que resguardarse lejos de miradas indeseadas.

—A mí me sirve —respondió Levi con una exhalación exagerada mientras apoyaba su espalda contra los restos de un edificio antes de seguir con su explicación—.

Cuando Callum despertó ya no podíamos esperar más.

Nuada creó una distracción para permitirnos salir de la cabaña y nos dio indicaciones para atravesar la frontera.

Juró que el ejército de Aiden no nos seguiría hasta aquí.

Y, para sorpresa de todos, ha cumplido su palabra.

—¿Por qué no hemos hecho un Salto Irisado?

No me permití el lujo de dejarme caer contra el tronco más cercano para descansar. Cada uno de mis movimientos era puro dolor, como mover una losa de cientos de kilos, pero el batir enloquecido de mi corazón me instó a seguir de pie. A seguir observando el horizonte en busca de peligros.

—Nuada dijo que era peligroso saltar sin que tú te hubieras despertado.

Tu alma y tu cuerpo seguían separados y no podíamos arriesgarnos a hacerlo hasta que volvieran a unirse.

De hecho, insistió en que seguiría siendo peligroso hasta que ambos recuperarais los poderes por completo —aclaró Nox—.

Sinceramente nos acojonamos bastante cuando Callum despertó sin ti.

Me limité a asentir y, por primera vez en meses, evité la mirada de Callum. Podía sentir sus ojos negros atravesándome. Y, si mi poder hubiera estado en plenas facultades, estaba segura de que habría sentido su presencia de ocasos contra mi mente, pidiéndome entrar.

Por la manera en la que Levi y Nox hablaban, comprendí que Callum no había compartido con ellos todavía lo que Hunt nos había revelado en el Reino de la Muerte. La realidad que yo sentía como inamovible en mi corazón, pero contra la que sabía que él lucharía sin descanso.

Yo tenía que morir para derrotar a Absalon.