Capítulo XXXII. Elara
CAPÍTULO XXXII
Elara
El cielo era un lugar escondido en los silencios entre sus gemidos.
Una figura envuelta en ceniza y llamas verdes se materializó en la habitación.
Sentí como los brazos de Callum se tensaban a mi alrededor.
Pestañeé desorientada antes de que la habitación estallara en sombras y rugidos.
El espacio se tiñó de negro cuando la oscuridad de Callum explotó. La mía le siguió de cerca.
La voz áspera de Nuada rompió la pequeña burbuja de irrealidad que nos habíamos permitido crear. Callum se abalanzó sobre ella.
—Supongo que al final yo tenía razón y tus talentos estaban desaprovechados en la Corte de las Tormentas. Todos sabemos que Finnian es demasiado soso para lo que sea que esté pasando aquí.
Con una velocidad imposible, Callum estampó a Nuada contra la pared del fondo de la habitación.
Sus tentáculos oscuros agarraron a la campeona de las Llamas por la garganta cortando su respiración.
Nuada se aferró a las sombras en un intento de seguir respirando, mientras enseñaba dos colmillos ligeramente afilados sobre los bordes de una sonrisa desafiante.
Agarré la primera prenda de ropa que encontré, que resultó ser la camisa de Callum, y me la puse rápidamente. Usé el aire de las tormentas para llamar a una de mis dagas, mientras envolvía mi oscuridad alrededor de Callum de manera protectora.
El hilo que nos unía se sentía más fuerte. Más palpable. Como si algo trascendental hubiera encajado entre nosotros.
Dos sombras oscuras se materializaron a ambos lados de Callum.
Respiré aliviada al ver a Nox y a Levi a su lado.
Los ojos del Dracano me encontraron y vi que él también exhalaba tranquilo al cerciorarse de que ambos estábamos bien.
Al mismo tiempo, Levi reparó en el estado de la habitación, en lo que yo llevaba puesto y en la desnudez de Callum, a quien parecía importarle entre poco y nada que los demás le vieran sin ropa.
Levi no disimuló la sonrisa socarrona. Tuvo la desfachatez de guiñarme un ojo.
—Dime un solo motivo para no matarte aquí mismo —siseó Callum con una calma fría.
Nuestras sombras se fundían en una mezcla tan espesa y cargada de poder que la sentía en cada centímetro expuesto de mi piel.
—Personalmente voy a necesitar más de un motivo. Lo que has hecho se considera un ataque directo y una declaración de guerra —completó Nox con una voz demasiado serena. Tanto que daba miedo.
Desde el amplio ventanal la noche susurraba con los restos de la celebración. Tan solo quedaban unas pocas horas hasta el amanecer. Y, a juzgar por los rostros cansados de Levi y Nox, no habían encontrado lo que buscaban.
Nuada intentó hablar, pero el agarre de los tentáculos de Callum se lo impidió.
—No puede hablar si la asfixias con tus sombras, Callum —susurré tratando de calmarlo.
— A ti no parecían importarte hace un momento.
Agradecí la oscuridad de la noche cuando noté el calor en el cuello.
—¿Es algo que acostumbras a hacer a todas las Fae que irrumpen en tus aposentos por la noche? —dije para distraerlo.
—Disfrutaría del sabor de los celos de no ser porque la idea de que pienses que me interesa remotamente alguien que no seas tú es absurda.
Mi corazón se aceleró mientras mi cabeza intentaba comprender las palabras que Callum insistía en ofrecer tan abiertamente. Lejos de parecer afectado, él continuó mirando a Nuada. El agarre de sus sombras disminuyó lo suficiente como para que Nuada tragara un par de bocanadas desesperadas.
—Habla —ordenó Nox.
—Sé dónde está el mapa para localizar a Hunt —explicó Nuada con la voz ronca entre toses.
Levi se situó a mi lado mientras Nox se cruzaba de brazos junto a Callum.
—¿Y eso qué tiene que ver con nosotros? Tu Guardián se ha negado a aceptar nuestra petición —escupió el general.
Nuada tuvo las agallas de sostenerle la mirada a Nox mientras respondía con los dientes cerrados fuertemente.
—Aiden está equivocado.
—¿Y esperas que creamos que vas a traicionar a tu tío y Guardián solo porque consideras que se equivoca? —Aunque la pregunta de Callum era legítima había curiosidad tras sus palabras.
—Sinceramente me importa una mierda lo que penséis. Si me importara la validación masculina, ahora mismo estaría casada como mi padre quería y muy lejos de todo este follón.
Avancé en silencio con Levi pisándome los talones. Una mano en su espalda fue todo lo que Callum necesitó para entenderme. Dio varios pasos atrás, llevándose consigo sus sombras. Con el rabillo del ojo vi como Callum conjuraba unos pantalones y aceptaba la camisa que Levi le tendía.
Nox también retrocedió ligeramente, pero permaneció cerca de mí y alerta.
—¿Qué haces aquí, Nuada? —No disipé mis sombras por completo.
Dejé que remolonearan a nuestros pies. Un recordatorio de que estaban presentes en caso de que Nuada intentara cualquier cosa.
—Saldar una deuda. Me salvaste la vida en la segunda prueba. Te debo una, Hadaës. No me gusta estar en deuda con nadie y menos con alguien tan poco memorable como tú.
Esta vez fui yo la que se cruzó de brazos.
—No te salvé para que me debieras nada.
Nuada se atusó el pelo mientras reía con descaro como si yo acabase de decir la tontería más divertida.
—Lo peor de todo es que dices la verdad —suspiró—. En cualquier caso, tus intenciones en el momento no importan. Lo que importa es que estoy en deuda contigo. Aunque negaré que estas palabras hayan salido de mi boca y te quemaré el pelo si te atreves a repetirlas fuera de estas paredes.
—¿Qué propones? —quise saber.
Antes de que hablase me atreví a echar un vistazo en su mente, tal y como Callum me había enseñado días atrás.
Era una falta de respeto por mi parte y se sentía como una violación de su intimidad.
Por otro lado, ella había irrumpido en nuestra habitación sin ningún remordimiento.
Mi instinto me decía que las intenciones de Nuada eran honestas.
Pero no podía arriesgarme. No cuando no solo era mi vida la que estaba en juego.
Rocé su mente con cuidado, amoldando la vibración de mi poder a la cadencia ardiente de su esencia.
Un escudo de ceniza esmeralda la protegía.
Era una composición volátil y cambiante, que tenía tantas espinas como dientes.
Ajusté mi poder buscando camuflarme entre sus sombras hasta que el escudo me aceptó.
Dejé la puerta abierta tras de mí, asegurando una vía de escape.
—Llevaros hasta Hunt y conseguiros el tiempo suficiente para que resolváis las dudas necesarias.
Si aceptáis, lo haremos a mi manera. Y mi manera empieza porque os vistáis en dos minutos y cojáis mi mano.
Después puedo daros un par de horas de margen, no mucho más.
Si alguien nos descubre, negaré haberos ayudado y os acusaré de haberme obligado a colaborar a la fuerza.
Pese a lo escueto de la situación, no había engaño en sus palabras. Más bien una ansiedad pegajosa y real. Un miedo profundo a decepcionar a alguien enredado entre la convicción de que lo que estaba haciendo era lo correcto.
—No haremos un Salto a un lugar que no conocemos con alguien que ha intentado matar a Elara en varias ocasiones.
Nuada contempló las palabras de Levi durante unos segundos antes de contestar.
—Para ser justos solo le lancé una flecha para asegurarme de cruzar primero el portal. Estaba bastante segura de que sobreviviría.
Los tres Fae a mis espaldas emitieron bufidos similares.
—Por otro lado, no tenéis más opciones. Estas son mis condiciones y no son negociables. Vosotros decidís. Podéis seguir buscando el mapa como lleváis haciendo toda la noche, pero os aseguro que no lo encontraréis.
—¿Qué ganas con esto? —preguntó Callum, situándose junto a mí.
—¿Además de saldar mi deuda? Lo que gano es asunto mío.
La presencia de Callum inundó mi mente. Sabía que él también había penetrado las defensas de Nuada para asegurarse de que decía la verdad. Sentí la pregunta de Callum sin necesidad de palabras.
La decisión era mía. Él aceptaría los riesgos que yo decidiera tomar.
—Trato hecho —dije antes de empezar a vestirme—. Todo el mundo en marcha. Tenemos un dios al que interrogar.