Capítulo XXXIII. Callum
CAPÍTULO XXXIII
Callum
Morir, a su lado, daba menos miedo.
El Salto fue corto. En cuanto nuestros cuerpos comenzaron a materializarse, todos y cada uno de nosotros nos pusimos en marcha. Mis sombras observaron el lugar de una sola pasada mientras mi mente buscaba amenazas ocultas.
Levi desplegó su poder alrededor del edificio creando una barrera de protección y detección que alertaría de cualquier persona o criatura que se acercara a menos de un kilómetro a la redonda.
Sabía que Nox tenía cubiertas puertas y ventanas, además de varias rutas de escape en caso de necesitarlas. Tenía la certeza que ambos habían enlazado una parte de su poder tanto a mi cuerpo como al de Elara, para poder conocer nuestra posición en todo momento.
Elara no necesitaba su protección. ¡Espíritus! Yo tampoco.
Aun así, mis hermanos nos protegerían hasta las últimas consecuencias.
Su lealtad hacia mí era algo que todavía no sentía que mereciera.
Dudaba que llegara el momento en el que lo hiciera.
Aun así, su protección era algo por lo que estaba tremendamente agradecido.
El hecho de que extendieran esa lealtad hacia Elara, me llenaba el pecho de un orgullo y cariño infinitos hacia ambos.
Nuada agitó una mano, distraída, que hizo que varias velas iluminaran la habitación.
—¿Qué es este lugar? —Elara examinó el pequeño habitáculo con los dedos rozando sus armas y las sombras aguardando a sus pies.
—Una cabaña de caza a unos pocos kilómetros de la frontera con la Corte del Bosque. Pertenecía a mi bisabuelo. Es una de las únicas cosas que me legó cuando cumplí la mayoría de edad.
No parecía que nadie hubiera visitado la cabaña en mucho tiempo.
La estancia era sencilla y estaba compuesta únicamente por madera oscura y pizarra.
Había un cocina pequeña y modesta en una de las esquinas.
En el extremo contrario se encontraba una cama doble vestida con una manta de lana áspera que picaba con solo mirarla.
El exterior se adivinaba a través de las cortinas de una ventana pequeña.
El desierto se fundía con el inicio de un bosque repleto de enemigos.
—¿El mapa está en la Corte del Bosque? —preguntó Levi, observando con recelo el horizonte, todavía oscuro, que desaparecía tras la maraña de árboles que se espesaban en la lejanía.
—No, el mapa está en mi bolsillo.
Nuada metió la mano en uno de los amplios bolsillos que formaban parte del mono rojo y vaporoso que llevaba. Al sacar la mano, la Campeona de las Llamas sostuvo en el aire dos pequeños frascos de cristal que contenían una sustancia líquida plateada.
Elara entornó los ojos mirándola con recelo.
—Eso son dos viales. No un mapa —respondió con voz queda.
Cansado de juegos, me planté delante de ella.
—Explícate.
—Hunt es el dios de la Muerte. ¿Qué esperabais?
¿Que tuviera un modesto adosado en la capital?
¿Tal vez una cueva sinuosa en los confines del desierto?
—bufó como si fuéramos todos tontos—. No, Hunt no reside en este plano.
Solo hay una manera de llegar hasta An Dorchadas, el hogar del dios de la Muerte: muriendo.
¿Morir? Aquello iba a ser un problema.
Nox y Levi entraron en acción, pero la mano levantada de Elara frenó sus amenazas. No había miedo en su rostro. Tan solo determinación y una pizca de curiosidad.
—No vamos a tomar un veneno, Nuada. Y supongo que sabes de sobra que no tenemos intención de morir.
—Esto no es un veneno. Es el elixir de la muerte .
—Con ese nombre resulta difícil creer que no sea un veneno —acusó Levi.
Nuada le dirigió una mirada asesina, pero sus ojos volvieron a Elara antes de seguir explicando. Chica lista. Al menos sabía quién estaba al mando. Por otro lado, su deuda era con ella, no con el resto.
—No es un veneno. El elixir de la muerte es un billete de ida a An Dorchadas, el reino de las almas donde habita el dios Hunt. No existe un mapa para llegar hasta allí, porque no existe en este plano terrenal. ¿Lo pilláis, iluminados ?
—Otra vez con el maldito mote —murmuró Levi.
Nuada levantó una ceja verde y gris en su dirección como retándolo a que siguiera quejándose. Yo tuve el terrible presentimiento de que esos dos serían grandes amigos si se lo propusieran.
—La única manera de llegar hasta Hunt es muriendo o, en su defecto, con el elixir de la muerte .
Este tónico fue creado por el propio Hunt.
Su receta es uno de los secretos mejor guardados de mi corte.
El tónico tiene el poder de mantener un cuerpo con vida mientras traslada el alma de su portador al reino de Hunt. Al menos durante un tiempo.
—Has dicho que es un billete de ida —apuntó Elara robando las palabras de mi boca.
Nuada asintió.
—Llegar hasta allí es la parte sencilla. Quien toma el elixir cae en un sueño profundo que traslada su alma a An Dorchadas. Volver solo depende de Hunt. Una vez que consigáis que responda a vuestras preguntas, también tendréis que convencerlo para que os mande de vuelta.
—¿Alguna vez lo has tomado? —quise saber—. ¿O conoces a alguien que lo haya hecho y haya vuelto con vida?
Nuada clavó sus ojos en los míos. Había algo en ella que me recordó a su tío. Una cautela disfrazada de temeridad, pero que desprendía sabiduría.
—Nadie ha sido tan estúpido o desesperado como para tomarlo en más de dos milenios. ¿Me ves cara de estúpida?
—Siento que la palabra adecuada debería ser valiente —puntualizó Nox.
—Sinceramente no veo la diferencia. La estupidez y la valentía suelen ir de la mano y ambos acaban con héroes muertos —respondió Nuada, encogiéndose de hombros antes de tenderle los tónicos a Elara—.
Tengo dos frascos del elixir, por lo que solo dos de vosotros podréis ir hasta el reino de Hunt.
Acabarán dándose cuenta de que los he robado, pero coger alguno más habría sido un suicidio.
Doy por hecho que iréis tú y tu perrito.
Elara aceptó los frascos sin responder a su pregunta. Tampoco cayó en sus provocaciones. Levi se plantó delante de ella, dispuesto a arrancarle los frascos o hacerle vomitar si se los acercaba a los labios.
—De ninguna manera.
—Tengo que ser yo, Levi —respondió ella con determinación.
Los tres sabíamos que no había universo en el que Elara fuera a aceptar que alguien fuese en su lugar.
—Acabemos con esto. No hay tiempo que perder —dije mientras cogía uno de los frascos de los dedos de Elara y me dirigía hacia la cama—.
Has dicho que puedes garantizarnos un par de horas hasta que se den cuenta de que los has robado, ¿no?
Entiendo que después de ese tiempo, no tardarán en localizarnos.
Nuada asintió, segura, y yo decidí creerla. No teníamos más opciones. A su lado, Nox y Levi intercambiaron negaciones antes de abalanzarse en mi dirección.
—Callum, tú no puedes ir —argumentó Nox. Lo conocía lo suficiente como para saber que no se daría por vencido sin intentarlo—. No deberíais ir ninguno de los dos. Pero de ninguna manera podéis arriesgaros a la vez. ¿Qué pasa si ninguno regresáis? Callum, vosotros no...
Nox no terminó la frase.
No hacía falta.
Elara observó el intercambio, confusa. Yo sabía perfectamente lo que Nox intentaba decir. Las mismas dudas susurraban a mis espaldas. Haciendo caso omiso a sus palabras, decidí ignorarlas.
—Si Elara va, yo voy.
Así de simple.
Nox y Levi intercambiaron una mirada agónica. Ambos sabían que no había manera de hacerme cambiar de opinión. Aun así, Levi lo intentó.
—No vais ninguno de los dos. ¿Es que no habéis escuchado la parte en la que moriréis? Tiene que haber otra manera.
Elara se sentó en el otro lado de la cama y asintió en mi dirección.
—No la hay. Si necesitáis hablar con Hunt, esta es vuestra única opción —repitió Nuada.
Elara inspiró con fuerza.
—Levi, está bien.
Nox apoyó una mano en el hombro de su pareja que solo hizo que Levi frunciera todavía más el ceño.
—No me gusta un pelo —se quejó, apartándose ligeramente.
Nuada entró en acción. Atenuó las luces que había encendido hasta dejarnos prácticamente a oscuras, acto seguido nos tiró a ambos un par de almohadas que olían a tierra y calor que sacó de debajo de una cómoda.
—El tónico actúa durante una hora. Tenéis que estar de vuelta antes de que se agote el tiempo o vuestros cuerpos morirán y vuestras almas se quedarán atrapadas en el inframundo.
—¿Cómo demonios van a saber cuánto tiempo ha pasado? —preguntó Nox.
—Lo sabrán —se limitó a decir ella—. Además, cuando regreséis, vuestros poderes tardarán en volver a funcionar con normalidad un par de horas. Estaréis extremadamente indefensos.
—Esto mejora por momentos —farfulló Levi.
Elara y yo nos recostamos contra el colchón.
La superficie era dura y, como sospechaba, la manta picaba.
Aun así, el olor de Elara lo envolvía todo.
Durante unos segundos me permití imaginar que todavía estábamos envueltos el uno en el otro mientras mis caricias conseguían arrancarle sonidos suaves que me llevarían a la tumba.
Todavía me quedaban demasiadas verdades que confesarle. Me negaba a pensar que hubiera un universo en el que la noche pasada finalizara sin más. Acaricié el escudo de su mente con cuidado. Igual que había acariciado con mi lengua cada parte temblorosa de su cuerpo hacía menos de una hora.
Elara se estremeció a mi lado.
—Si Elara vuelve y yo no, sabéis cuáles son mis deseos —ordené directamente en las mentes de Nox y Levi, sin dejar que ella lo escuchara.
Nox asintió solemne. Levi volvió a negar, preocupado.
—¿Preparada, Tiniebla?
—Callum, lo que ha pasado antes... —vaciló— . No quiero que te sientas en la obligación de...
—He pasado las mejores horas de mi vida a tu lado, Elara. No me arrepiento de nada.
Supe que no se atrevería a creer mis palabras, al menos no todavía. Pero no me preocupó. Podía ser paciente. La esperaría mil vidas más si fuera necesario. No había dios ni profecía que pudiera impedirlo.
—No tienes que hacerlo. Lo sabes, ¿verdad? Puedo ir yo sola. No es justo que te arriesgues así por mí. Ellos tienen razón. La Corte de las Sombras te necesita.
—Y yo te necesito a ti.
Quité el corchó del frasco y brindé en dirección a una Elara que me miraba con los ojos muy abiertos.
— Por los giros inesperados y los Guardianes que suplican.
Ella me sonrió.
Aquella sonrisa radiante y honesta, que amenazaba con dejarme sin aliento siempre.
—Y por aquellos dispuestos a enfrentarlos —me coreó.
Ambos tragamos el líquido empalagosamente dulce al mismo tiempo. Después, los dos dejamos de respirar mientras la muerte robaba nuestras almas rumbo a lo desconocido.